Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

La Gran Depresión y la teoría marxista de las crisis (1)

with 10 comments

En notas anteriores, dedicadas a la acumulación y crisis capitalista, hice referencia a algunas de las principales explicaciones marxistas sobre las causas de la Gran Depresión. En particular, señalé que no existe evidencia de que la crisis se haya debido a una “compresión de las ganancias”; ni a “escasez de plusvalía”. Además, y contra una creencia establecida entre muchos marxistas, planteé que tampoco se observa una tendencia. más o menos constante, al descenso de la tasa de ganancia en la década anterior a 1929. Por eso, como alternativa, sugerí que la crisis de 1930 sería un caso de crisis por sobreproducción, o sobreacumulación, del tipo de las descritas por Marx y Engels. En esta nota amplío esta cuestión. Además, y desde el punto de vista del método, intento mostrar la necesidad de un análisis concreto, esto es, que incorpore las múltiples determinaciones que afectan el modo, ritmo, profundidad y extensión de cada crisis. Así, en esta primera parte de la nota destaco la crisis del agro en los 1920 – en lo esencial, también una crisis de sobreproducción – y su rol en la agudización de la depresión y propagación global de la misma. Esto es, intento un abordaje menos abstracto que explicaciones que reducen la causa de las crisis a la evolución, mecánicamente lineal, de una o dos variables (aunque estas sean importantes; véase aquí).

Los 1920 en EEUU

Una primera cuestión a destacar es que la crisis de los 1930 no se puede entender sin el antecedente de la fuerte expansión de la economía estadounidense en los 1920 (este apartado se basa principalmente en Corey, 1934, y Smiley, 2004). En particular, luego de la recesión de 1920-21, y hasta 1929 el crecimiento fue muy fuerte. El producto nacional bruto pasó de 74.000 millones en 1922 a 103.100 millones en 1929. En términos reales, entre 1920 y 1929 el producto creció al 4,2% anual; el producto por habitante aumentó 2,7% anual. Entre 1919 y 1929 el rendimiento por trabajador en la industria creció 43%; la producción de bienes de inversión aumentó a una tasa anual de 6,4%; los bienes de consumo durable al 5,9% y los bienes de consumo no durable 2,8%. Entre 1922 y 1929 el desempleo nunca superó el 4% y la inflación se mantuvo baja. Aunque hubo recesiones suaves en 1924 y 1927, estas no cambian el panorama. Incluso la de 1927 fue asociada a la decisión de Ford de cerrar todas sus plantas por seis meses para cambiar del modelo T al modelo A. En la década aumentó fuertemente el empleo manufacturero: entre 1922 y 1929 se incorporaron a la industria 1,5 millones de obreros; aunque el empleo agrícola bajó en 20.000 (tratamos aparte la situación agrícola). También aumentó el empleo femenino, en un 25%.

Hubo un fuerte crecimiento de las fuerzas de la producción, con eje en la electricidad, el motor eléctrico, la cadena de montaje y la estandarización del mecanizado de piezas. La red eléctrica pasó de 39 millones de Kw en 1919 a 97 millones en 1929. El motor eléctrico permitió mecanizar muchos procesos que antes se realizaban a mano; las máquinas movidas por electricidad eran más rápidas, poderosas y precisas que las movidas a vapor. En 1914 aproximadamente el 30% de la industria se basaba en la electricidad; en 1929 el 70%. La electrificación también permitió automatizar la producción de rayón y otros textiles. En las fábricas de acero, aluminio y pulpa de papel, las temperaturas y presiones pasaron a estar bajo control de aparatos eléctricos. Las células fotoeléctricas contribuyeron a la automatización, y a la precisión y calidad de la producción en muchas ramas.

El consumo de electricidad se extendió y en 1929 el 70% de los hogares tenían electricidad. Vinculado a la extensión de la red eléctrica, se desarrolló la producción de bienes durables de consumo para los hogares: radios, heladeras eléctricas, planchas eléctricas, ventiladores, iluminación eléctrica, aspiradoras. Entre 1923 y 1930 seis de cada 10 hogares estadounidenses compraron un equipo de radio. En 1919 se vendieron 60.000 radios; en 1929 la cifra ascendió a 10 millones de equipos. Se desarrollaron, además, las cadenas de transmisiones radiales. Las acciones de las empresas en estas ramas ayudaron a crear el boom del mercado accionario de finales de los 1920. RCA fue una de esas empresas; no pagó dividendos, pero el precio de su acción subía por las expectativas en su valor futuro. El boom de la electricidad se lo ha comparado al actual de la Internet. Hacia finales de la década más de 1000 compañías habían creado programas de investigación y desarrollo. La más famosa fue Laboratorios Bell, incorporada por ATT como empresa separada.

También crecieron las comunicaciones. Las líneas telefónicas pasaron de 30 millones en 1920 a 70 millones en 1930; los teléfonos de 10 millones en 1915 a 20 millones en 1930. Esto representó no solo un beneficio para los hogares, sino también mejoró la productividad. Además, el despliegue de las comunicaciones (la radio en primer lugar) y de las redes eléctricas disminuyó el aislamiento de las poblaciones rurales. Estos procesos fueron de la mano de innovaciones promovidas por las empresas.

Otra industria clave, de punta, fue, por supuesto, la automotriz. La cadena y el mecanizado estandarizado de piezas permitieron bajar dramáticamente los costos. En 1920 el automóvil promedio costaba 940 dólares; en 1929 costaba 290 dólares. En los 1920 las tres más grandes (Ford, GM y Chrysler) empleaban el 7% de la fuerza laboral industrial y generaban el 12,7% del ingreso global. Las compras de automóviles pasaron de 2,2 millones en 1920 a 5,3 millones en 1929. En este último año había 23 millones de automóviles en EEUU. El automóvil impulsó toda una serie de industrias: caucho y neumáticos, petróleo y refinación, vidrio, cuero, acero, pintura, aluminio, entre otras. También la construcción de rutas; y de viviendas en los suburbios, que se desarrollaban a medida que crecía el uso del automóvil. Por su parte, la introducción de los camiones disminuyó costos, ya que eran más efectivos que los carros tirados por animales; y permitieron un transporte adaptable a las particularidades geográficas.

El crédito ayudó a la expansión de las industrias y de la venta de bienes de consumo durables. En 1929 el 60% de los automóviles y el 80% de las radios se compraban con crédito. Los préstamos al consumo alcanzaron un pico de 7.000 millones de dólares en 1929. El crédito también proveyó fondos para una ola de fusiones de empresas; entre 1924 y 1929 hubo 1250 fusiones de empresas. Los activos de los bancos pasaron de 48.000 millones de dólares en 1919 a 72.000 millones en 1929; la mitad de estos estaba controlada por el uno por ciento de los bancos.

También hubo boom en la construcción de carreteras, plantas industriales, edificios de oficinas, más la ya citada construcción suburbana. Este auge fue apuntalado por la extensión de los créditos hipotecarios. Más aún, incluso el boom dio lugar a una burbuja en el estado de Florida, donde los precios de la tierra subieron rápidamente y muchos apostaron a hacer rápidas ganancias especulativas, apalancándose en la suba. En tres años seis millones de personas se mudaron a Florida. Hasta que en 1925 la burbuja explotó. La consecuencia fue que la economía del estado entró en depresión cuatro años antes que el crack de la Bolsa. El crédito también impulsó la sobreespeculación y la burbuja bursátil a fines de los veinte (un tema a desarrollar más adelante).

La otra cara de la moneda de este crecimiento económico es que aumentó la presión sobre la clase obrera. La práctica taylorista de management científico y la cadena de montaje se extendieron, y se incrementaron los ritmos de trabajo. Así el capital compensó una cierta escasez de mano de obra, producto de restricciones a la inmigración y de la menor cantidad de hijos de las familias obreras urbanas con respecto a las familias rurales. Smiley señala también que el capital debilitó a las fuerzas del trabajo. En 1919 fue derrotada una huelga en la U.S. Steel, y enseguida otra convocada por la United Mine Workers. “Estas dos huelgas perdidas más la depresión de 1920 y 1921 quitaron ímpetu al movimiento sindical y ocasionaron severas pérdidas de membrecía, que continuaron a lo largo de los 1920”. En la dirección de la American Federation of Labor tomaron la delantera los sectores más proclives a colaborar con el capital. También crecieron los sindicatos por empresas, controlados por estas.

La mecanización y el aumento de los ritmos de producción también afectaron a los trabajadores administrativos y similares, y técnicos calificados. Corey señala que en su mayoría fueron descendidos desde el status de “altos empleados” al nivel ocupacional de los trabajadores asalariados. Cada vez más se vieron sometidos a las condiciones generales del resto de los asalariados (aunque subjetivamente no se considerasen a sí mismos parte de la clase obrera).

Si bien los salarios mejoraron, los beneficios del capital crecieron aún en mayor medida. El resultado es que se produjo un fuerte aumento de la desigualdad. Entre 1919 y 1929 el producto por obrero aumentó 43%: solo entre 1923 y 1929 el incremento fue del 32%. Pero en esos seis años los salarios aumentaron solo 8%. Las ganancias de las corporaciones subieron 62%. En 1929 el 40% de la población de menores ingresos recibía el 12,5% del ingreso agregado personal, en tanto que el 5% más rico embolsaba el 30%. Los sectores más ricos ponían mucho de sus ganancias en inversiones especulativas, valores inmobiliarios o las acciones. Entre 1924 y 1929 el índice Dow Jones industrial se multiplicó por cinco. Estos datos no encajan en la tesis de que la crisis se debió a un estrangulamiento de las ganancias, debido a aumento de la presión salarial. Tampoco en la tesis – vinculada al autonomismo obrero italiano, y marxistas como Cleaver y Holloway – que dice que las crisis capitalistas son provocadas por la agudización de la lucha de clases.

La situación del agro

El crecimiento de la economía estadounidense en los 1920 fue muy importante, pero en algunos sectores las cosas no fueron tan bien. La industria del carbón recibió el impacto del crecimiento del petróleo y gas. Los ferrocarriles tuvieron la competencia de los camiones y autobuses. Sin embargo, lo peor estuvo en el sector agrícola.

Es que el inicio de la Gran Guerra desató un boom en el agro estadounidense (y en otros países), dada la caída de la producción en Europa. La demanda y los precios subieron – por ejemplo, el precio del trigo más que se duplicó entre 1914 y 1919 – y el gobierno alentó la creación de bancos agrícolas con el fin de otorgar préstamos a los granjeros, y que estos aumentaran la producción. Los granjeros extendieron la producción a nuevas tierras y compraron maquinarias (tractores, arados, segadoras, trilladoras). El tractor con motor que funcionaba a gasolina, en lugar del motor a vapor, significó una revolución tecnológica, al inducir a una maquinaria universal con implementos intercambiables. También aumentó y mejoró el uso de fertilizantes. Como resultado, se incrementó la producción. Antes de la Gran Guerra en EEUU se producían menos de 690.000 bushels de trigo; al finalizar la contienda se superaban los 945.000 bushels. Entre 1910 y 1920 los precios de la tierra subieron, en algunos casos más del 100%. Pero también subió la deuda hipotecaria. Muchos granjeros se endeudaron para comprar maquinaria y tierras.

La expansión continuó más allá de la finalización de la guerra en 1919, ya que inicialmente las exportaciones y los precios siguieron siendo elevados. Además, muchas empresas, temerosas de nuevas subas de precios, incrementaron sus inventarios; lo cual ayudó a sostener los precios elevados. Sin embargo, la recuperación de la producción en Europa fue más rápida de lo que se pensaba. Se produjo entonces una típica crisis de sobreproducción. Pero con nuevos equipos y maquinaria, y endeudados, los granjeros encontraban difícil reducir la producción. Incluso la aumentaban. Aldcroft escribe: “Cuando caen los precios los productores agrarios suelen aumentar la producción durante un tiempo a fin de mantener sus rentas agregadas” (p. 264). Lo cual hundía más los precios. Corey escribe: “La eficiencia se incrementó, particularmente durante y después de la Guerra Mundial, pero esto tendió a multiplicar las cargas de los granjeros. Mayores necesidades de capital significaron más hipotecas y pagos de intereses. Por otro lado, si bien el uso del tractor permitió ahorrar tierra y mano de obra, aumentó la dependencia de los granjeros del mercado: Ya que no podían producir el gasoil para sus tractores, como producían el pienso para sus mulas y caballos. Lo mismo con piezas de repuesto y otras herramientas, además del tractor” (p. 282).

Con la depresión de 1920-21, además de la caída de la demanda, las empresas empezaron a utilizar los inventarios que habían acumulado. Los precios agrícolas se hundieron 53,3%, en tanto los precios minoristas 11,3% y los mayoristas 45,9%. El gobierno puso en marcha programas para bajar la producción, y se establecieron tarifas a las importaciones. Pero esto no impidió la caída de los ingresos de los granjeros. Por otra parte, y dada la mayor eficiencia productiva, el trabajo fue desplazado y se creó un excedente de población agrícola (Corey, p. 282). Entre 1919 y 1929 fueron desplazados del campo al menos 500.000 trabajadores (p. 294). Muchos se convirtieron en arrendatarios, y otros se emigraron a las ciudades. Las deudas de los granjeros pasaron de 7857 millones de dólares en 1920 a 9468 millones en 1928. A esto se sumaban 3000 millones de dólares por otras deudas. Las ejecuciones hipotecarias permanecieron elevadas a lo largo de toda la década. La mayoría era sobre segundas hipotecas, más que sobre las primeras, como ocurriría más tarde, durante la Depresión. El precio de la tierra y las construcciones agrícolas cayeron, y por primera vez en la historia de EEUU se redujo el área sembrada. Entre 1919 y 1930 el ingreso agrícola como porcentaje del ingreso nacional cayó del 16% al 8,8%. Según Smiley, el ingreso neto real por granja disminuyó 72,6% entre 1920 y 1921; aunque se recuperó luego, nunca volvió a los niveles de 1918 y 1919.

El agro y la Gran Depresión en EEUU

La Gran Depresión fue desastrosa para los granjeros. En 1929 la cosecha de trigo fue récord. Pero también hubo cosechas abundantes en Europa y Canadá; además, Rusia había vuelto al mercado mundial. De nuevo había exceso de producción, y los precios comenzaron a caer en el verano de 1929 y lo siguieron haciendo casi sin interrupción hasta inicios de 1933. El índice de los precios de productos agrícolas cayó, entre mediados de 1929 y febrero de 1933, aproximadamente 60%;  y el de precios de alimentos 46%. Para peor, se desató una gran sequía, y entre 1930 y 1939 se sucedieron tormentas de polvo que convirtieron gran parte de las grandes llanuras en un desierto. Miles de familias emigraron hacia California y otros estados (John Steinbeck lo registra en Las uvas de la ira). Finalmente los precios tocaron fondo y comenzaron a subir en 1933, acompañando la suba general, y mejora de los negocios, que siguieron a la devaluación del dólar (en 1933 el precio de la onza de oro pasó de 20,67 a 35 dólares). Incluso los precios agrícolas subieron más que el resto, debido a la sequía. De todas formas, todavía en 1937 el 21% de las familias rurales dependía del auxilio del gobierno.

La sobreproducción y la crisis en el sector agrícola contribuyeron a profundizar la caída de la demanda y la depresión en los 1930. Por entonces la agricultura seguía siendo el sector que empleaba más mano de obra. Pero además, la crisis de los granjeros repercutió fuertemente en el sector financiero. Es que para cientos de pequeños bancos rurales la caída del precio de la tierra significó la licuación del colateral de los préstamos que habían otorgado a los granjeros. Muchos de esos bancos rurales a su vez estaban endeudados con bancos más grandes. Los cuales también tenían grandes carteras de créditos hipotecarios, también incobrables.

El sector primario y la depresión mundial

La crisis que tuvo epicentro en EEUU rápidamente se hizo global. Entre sus principales mecanismos de transmisión deben contarse las obligaciones impuestas, al término de la guerra, a Alemania por el tratado de Versalles; y el intento de estabilizar las monedas mediante la vuelta al patrón oro de Gran Bretaña y otros países. No lo analizaremos ahora, pero dejamos señalado que la convertibilidad al oro y el tipo de cambio fijo, asociado al patrón oro, más la herencia de las cargas de las deudas, inducían a los ajustes deflacionarios que, a su vez, agudizaban la crisis.

Pues bien, a esos mecanismos de transmisión hay que sumar la crisis de la producción y demanda de los bienes primarios. Aldcroft (1985, cap. 9) destaca este factor de agudización de la caída. Aldcroft recuerda que al finalizar la década de 1920 cerca de dos tercios de la población mundial estaban en el sector agrícola o en actividades relacionadas con ella. Según Madsen (2001), incluso en Europa Occidental, Japón y América del Norte los trabajadores de la agricultura superaban a los industriales. Aldcroft también señala que cerca de las dos quintas partes del comercio mundial consistían en productos alimentarios y productos agrícolas; las materias primas representaban aproximadamente otra quinta parte. La mayoría de las economías de los países subdesarrollados dependían de las exportaciones de estos productos. Los países industriales representaban la mitad del comercio mundial y más del 50% de sus exportaciones eran industriales. Los países no industriales representaban alrededor de la mitad o más de los productos básicos exportados, de los cuales el 84% iba a los países industriales; y compraban la mitad del total de las importaciones de las manufacturas (p. 260-1).

Ante estos datos Aldcroft discute si la depresión tuvo su origen en el sector primario de los países atrasados. Aunque la respuesta es negativa, “la situación de las materias primas contribuyó a que la depresión iniciada en 1929 se transformase en un desastre económico” (p. 263, referencia a la tesis de Copeland). Aldcroft también observa que la sobre-expansión fuera de Europa, durante la Gran Guerra, no fue privativa de EEUU. Canadá, Australia y Argentina también aumentaron la producción de trigo. Además, aumentó la producción de otros bienes. Por ejemplo, durante la Gran Guerra Cuba, Java y Mauricio incrementaron fuertemente la producción de caña de azúcar, dada la caída de la producción de remolacha en Europa. Por otra parte, diversos avances tecnológicos – entre ellos, los sustitutos sintéticos del nitratos y caucho; las mejoras en reciclado y aprovechamiento de insumos – redujeron los costos y la demanda de bienes primarios. Dice Aldcroft: “… en lo que respecta a varias mercancías importantes (en especial trigo, azúcar, café, algodón, caucho, seda natural, plomo, cinc y aceite mineral), las existencias venían subiendo ininterrumpidamente, a la vez que los precios caían, desde más o menos la mitad del decenio de 1920”. Por término medio las existencias se duplicaron entre 1924 y 1929, en tanto los precios bajaron de un 25 a un 30% (p. 266). Luego: “Las exportaciones de estas mercancías comprendían alrededor de la mitad, en valor, de las exportaciones totales de dieciséis países agrarios principales fuera de Europa, a saber: Argentina, Brasil, Uruguay, Cuba, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, Argelia, Egipto, India británica, Indias Orientales Holandesas, Malaya británica, Indochina francesa, China y Siam” (p. 267).

Como resultado, los países exportadores de materias primas, no europeos, vieron reducidos sus saldos de 1700 millones de dólares en 1925 a 233 millones en 1929. Sin embargo, la situación todavía no era grave. El problema serio se desató a partir de 1929, con el colapso de la economía de EEUU. Es que las exportaciones de EEUU cayeron de 437 millones de dólares en 1929 a 198 millones en 1931; y las importaciones pasaron de 340 millones a 174 millones de dólares, en el mismo período (Gilles, 164). Dice Aldcroft: “En un momento en que el mundo productor básico se hacía cada vez más vulnerable a las conmociones exteriores los efectos fueron cataclísmicos. Los precios de las mercancías bajaron vertiginosamente, los ingresos de exportación disminuyeron de forma sensible, y los productores básicos se encontraron sumidos en un déficit global en relación con los países industriales. (…) Una vez iniciado, el proceso fue cumulativo; repercutió en Europa y los EEUU e intensificó la depresión internacional en los primeros años treinta” (p. 279). Según Gilles, entre 1928-9 y 1932-3 las exportaciones de Chile cayeron 80%, las de Argentina, India y España entre 65 y 70%; y entre 50 y 55% las de Australia, Nueva Zelanda y Dinamarca (p. 161). Madsen  también destaca que la caída del ingreso agrario a nivel mundial contribuyó a deprimir la demanda e impulsó la deflación (fenómeno este que se vincula, además, con la adhesión al patrón oro). Lo cual, además, exacerbó el proteccionismo y las rivalidades nacionales.

Textos utilizados
Aldcroft, D. H. (1985): De Versalles a Wall Street, 1919-1929, Barcelona, Crítica.
Corey, L. (1934): The Decline of American Capitalism, New York.
Crafts, N. y P. Fearon (2010): “Lessons from the 1930s Great Depression”, Oxford Review or Economic Policy, vol. 26, Issue 3, pp. 285-317, https://doi.org/10.1093/oxrep/grq030.
Gilles, P. (2004): Histoire des crises et des cycles économiques, Paris, Colin.
Madsen, J. B. (2001): “Agricultural Crises and the International Transmission of the Great Depression”, Journal of Economic History, vol. 61, pp. 327-365.
Smiley, G. 82004): “US Economy in the 1920s”. EH.Net Encyclopedia, edited by Robert Whaples. June 29, 2004. URL http://eh.net/encyclopedia/the-u-s-economy-in-the-1920s/

Descargar el documento: varios formatos siguiendo el link, opción Archivo / Descargar como: La Gran Depresión y la teoría marxista de las crisis (1)

Written by rolandoastarita

30/08/2020 a 16:51

Publicado en Economía

Tagged with , ,

10 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Aprovecho su excelente articulo para introducir un tema tangencial (que ya ud trato), que tiene que ver con el desarrollo del mercado en competencia y la función del Estado asegurando un marco regulatorio. Aparentemente esta guerra entre competidores produciría la mayor eficiencia y resultaría un método mas eficaz para abastecer las necesidades de la economía, con su opuesto, que es el método de la planificación centralizada de la economía.
    Sobre esta aparente oposición entre libre mercado y planificación centralizada, hubo una experiencia en Chile durante el gobierno socialista de Allende, mediante un intento de mejorar la distribución de bienes en la encomia que fue encargada a Stafford Beer un consultor sobre la incipiente cibernetica si no entendí mal (autor de un texto famoso q se llamo “diseñando la libertad”, le confieso q no leí) pero aparentemente es un intento de planificar la demanda de bienes central mente y reducir las perdidas provocadas por la guerra de las empresas. Podrá comentar este tema. muchas gracias

    Me gusta

    rperezorue

    30/08/2020 at 18:32

  2. hola rolando,soy alumno de pregrado y estoy realizando un trabajo de investigación para la universidad que piensa analizar como el modo de producción capitalista y las economías primordialmente extractivistas de América Latina deforestan la amazonía. Pensaba incluir también la teoría del desarrollo desigual (Shaik, Carchedi), pero viendo como la ha criticado ya no me parece prudente utilizarla como parte de mi trabajo. ¿Que otras bibliografía me recomendaría para analizar la posición de Latinoamérica en el sistema global capitalista y no caer en el análisis nacional marxista/de explotación entre países?

    Me gusta

    Mauricio Rivas

    31/08/2020 at 12:01

    • Es un problema porque no conozco trabajos que adopten como punto de partida la teoría de Marx (en particular, la teoría de la renta de Marx, que es fundamental también en minería). En este terreno, y al menos en Argentina, nado contracorriente. El discurso dominante es del tipo “la renta se origina en precio de monopolio”, “los monopolios manejan los precios a voluntad” (marxistas llegan a afirmar que la caída mundial de los precios del petróleo en los últimos años fue dispuesta por Washington para perjudicar a Venezuela), y similares. Mi idea es que hay que trabajar desde cero. O sea, a partir de los estudios empíricos disponibles, elaborar con las categorías científicas.

      Me gusta

      rolandoastarita

      31/08/2020 at 12:13

  3. En los nuevos acercamientos que hace a las crisis, me cuesta mucho ver que papel juega la ley de la tasa de ganancia decreciente, si es que juega alguno.

    Además también me cuesta enmarcar fenómenos como las guerras, sequías, epidemias, etc.. en la dinámica propia de los ciclos económicos y sus crisis.

    Está claro que son relaciones complejas, pero imagino que algunas pautas generales se podrán establecer.

    Me gusta

    David Martín

    31/08/2020 at 12:08

  4. Entiendo, pero aún así habrían trabajos desde la economía política marxista que analicen la estructuración de la economía latinoamericana que recomiende?

    Me gusta

    Mauricio Rivas

    31/08/2020 at 14:16

  5. Hola profesor. Disculpe el off-topic (fuera de tema) pero busqué y no logré dar con la información? Usted sigue dictando la materia Desarrollo Económico en económicas-UBA?
    Un saludo.

    Me gusta

    martin.mm92

    02/09/2020 at 16:20

  6. Sergio

    03/09/2020 at 12:12

  7. Rolando ¿Has leído este artículo de Michel Roberts titulado “Una tasa de ganancia mundial: un nuevo enfoque”?, de fecha 26/08/2020

    Roberts afirma lo siguiente:

    “La tasa de ganancia es el mejor indicador de la “salud” de una economía capitalista. Proporciona un valor predictivo significativo sobre la inversión futura y la probabilidad de recesión o crisis. Por tanto, el nivel y la dirección de una tasa de ganancia mundial puede ser una guía importante para el desarrollo futuro de la economía capitalista mundial.”

    https://www.sinpermiso.info/textos/una-tasa-de-ganancia-mundial-un-nuevo-enfoque

    Me gusta

    Fernando Souza

    03/09/2020 at 18:13

    • No lo había leído. De todas maneras me parece un poco esquemático. Por caso, ahora que estoy escribiendo sobre la crisis de 1929, si alguien se hubiera guiado por la tasa de ganancia a finales de 1928, o comienzos de 1929, difícilmente hubiera pronosticado el inicio de una recesión en apenas unos meses (la caída comenzó en junio o julio del 29). Insisto en que no hay que aferrarse a esquemas mecánicamente lineales.

      Me gusta

      rolandoastarita

      03/09/2020 at 19:12


Dejá tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: