Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

La crisis argentina, una visión de largo plazo (3)

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La parte 2 de la nota, aquí

Crisis fiscal crónica y deuda pública

 La debilidad de la acumulación capitalista también sería la causa última del creciente endeudamiento del Estado, y de la crisis fiscal crónica. En este respecto, la primera cuestión a subrayar es la imposibilidad de sostener indefinidamente la demanda mediante gasto fiscal, como pretende el llamado keynesianismo bastardo. Por supuesto, en determinadas coyunturas recesivas una inyección de gasto fiscal puede funcionar como un disparador de la recuperación económica. Pero ello está condicionado a que los capitalistas respondan al estímulo de la demanda reinvirtiendo sus ingresos, y ganancias, en el circuito de valorización del capital. Si ello no ocurre, habrá crecido el déficit fiscal y continuado la recesión. Pero a su vez, si el presupuesto es deficitario, hay que cubrirlo, sea tomando deuda, o con emisión monetaria. En el primer caso, aumenta el stock de deuda, lo  cual puede poner presión sobre la tasa de interés. Es lo que ocurrió en Argentina con el intento del gobierno de Macri de sostener la demanda, en 2016 y 2017, mediante gasto estatal, tomando deuda. Con el agregado de que buena parte de esa deuda el Tesoro la tomó en dólares, lo que contribuyó a la apreciación del tipo de cambio, y este al crecimiento del déficit de cuenta corriente. De manera que cuando estalló la crisis cambiaria –fuga de capitales, aumento del precio del dólar- el peso de los servicios de la deuda aumentó considerablemente.

En el segundo caso –cubrir el déficit con emisión-, se incrementan las presiones inflacionarias, y se deteriora el activo del Banco Central, lo cual incentiva la compra de dólares como medio de atesoramiento. Es lo que ocurrió en el segundo gobierno de Cristina Kirchner. Lo cual explica que, dado el creciente deterioro del activo del Banco Central, el segundo gobierno de Cristina Kirchner (2011-2015) comenzara, paulatinamente, a tomar deuda. Por eso, mientras que en 2011 el stock de deuda pública del gobierno central era 197.000 millones de dólares, a fines de 2015 ascendió a 240.665 millones de dólares. Un incremento del 22%. En términos del PBI la deuda del gobierno central pasó del 38,9$ al 52,6%; de ese total, la nominada en moneda extranjera subió, siempre en el mismo período, del 12% del PBI al 13,9% (Ministerio de Hacienda). Como veremos más abajo, el gobierno de Macri aceleraría, entre 2016 y 2018, el ritmo de endeudamiento.

La dinámica de las crisis

Típicamente, en las últimas décadas los gobiernos han recurrido al anclaje (el caso más notorio, la Convertibilidad), o retraso del tipo de cambio, como medio de frenar la alta inflación. Para ello, con frecuencia apelan a la entrada de inversiones de cartera que, atraídas por los altos rendimientos, financian los déficits de cuenta corriente y fiscal. La apreciación de la moneda, a su vez, da lugar a una cierta mejora de las condiciones de vida de la población, aunque a costa del empeoramiento de la situación externa. Así, se llega a un punto en que los inversores consideran peligrosos los niveles de déficit –en especial, el de cuenta corriente- y se dispara la salida de capitales. Es lo que se conoce como sudden stop. La reversión desde el tipo de cambio real bajo al tipo de cambio alto se produce entonces por medio de una violenta devaluación de la moneda, y la crisis.

La suba del tipo de cambio, a su vez, empuja la suba de precios, con la consiguiente caída de los salarios reales, del consumo y la inversión. Ante la crisis e incertidumbre, crece el atesoramiento, que se realiza en dólares, o alguna otra divisa fuerte; lo que pone más presión en el tipo de cambio, profundizando la crisis. Además, para detener  la sangría de reservas, el gobierno sube la tasa de interés, lo cual estrangula el crédito, deprime aún más la demanda, y profundiza el déficit fiscal y el cuasi fiscal (este último es el déficit del Banco Central). Para hacer frente al crecimiento del déficit, por lo general se recurre al recorte del gasto fiscal –obra pública, salarios y pensiones, salud, educación- lo que agrava los padecimientos de la población y profundiza la caída de la demanda. Agreguemos que en situaciones extremas, la crisis cambiaria se combina con la crisis financiera: los bancos no pueden recuperar los préstamos otorgados, se descapitalizan y sufren salida de depósitos.

En este marco, un escenario que ha sido frecuente en Argentina es el crecimiento en espiral del tipo de cambio, los precios y salarios. Ello ocurre cuando, frente a la depreciación del peso y la suba de precios, los sindicatos logran recuperar algo del terreno perdido por los salarios. Si a esta recuperación las patronales le responden con nuevos aumentos de precios, y estos llevan a nuevas desvalorizaciones del peso, se entra en altísima inflación (o hiperinflación: subas de precios del 50%, o más, por mes). El resultado final es una caída profunda de los salarios reales. Un caso histórico ilustra hasta dónde puede llegar esta dinámica: en el período de febrero a agosto de 1989 el tipo de cambio aumentó 3639,7%; el costo de vida 2576,9%; pero los salarios nominales aumentaron 1772,2%. O sea, la caída del salario real fue del 30%.

Pero además, en un régimen de alta inflación –o incluso hiperinflación- la ley económica reguladora del mercado –la comparación de los tiempos de trabajo- deja de operar, y la moneda nacional es reemplazada por el dólar como medida de valor, medio de pago (para contratos importantes), medio de atesoramiento y, en el extremo, incluso como medio de cambio. Un panorama de este tipo es el que generó el consenso para una salida “dura”, de restablecimiento del poder del dinero, vía la Convertibilidad. Algunas propuestas que se escucharon este año, de renunciar al peso y adoptar el dólar, tienen esta misma lógica.

Por otra parte, cuando el capital comienza a estabilizar la situación, se generan las condiciones para la vuelta al crecimiento. Es que la desvalorización masiva de los activos induce a los capitales a reentrar en la economía. Los salarios depreciados en términos del dólar hacen más rentable las exportaciones, y el tipo de cambio alto alienta la sustitución de importaciones. Luego, a medida que avanza la recuperación, los salarios mejoran, lo que incide positivamente en la demanda. De la misma manera, se concretan consumos en bienes durables de las clases medias, que habían sido postergados por la crisis. Así la economía se recupera… hasta la siguiente crisis.

Tasa de ganancia, variaciones de tipo de cambio y crecimiento desestructurado

 Indudablemente, la tasa de ganancia es un factor clave en la decisión de los capitalistas de invertir. Pero las tasas de ganancia de los sectores que producen bienes transables (BT), o no transables (BNT), son fuertemente afectadas por el tipo de cambio y sus variaciones. Es que el tipo de cambio influye directamente en el costo del capital fijo (equipos, tecnología) y de los insumos intermedios; así como en el costo salarial medido en la moneda internacional. Más en general, y dada la influencia en los precios relativos, una suba (baja) del tipo de cambio real aumenta (baja) la tasa de ganancia de los sectores productores de BT y baja (aumenta) la tasa de ganancia de los sectores productores de BNT. Además, el tipo de cambio real alto tenderá a traducirse en un aumento de la renta agraria. De ahí la ilusión de que con tipo de cambio real alto sería posible superar las barreras del atraso y la falta productividad.

Sin embargo, un tipo de cambio real alto aumenta los costos de importación de tecnología y equipos, lo que incide negativamente en la rentabilidad de los sectores que dependen de esas importaciones. Por eso, en períodos de tipo de cambio real alto, el crecimiento tiene un sesgo “trabajo intensivo” (o lo que los marxistas llamamos acumulación extensiva, con escaso aumento de la relación capital constante / trabajo). A su vez, un tipo de cambio real bajo tiende a favorecer a las empresas productoras de BNT, y puede ayudar a alguna renovación tecnológica. Pero en la medida en que se mantiene el atraso relativo global de la economía, se hace insostenible en el mediano plazo, y la situación termina en las crisis cambiarias.

Todo esto explica entonces que las tasas de rentabilidad entre los sectores tengan pronunciadas variaciones relativas, lo que a su vez incide en las inversiones. De ahí los ciclos de crecimiento profundamente desiguales entre sectores y el crecimiento en extremo desarticulado. O sea, si bien no hay estancamiento permanente (como pretende alguna crítica de izquierda demasiado simplista), hay desarrollo desigual y deformado de las fuerzas productivas, con procesos convulsos –potenciados por la especulación financiera y monetaria-, retroalimentación de los desequilibrios, reversiones bruscas y agudas contradicciones.

La presente crisis: lógica similar a las crisis precedentes

Entre 2015 y 2018  hemos asistido, una vez más, a la secuencia de baja inversión  – fuga de capitales financiada con entrada de capitales especulativos y  aumento de la deuda externa – apreciación del tipo de cambio – altísimo déficit de cuentas corriente – elevado déficit fiscal – reversión brusca de los capitales y estallido de la crisis, con profunda devaluación, alza de precios, caída de salarios y recesión.

Entre enero de 2016 y agosto de 2018 la acumulación de activos externos en billetes, por parte de residentes en Argentina, fue de 46.133 millones de dólares (BCRA, Mercado de Cambios). Si además se tienen en cuenta las inversiones directas de residentes (sector privado no financiero) en el exterior y otras inversiones, el acumulado de formación de activos en el exterior fue de 54.916 millones de dólares. Dado que el PBI actual (segundo trimestre de 2018) es de unos 430.000 millones de dólares, la fuga de capitales bajo el gobierno Cambiemos equivale a, aproximadamente, el 13% del producto.

A su vez, el déficit agregado de cuenta corriente entre 2016 y junio de 2018 fue de 63.872 millones de dólares (INDEC; también para lo que sigue). O sea, entre fugas de capitales y déficit de cuenta corriente sumaron 118.788 millones de dólares. Pero además, el déficit de cuenta corriente en 2017 alcanzó 31.324 millones, equivalente al 5% del PBI /y el déficit comercial llegó a 8500 millones de dólares). Con esos niveles de números en rojo, el nivel del tipo de cambio de fines de 2017 (véase gráfica 3) era insostenible.

Por otra parte, la inversión extranjera directa acumulada, en el período 2016- agosto 2018, fue de solo 16.405 millones de dólares; muy lejos de las expectativas del gobierno de Cambiemos cuando asumió. Más en general, y como puede verse en el gráfico 4 (parte 2 de la nota), la inversión se mantuvo débil: cayó en 2016 y repuntó en 2017, pero dentro de los bajos patrones históricos (20,5% del PBI).

Sin embargo, la inversión de cartera fue, también en el período 2016-agosto de 2018,  de 81.466 millones de dólares. Esto es, cinco veces superior a la inversión extranjera directa. Y una parte sustancial de esa inversión de cartera correspondió a acumulación de deuda externa. Esta pasó de 167.412 millones de dólares en diciembre de 2015, a 261.483 millones en junio de 2018. Un incremento del 56% en dos años y medio. El déficit del sector público, en 2017, contando los pagos de intereses, fue del orden del 7,1% del PBI. Ese déficit se financió con deuda. El resultado es que la deuda del gobierno nacional, al segundo trimestre de 2018, es de 327.167 millones de dólares (y estaría en unos 330.000 millones en el tercer trimestre). En 2015 era de 154.270 millones de dólares, de manera que en dos años y medio creció un 36% (Ministerio de Hacienda).

Todo indica entonces que la recuperación del PBI de 2017 se sustentó en déficits y endeudamiento crecientes. Por eso, en una nota del 29 de marzo de este año (o sea, antes del estallido de la crisis), y comentando los resultados de 2017, escribimos: “Es indudable que se ha producido una cierta recuperación de la economía, pero la misma está asentada en déficits y endeudamiento crecientes que, a mediano plazo, son insostenibles. La entrada de capitales especulativos ha sido importante para sostener el esquema. En este respecto, se sabe cómo suele terminar esta historia: llega un punto en que comienza la salida precipitada de los fondos especulativos (en una situación de fragilidad económica el disparador puede ser cualquier elemento que los inversores consideren negativo), con las consecuencias de violentas devaluaciones cambiarias y profundas crisis financieras” (aquí).

Más deuda externa, más explotación

Una de las consecuencias más gravosas de lo ocurrido en los últimos años es el acelerado crecimiento del peso de la deuda externa sobre el conjunto de la economía. Es que dada la suba del dólar, y el alto endeudamiento, el ratio deuda / PBI (con un dólar a $37) ronda el 80% (en diciembre de 2015 era 52%; y todavía en el primer trimestre de 2018 era el 59,3%). Los vencimientos de los intereses en 2019 son por 14.326 millones de dólares, lo que representa el 3,2% del PBI. De ese monto, 9006 millones son en moneda extranjera (datos Ministerio de Finanzas).

Todo parece apuntar a lo mismo: empeoramiento de las condiciones salariales y laborales de la clase trabajadora. Seguramente, la deuda empujará al capital y al gobierno a acentuar la presión sobre el trabajo. Esto en el marco de que la devaluación y la suba acelerada de los precios significan una gigantesca transferencia de riqueza (valor) desde el trabajo al capital. Además, con el aumento del desempleo, los capitalistas y el gobierno presionan y exigen rediscutir leyes y condiciones laborales. Se trata de la lógica más profunda de todo capital frente a la crisis, sea grande o pequeño, nacional o extranjero, industrialista o agrario. Y es la vía por la cual la clase dominante procurará cumplir con los acreedores y recomponer las condiciones de la acumulación… hasta la próxima crisis.

Written by rolandoastarita

17/12/2018 a 15:48

15 comentarios

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  1. Está muy buena la nota profesor, muy clara y con buenos datos. Si no le molesta vuelvo a formular lo mismo que pregunté en la parte anterior, que quizá pasó desapercibido: ¿qué papel cumple la renta agraria en estos ciclos económicos? Pregunto puntualmente si acuerda con el planteo de otros marxistas argentinos de que la industria que se valoriza en Argentina requiere de constantes transferencias de renta diferencial por parte del Estado para poder subsistir (de allí que cuando se contrae la renta, aumenta la deuda y la baja salarial). Agradecería mucho su respuesta.

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    BoyBlue

    17/12/2018 at 19:24

    • Una parte de la renta agraria va al Estado a través de las retenciones y otros impuestos. A su vez, el Estado puede utilizar parte de esos ingresos para entregar subsidios que abaratan los costos en capital constante y variable a la industria. Estos flujos, lógicamente, varían según los precios a que cotizan la soja y el maíz en el mercado mundial, y el tipo de cambio. Lo cual, a su vez, afecta la competitividad relativa de la industria. Todo esto ocurre y hay que estudiar en cada caso cómo influyen los cambios de precios y del tipo de cambio real en las tasas de rentabilidad de los diferentes sectores industriales. Además, el sector agrario es decisivo en lo que hace a la balanza de cuenta corriente; lo cual, a su vez, incide en la situación de la industria. Todo esto es cierto. Pero de ahí hay un paso demasiado grande a la afirmación de que toda la industria subsiste gracias a la renta.

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      rolandoastarita

      18/12/2018 at 09:20

    • Muchas gracias profesor por su respuesta.

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      BoyBlue

      18/12/2018 at 22:19

  2. […] a través de La crisis argentina, una visión de largo plazo (3) — Rolando Astarita [Blog] […]

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  3. Aqui hay una mirada “Progre”(Keynesiana Desarrollista) de las recurrentes crisis que tiene Argentina con diagnostico y propuesta del Sociologo Daniel Schteingart
    Donde se expone la idea del péndulo o el empate hegemónico de Portantiero
    http://www.unsam.edu.ar/margenes/daniel-schteingart/?fbclid=IwAR3-kCWES4hzshqAnENxS61QWaCBigMqhaTNRhhqCE0QMBWgo3Te-hP6FSg

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    Sergio

    20/12/2018 at 00:07

  4. Buen día profesor. ¿Sería tan amable de agregarle los gráficos mencionados a este post? Parece que deben ser muy ilustrativos, es una pena que no estén. Muchas gracias, desde ya, por compartir generosamente su trabajo. Saludos.

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    Nicolás

    25/12/2018 at 10:31

  5. Todo por culpa del Estado entrometido.

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    clemente

    14/01/2019 at 13:30

  6. Interesante frase:

    La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa.

    Quien la escribió y cuando?

    Mas en la Argentina ya vamos por la quinta?, la octava?, la decimo sexta?

    Ya perdi la cuenta.

    Por lo tanto, la Argentina está llena de……..

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    clemente

    16/01/2019 at 14:12

  7. Hola Rolando, estaba escuchando una entrevista a la economista Julia Strada: http://www.fmlapatriada.com.ar/mix/julia-strada-replicar-el-2017-tiene-como-riesgo-tener-un-2018/

    Hablaba positivamente del cepo para amortiguar la fuga de divisas. ¿Hasta qué punto es cierto? ¿y hasta qué punto sostenible?

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    mark

    13/03/2019 at 16:07

    • El cepo instalado por el gobierno de CK no arregló ningún problema de fondo. Son medidas superficiales. La salida de divisas no se detiene de fondo con estas cosas.

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      rolandoastarita

      14/03/2019 at 04:36

  8. Rolo
    Cuales fueron los principales errores que cometeo el gobierno, ya que para que vuelva las altas tasas de inversion tiene que crearse la estructura social de acumulacion” y esta depende de medidas del gobierno, supongo que cometieron errores ademas de leyes que no pudieron sacar por la lucha de clases o por la oposicion politica, y que proximo gobierno seria el mejor para eso? lavagna ? me imagino que aunque los cambios de fondo solo es el socualismo no todo es lo mismo dentro del capitalismo.

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    alicia

    22/03/2019 at 11:46

  9. Hola, antes que nada, me gusta mucho leer sus notas, con el problema que a mí,que estoy parado en la ignorancia,no me dejan de surgir dudas básicas. Le hago dos preguntas. 1) Existe una salida capitalista a esta crisis cíclica que atraviesa Argentina? 2)Una supuesta revolución socialista con el objetivo de terminar con la explotación. Terminaría con la crisis económica? No bajaría aún más la inversión? 3) Existen cursos de economía marxista? Muchas gracias!

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    IL

    16/08/2019 at 02:57

    • En principio, nunca se puede descartar que haya una salida capitalista de la situación de la economía argentina (una de las de menor tasa de crecimiento en el mundo en el último medio siglo). Un régimen de transición al socialismo terminaría con las crisis de sobreproducción (que son las crisis características del capitalismo). La crisis argentina, de todas maneras, más bien es por falta de inversión. En este respecto, un régimen de transición al socialismo garantizaría la reinversión del excedente para ampliar la producción. De todas maneras, hay que tener en cuenta que no se puede construir el socialismo en un solo país. Una transformación socialista debe encararse a nivel de, por lo menos, muchos países.
      En este blog todos los años publico el anuncio de un taller de lectura de El Capital que se realiza en la Facultad de Filosofía y Letras, de Buenos Aires.

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      rolandoastarita

      16/08/2019 at 08:12

  10. Hola Rolo
    Hay un grupo de izquierda argentino que piensa que el capitalismo argentino esta agotado, y la salida por supuesto es el socialismo o si algo parecido a corea que es la creacion de pocos grandes grupos economicos.
    Y piensa que un gobierno de trabajadores deberia expropiar el agro, con esos recursos reestructurar la industria, lanzando la producción a gran escala, de manera de elevar la productividad en las ramas con capacidad competitiva que permitan mejorar las condiciones de vida de los obreros (apostando a la biotecnología, litio, calzado de cuero, agroindustria, etc.).y seria un productividad de corea del sur con nivel de vida de suecia
    Que pensas de estas dos cosas? sobre que el capitalismo argentino ya no se puede desarrollar para satisfacer a la poblacion sobrante (desocupados, piqueteros, personas con planes sociales) y de la salida socialista esa

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    nidia

    21/10/2019 at 12:39

    • No sé cómo argumentan que el capitalismo argentino está “agotado”. No existe una crisis final del capitalismo por causas puramente económicas. Por lo menos, no por ahora. Que las crisis cíclicas del capitalismo argentino son de larga data, y recurrentes, y gravísimas, parece estar fuera de discusión (ver, por ejemplo, aquí). Ora cosa es afirmar que ya no hay ninguna posibilidad de que se recupere.

      No entiendo qué tiene que ver el desarrollo de Corea del Sur con el socialismo. Corea del Sur experimentó un gran desarrollo económico en base a una alianza (con tensiones) entre el Estado y las grandes empresas, con orientación hacia la exportación, y una elevadísima explotación de la clase trabajadora.

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      rolandoastarita

      22/10/2019 at 17:42


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