Milei y el teorema de Arrow

Continuando con la crítica a lo planteado por el diputado anarco-capitalista Javier Milei en su polémica con Juan Grabois (aquí), en esta nota me ocupo de su afirmación sobre que el teorema de Arrow demuestra la imposibilidad de una planificación democrática de la economía, o de la sociedad en general. La referencia suena intimidante: nada menos que un premio Nobel de Economía (Kenneth Arrow lo obtuvo en 1972) habría demostrado, con indiscutible rigor matemático, la imposibilidad de que una comunidad pueda decidir democráticamente sus objetivos y el camino a seguir. Más aún, munido de tan poderosa arma, Milei trata de poco menos que de ignorante a todo aquel que desconozca el teorema. Vaya un ejemplo de su forma de polemizar: en un programa de TV la periodista le pregunta si cree en la democracia a lo que Milei responde “yo creo que la democracia tiene muchísimos errores. Te hago al revés la pregunta, ¿conocés el teorema de Arrow?”. Y cuando la periodista dijo que no estaba enterada de Arrow y su teorema, Milei remató diciendo que si la periodista conociera el teorema le daría la razón (aquí). Aparentemente entonces los que defendemos siquiera la posibilidad de una deliberación democrática social estaríamos definitivamente derrotados por la elaboración de Arrow.
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En la anterior entrada (aquí) critiqué la tesis austriaca de la imputación –los precios de los productos finales determinan los costos de producción- que defendió Milei en el curso de su polémica con Juan Grabois (moderada por Fontevecchia, aquí). En esta entrada focalizo la atención en lo afirmado –en ese debate- por de Milei con respecto a la producción de bienes de consumo que son adictivos (como el cigarrillo).
Explica Milei: “Es una contradicción en sus términos lo de producto adictivos que te matan. Si yo te doy un producto adictivo que te mata estoy yendo contra mi propio negocio. Eso no es sostenible en una dinámica de mediano o largo plazo. Terminás dinamitando tu negocio”. Fontevecchia le señala que el cigarrillo mata y sin embargo las empresas lo siguen produciendo. Milei repite el argumento: “Si los empresarios terminan matando a todos sus consumidores tienen un problema porque se quedaron sin mercado”. Y de ahí pasó al tema imputación.
Lee el resto de esta entrada »Milei y la imputación (o cómo disimular un agujero austriaco)

El 29 de mayo pasado se realizó un debate entre Javier Milei y Juan Grabois, moderado por Jorge Fontevecchia (aquí). Son muchos los cuestionamientos y críticas que podría hacer, tanto a lo expuesto por Milei como por Grabois, pero en esta entrada coloco el foco en la defensa que hace el primero del principio de imputación de la escuela austriaca.
Tengamos presente que, según este principio, los precios de los bienes de consumo determinan los precios de los medios de producción, o sea, los precios de los bienes “de orden superior”. Para verlo con un ejemplo: según los austriacos, del precio de una ventana de aluminio se deriva el precio del aluminio, así como los precios de los equipos, máquinas, materia prima (la alúmina en particular) y fuerza laboral con que se produce el aluminio; precios a partir de los cuales habría que seguir remontando “hacia arriba” para determinar el precio de, por ejemplo, la máquina y la fuerza de trabajo que se emplean para obtener la alúmina; y el precio de la máquina y la fuerza de trabajo que se emplean para producir las máquinas que producen la máquina con que se obtiene la alúmina, etc. Todo esto, enfatizo, deducido del precio de la ventana, el bien final.
Lee el resto de esta entrada »¿Formadores de precios o interdependencia?

Una idea muy extendida en Argentina es que la elevada inflación se debe, en gran medida, a los “formadores de precios”. Se trataría de oligopolios que aumentan “de manera unilateral” los precios de sus productos, desatando una cadena de subas en cascada en el resto de la economía. La “unilateralidad” en el establecimiento de esos “primeros precios” se refiere a que estos no estarían regidos por ley económica alguna, sino por el poder oligopólico y voluntad de los “formadores de precios”. En consecuencia, dados los precios fundantes, el resto de los capitalistas debería someterse a la mecánica inflacionaria desatada por los primeros. De ahí el llamado de la izquierda (incluidos muchos marxistas) y el progresismo a enfrentar “el poder de los formadores de precios”.
Lee el resto de esta entrada »Anarco-capitalismo y privatización de la violencia de clase

Con frecuencia analistas y militantes de izquierda dicen que las ideas de Javier Milei son las de la tradicional derecha liberal argentina. Se basan en que Milei y sus partidarios coinciden con la derecha liberal en el reclamo de reducir el gasto fiscal y disminuir la interferencia del Estado en la economía.
Siendo ciertas estas coincidencias, existe sin embargo una diferencia entre ambas corrientes que no debería pasarse por alto. Es que Milei adhiere al “anarquismo de la propiedad privada” (o anarco-capitalismo), que puede sintetizarse en la defensa de la propiedad privada del capital, por un lado; y la eliminación del Estado, por el otro. De ahí que los anarco-capitalistas operen una doble diferenciación: con respecto al anarquismo de izquierda tradicional (Proudhon, Bakunin, Kropotkin), porque este luchaba por el comunismo y la abolición de la propiedad privada. Y con respecto al liberalismo tradicional –tipo Berlin o Friedman- porque sostiene que el Estado debe ser “la agencia que tiene el monopolio de la coacción ejercida por las instituciones”, y solo busca limitar su influencia. Los anarco-capitalistas sostienen que este programa del liberalismo es teóricamente imposible porque una vez que se acepta al Estado no se puede limitar su crecimiento (véase Huerta de Soto, 2007).
Lee el resto de esta entrada »Capital constante, salarios y Economía vulgar

El objetivo de esta nota es precisar la diferencia entre el valor de una mercancía y el valor agregado por el trabajo empleado en la producción. Me motiva hacerlo una nota publicada en un periódico de izquierda, en la que se afirma que la empresa Mondelez, de la alimentación, puede pagar los salarios de sus obreros con lo que factura en solo un día. La relación salarios/valor del producto sería entonces un índice del elevado grado de explotación.
La denuncia es impactante, pero lamentablemente, desde el enfoque marxista, el asunto está mal planteado. El problema de fondo: la relación entre salario y valor del producto no indica nada sobre el grado de explotación del trabajo. Para entender por qué, recordemos que el valor de la mercancía está conformado por el valor del capital constante + el valor del capital variable + la plusvalía (el planteo en sustancia no cambia si trabajamos con precios de producción y tasa media de ganancia). El capital constante comprende capital circulante (materias primas, insumos auxiliares como puede ser la energía eléctrica, etcétera) y capital fijo (instalaciones, equipos y maquinarias).
Lee el resto de esta entrada »El monetarismo y una comparación incomprensible

En su intervención doctoral en la Universidad Nacional del Chaco Austral, el 6 de mayo pasado, la vicepresidenta Fernández de Kirchner negó que la causa de la inflación sea la emisión monetaria. Para eso, comparó la relación entre la base monetaria (efectivo en manos del público más los encajes bancarios) y el PBI entre 2015 y 2021. Señaló que en 2021 la relación fue 6%, frente al 8,5% en 2015 y 8% en 2017. En el mismo sentido afirmó que el circulante en poder de la gente, en relación al PBI, fue 3,9% en 2021 frente a 5,9% en 2015 y 5,3% en 2017. Dado que la inflación en 2021 fue superior a la que hubo en 2015 y en 2017, la vicepresidenta concluyó que es imposible explicar la suba de precios por el aumento de la base monetaria, o del circulante. Casi inmediatamente Javier Milei criticó a CFK. Su argumento: si el PBI estuvo estancado en los últimos años, el aumento de la base monetaria, o del circulante en manos del público, se tradujo en aumento del PBI en términos nominales, o sea, en inflación. Es, en esencia, lo que dice la teoría cuantitativa del dinero (o teoría monetarista): si la emisión supera al crecimiento del producto en términos reales, la diferencia va a los precios.
Lee el resto de esta entrada »Los libros contables, los precios y la crítica marxista

Una demanda de los partidos del FIT-U, y en general del trotskismo, es la apertura de los libros contables de las empresas a fin de detectar ganancias “extraordinarias y fraudulentas” y combatir la inflación. En esta entrada examinamos críticamente esa consigna desde la teoría de Marx. Precisemos que si bien nuestra crítica se centra en el programa trotskista, es extensible a la creencia, de “sentido común”, de que la especulación, la avaricia y las estafas de los capitalistas son la causa de la inflación. Comenzamos recordando la forma en que la demanda fue presentada y justificada por Trotsky.
La abolición del secreto comercial en Trotsky
El punto 3 del Programa para Francia, escrito por Trotsky en 1934, está dedicado a la “abolición del secreto comercial”: “Para encontrar una solución favorable para las masas trabajadoras debemos confeccionar, sin demora, el implacable balance de la bancarrota capitalista y efectuar el inventario de las entradas y los gastos de todas las clases, de todos los grupos sociales. (…) … los capitalistas, los grandes explotadores, guardan celosamente sus secretos. Los trusts, los monopolios, las grandes compañías, que dominan la producción total del país mediante la posesión directa de las nueve décimas partes de la misma, jamás dan cuenta de sus raterías. Esta mafia explotadora se oculta tras la santidad del ‘secreto comercial’. El secreto comercial no es más que un artificio para controlar la vida de los pobres y encubrir todos los negociados bancarios, industriales y comerciales de los ricos… ¡Abajo el secreto comercial!; quienes piden sacrificios deben comenzar por presentar sus propios libros de contabilidad. ¡Así se revelará su deshonestidad!”
Lee el resto de esta entrada »Trotsky, las democracias capitalistas y la autodeterminación nacional

A partir de los debates sobre la invasión rusa a Ucrania se planteó el tema de la viabilidad del derecho a la autodeterminación nacional. Es que organizaciones de izquierda, en especial muchas trotskistas, sostienen que la demanda de la autonomía nacional es irrealizable, en tanto subsista el capitalismo. Para ello se inspiran en escritos de Trotsky en los que este planteó que las pequeñas naciones, dada la descomposición del capitalismo monopolista, inevitablemente son marionetas de las potencias (véase, por ejemplo, “Balance de los eventos fineses”, de 1940). Esta afirmación se inscribía en su idea más general de que las reivindicaciones democráticas “serias”, en la época del monopolio, solo se pueden efectivizar enlazando con la revolución socialista. En lo que sigue examinamos críticamente esta tesis.
Trotsky y democracia burguesa
Son varios los escritos de los 1930 en los que Trotsky sostuvo que la democracia burguesa ya no era posible. Por ejemplo en “Lenin y la guerra imperialista” (30/12/1938) explicó que el fascismo era el producto inevitable de la decadencia del capitalismo; afirmó que en los países atrasados y coloniales no había posibilidad de democracia; y pronosticó que las democracias imperialistas evolucionaban “natural y orgánicamente hacia el fascismo”.
Lee el resto de esta entrada »Argumentos de una izquierda a las piñas

En “Comentarios” del blog me preguntaron qué opino sobre la pelea, ocurrida el 12 de abril pasado, entre militantes del Nuevo MAS, el Partido Obrero y el Partido de los Trabajadores Socialista, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Di una respuesta bastante larga, que reproduzco, con leves modificaciones, en esta entrada.
Empiezo con un recuerdo. A fines de los 1980 yo militaba en el PTS. No puedo precisar la fecha, pero en la Facultad de Filosofía y Letras, que por entonces estaba en la avenida Independencia, hubo un choque entre militantes del PTS y del MAS. A raíz de eso, se preparó otro enfrentamiento, para el cual el PTS movilizó buena parte de su militancia (el discurso era «defender el espacio», «no dejarse prepotear», etc.). Yo me manifesté en contra, dije que no participaría de un enfrentamiento físico con otro partido de la llamada izquierda revolucionaria, y me fui a mi casa. La dirección del PTS me acusó de cobarde. Poco tiempo después, y por mis diferencias, me echaron (patota mediante, faltaba más). Protesté contra esos métodos, pero no hubo caso. El enfrentamiento con el MAS de FyL se siguió reivindicando («nadie nos lleva por delante», «nos hacemos respetar» y semejantes).
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