Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

La crisis argentina, una visión de largo plazo (2)

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La primera parte de esta nota, aquí.

La centralidad de la inversión y la estructura social de acumulación

Uno de los mayores logros de la economía política clásica fue haber descubierto que la acumulación, o sea, la inversión productiva del excedente, es la fuerza principal del desarrollo económico. Por eso, para los clásicos, lo importante era ampliar el trabajo productivo, para generar ganancias que se reinvirtieran para generar más ganancias. Se trata de un proceso circular, o en espiral, muy  lejos de la “asignación eficiente de recursos dados”, que caracteriza a la economía neoclásica.

La misma idea que los clásicos encontramos en Marx: para que haya reproducción ampliada del capital, es necesario que el capitalista reinvierta la plusvalía, adquiriendo medios de producción y fuerza de trabajo. “El empleo de plusvalor como capital, o la reconversión de plusvalor en capital, es lo que se denomina acumulación de capital” (Marx, 1999, t. 1, p. 713). Por eso, una vez dada la masa de plusvalor, “la magnitud de la acumulación depende… de cómo se divida el plusvalor entre el fondo de acumulación y el de consumo, entre el capital y el rédito” (ibid, 730). La plusvalía que se gasta como rédito, esto es, para el consumo o diversos gastos del capital, no permite ampliar la capacidad productiva. Lo mismo ocurre con la plusvalía que se emplea en sostener gastos improductivos del Estado. De ahí que la clave del desarrollo de las fuerzas productivas –el desarrollo tecnológico y la ampliación de la producción- pase por qué se hace con la plusvalía, y cuánto de esta se invierte productivamente.

Pues bien, la razón última de las crisis en Argentina es que una parte sustancial del plusvalor no se reinvierte productivamente. Por eso, las crisis no son del tipo de las clásicas crisis de sobreproducción, de sobreacumulación de capital, sino de carencia. Por caso, nadie puede decir que en los últimos 15 o 20 años el capitalismo argentino haya sobreinvertido en producción de energía, transporte, alta tecnología, etcétera. Por eso, lo adelantamos ahora, las crisis tienden a estallar por el lado de la balanza de pagos y en particular se manifiestan como crisis en el tipo de cambio, el “conector” del espacio nacional de valor (de las  fuerzas productivas “internas”) con el mercado mundial.

Analizar las razones últimas del porqué de la debilidad de la acumulación excede los límites de este trabajo. De todas maneras, dejamos anotada la importancia que, en nuestra opinión, adquiere el enfoque conocido como “la estructura social de la acumulación”, elaborado por David Gordon (1980) y otros marxistas de EEUU. En esencia, Gordon sostiene que los capitalistas no van a invertir en la producción si no pueden calcular razonablemente una tasa esperada de rendimiento. Si no se da esta posibilidad, buscarán tener rentabilidad colocando el dinero en la esfera financiera (en un país como Argentina diremos que en el sector financiero en el exterior).

Pero las expectativas y cálculos sobre rentabilidad se basan no solo en variables sobre las cuales los capitalistas tienen influencia directa, sino también sobre un complejo de relaciones sociales que individualmente no pueden transformar. Esas condiciones incluyen factores económicos, como la disponibilidad de crédito y el nivel de demanda esperada, la estabilidad monetaria o cambiaria, la facilidad de acceso y disponibilidad de insumos –sean producidos internamente, o que deban importarse- o la adaptabilidad de las estructuras del Estado para favorecer los negocios, o la reproducción de la fuerza de trabajo. Pero también incluyen factores sociales y políticos, como la estabilidad de los gobiernos de los países en los que invierten sus capitales, y el apoyo de la política gubernamental a la acumulación en general. Y muy especialmente, el grado de resistencia y capacidad de movilización de las masas trabajadoras y populares. Todos estos son factores que afectan, o favorecen, la acumulación del capital.

El hecho entonces es que una porción significativa del excedente no se reinvierte productivamente. Una parte se canaliza hacia gastos improductivos (incluidos gastos estatales), o se destina a construcción inmobiliaria (obedeciendo a una lógica rentística). Por ejemplo, se considera que una parte muy significativa de la elevada renta que recibieron los propietarios agrarios cuando la suba de los precios de las materias primas entre 2003 y 2008, se canalizó hacia la construcción inmobiliaria. Lo cual contribuyó a la demanda, pero no mejoró la matriz productiva. Otra parte del excedente va al exterior porque las multinacionales no reinvierten sus ganancias. Sin embargo, la canalización hacia el exterior más importante del excedente se debe a la fuga de capitales, realizada por la propia burguesía argentina.

Gasto improductivo y fuga de capitales

La fuga de capitales atraviesa la historia económica argentina de las últimas cuatro décadas. Ya la crisis de comienzos de los 1980 fue precipitada por una importante salida de fondos: 3838 millones de dólares solo en 1982 (en las crisis anteriores el rol central lo jugaban la balanza comercial y los pagos por cuenta corriente; los movimientos de capitales eran mucho más limitados).

Luego, entre 1989 y 1990,  se registró otro episodio de fuerte fuga de capitales: 6688 millones de dólares. Con la instalación de la Convertibilidad (en 1991) se restableció la entrada de capitales. Pero hacia el fin de la Convertibilidad, y durante la crisis de 2001-2002, volvió a producirse otra intensa fuga de capitales. Según la Comisión Investigadora de Fuga de Divisas de la Cámara de Diputados, solo en 2001 se fugaron divisas por más de 16.000 millones de dólares. También en los 2000 hubo importantes salidas, en especial a partir del conflicto, en 2008, entre el Gobierno y el agro. De conjunto, entre 2002 y agosto de 2018, la formación de activos externos del sector privado no financiero fue de 158.592 millones de dólares (INDEC).

Como resultado de estos flujos, el stock de activos en el exterior debe de ser significativo. En 2012 el INDEC calculó que ascendía a 205.000 millones de dólares. Sin embargo, tomando en cuenta otros factores, como los rendimientos que generan esos capitales, el stock de activos en el extranjero habría llegado, en 2010, a 400.000 mil millones de dólares. Otras estimaciones arrojaban, para 2012, casi 374.000 millones de dólares (véase Gaggero, Rua y Gaggero, 2013). A fin de tener una dimensión del peso de estas salidas de capital, en 2010 el ratio riqueza offshore/PBI habría sido 109% (ibid).

Baja inversión productiva y competitividad

La debilidad de la acumulación se manifiesta entonces en que la formación bruta de capital fijo, medida en términos del PBI, tiene a mantenerse a un nivel bajo, alrededor del 20%, en promedio, a lo largo de los últimos 25 años. Muy lejos de los niveles de inversión de Corea del Sur o China, por ejemplo. Incluso durante la década que sectores del progresismo consideraron “industrialista”, la inversión no fue particularmente elevada, como lo muestra el siguiente cuadro:

Fte INDEC

Una consecuencia del bajo nivel de inversión es el bajo nivel de productividad de la economía argentina, y el escaso valor agregado de las exportaciones. En 2017 los productos primarios representaron el 25,4% del total de exportaciones; las de manufacturas de origen primario (de poco valor agregado) el 38,5%, y las de origen industrial el 32% (el 4,1% restante fueron combustible y energía). A su vez, las exportaciones “material de transporte terrestre” (automóviles), representaron el 30% de las exportaciones de origen industrial. La mayor parte de ellas (60% aproximadamente) son a Brasil, y tendrían dificultades para competir en otros mercados (INDEC). Más significativo, el déficit de la balanza comercial industrial en 2017 alcanzó, según estima la Unión Industrial Argentina, los 35.000 millones de dólares. En los 8 años que van de 2010 a 2017 su déficit acumulado fue de 243.185 millones de dólares. La participación de las exportaciones industriales argentinas en el total de las exportaciones mundiales, en 2010, era de apenas el 0,22% (en base a datos de la Organización Mundial del Comercio). La participación de las exportaciones argentinas en el total de las exportaciones mundiales fue, en 2017, de apenas el 0,35%.

Tengamos en cuenta, además, que una economía cuyas principales exportaciones son materias primas, es más vulnerable a los cambios en la demanda mundial y a las fluctuaciones de precios, que una economía que posee una matriz productiva diversificada, y con industrias que generan alto valor agregado. En segundo lugar, dado el peso de las exportaciones de alimentos –primarios o manufacturados- la economía es muy dependiente de factores climáticos. Así, la sequía que padeció el campo en 2017 tuvo importantes efectos negativos sobre las exportaciones (no solo las de productos primarios, también las industriales de origen agrario) y las cuentas externas. Por último, mencionemos el peso de las importaciones de energía desde mediados de la primera década del 2000, como resultado de la falta de inversión en el sector.

Cuentas externas y crecimiento de la deuda externa

 A pesar de la debilidad competitiva de la industria argentina, durante mucho tiempo la balanza comercial tendió a ser superavitaria gracias a las exportaciones de productos primarios y manufacturas de origen primario. En los 17 años que van desde 1975 a 1991 hubo déficit comercial solo 2 años, y el superávit promedio anual fue de 2342 millones de dólares (INDEC; también para lo que sigue). En cambio, entre 1992 y 2001 la balanza comercial fue deficitaria,  en promedio, por 1504 millones de dólares anuales. Luego de la ruptura de la Convertibilidad, y hasta 2012, con tipo de cambio alto, y la suba de los precios de las materias primas, hubo fuertes superávits comerciales; el promedio anual fue positivo por 12.917 millones de dólares. Sin embargo, desaparecido el tipo de cambio real alto, y terminada la suba de los precios de las materias primas, entre 2013 y 2017 el promedio baja a solo 1155 millones de dólares anuales; y en 2017 fue deficitario por más de 8000 millones de dólares (véase más abajo).

Por otra parte, si bien la balanza comercial tuvo largos períodos de superávit, muy distinto fue lo sucedido con la balanza de cuenta corriente. Así, entre 1975 y 1991, a pesar de los excedentes comerciales, el promedio anual del déficit de cuenta corriente fue de 1259 millones de dólares. Solo durante cuatro años hubo superávit. Luego, desde 1992 y 2002, la situación se agravó: el promedio anual del déficit fue de 8783 millones de dólares. La situación se revirtió entre 2002 y 2009, cuando se registra un superávit promedio de 6392 millones de dólares anuales, pero en declinación. Y a partir de 2010 la cuenta corriente pasó a ser crecientemente deficitaria hasta 2017. El promedio de déficit anual en esos ocho años fue de 11.936 millones de dólares.

Los déficits de cuenta corriente fueron financiados con las entradas de capitales y, más importante, con deuda externa. Pero la deuda externa también financió la fuga de capitales. En este respecto, Gaggero, Casparrino y Libman (2007) destacaron la correlación entre la deuda externa y el stock fugado de capitales. En 1974 la deuda externa era de 7600 millones de dólares y el stock fugado era la mitad de esa cifra, 3800 millones. En 1982 las cifras ya eran 44.000 y 34.000 millones, respectivamente. Ambos ítems continuaron aumentando durante los 1980 y 1990, y en 2001 los montos respectivos alcanzaron 140.000 millones y 138.000 millones de dólares. Luego, durante el período 2002 – 2015, la formación de activos externos del sector privado fue de 103.676 millones de dólares. Pero esta vez la fuga de capitales fue financiada principalmente con los superávits de la balanza comercial, y en los últimos años del gobierno K con pérdida de reservas.

Naturalmente, los servicios de la deuda externa son un elemento central que explica los déficits en la cuenta corriente, incluso en años en los que hubo superávit en la balanza comercial.

Textos citados:
Gaggero, J.; C. Casparino y E. Libman (2007): “La fuga de capitales. Historia, presente y perspectivas”, Documento de Trabajo Nº 14, mayo, CEFIDAR.
Gaggero, J.; M. Rua y A. Gaggero (2013); “Fuga de capitales III. Argentina (2002-2012)”, Documento de Trabajo Nº 52, diciembre, CEFIDAR.
Gordon, D. (1980): “Etapas de acumulación y ciclos económicos largos”, CIDE, Cuadernos semestrales Nº 7, pp. 19-54.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

Written by rolandoastarita

13/12/2018 a 09:46

20 comentarios

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  1. Ya vieron la alianza del PO con La Campora para recuperar la FUBA…
    http://www.laizquierdadiario.com/FUBA-el-PO-inauguro-el-primer-bunker-de-campana-para-el-kirchnerismo-en-2019

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    Sergio

    14/12/2018 at 11:17

    • Lo que está en la base de esta táctica del PO es la idea de que el kirchnerismo es progresivo con relación al radicalismo, o el macrismo. Enlaza también con la idea de que el estatismo nacionalista burgués, o pequeñoburgués, es progresista frente al “neoliberalismo”. Estos temas las traté en varias notas del blog.

      Una cuestión que se desprende de esta política es que se hace muy difícil explicar por qué, en caso de ballotage entre Cambiemos y el kirchnerismo, la izquierda llama a votar en blanco. Una persona con simpatías “progres” puede razonar: “en una segunda vuelta, en la cual los candidatos de la izquierda no cuentan, ¿por qué no votar por la lista que es más progresista”? Es un reproche que hicieron a la izquierda muchos militantes K en 2015. Ahora también pueden decir: “Si en la FUBA distinguieron entre una corriente “menos de derecha” (aunque burguesa, como no), de la otra corriente, ¿por qué no extienden este criterio a un ballotage nacional?”

      Otro tema conexo: el argumento (lo he leído por estos días) “hacemos una alianza táctica para luchar desde adentro de la misma por desarrollar la lucha de clases” es, palabras más, palabras menos, la manera en que los stalinistas justificaron siempre su participación en alianzas con fuerzas burguesas y pequeñoburguesas. “Hay que dar pelea desde adentro, y no marginarse”. Llama la atención la persistencia, a lo largo del tiempo, de algunos argumentos.

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      rolandoastarita

      14/12/2018 at 12:03

    • La táctica política llamada ‘pelea desde adentro”, del PO y otros muchos partidos de la izquierda burguesa y socialdemócrata en general y en todo el mundo, no me parece que sea una mala táctica en si misma. Se trata de aprovechar todos los recursos y ámbitos que permite el sistema y su legislación para difundir y promover el socialismo. Hasta en el Parlamento. No soy un experto en la historia socialista, pero, que yo sepa, Marx, etc, y hasta el Partido Bolchevique (participando en la Duma rusa), promovían y realizaron de facto esta táctica. Esta actuación se puede denominar como la primera R (de Reforma) definida por Rosa Luxemburg. El problema de estos partidos viene cuando se OLVIDAN POR COMPLETO de la 2º R (de Revolución) de Luxemburg.. Cuando se olvidan por completo de trabajar y desarrollar su acción política dentro de un marco, de un proyecto global que incluya la salida revolucionaria. Ese ‘olvido’ llega al absoluto no mencionado en ningún momento ni ocasión esta acción. Salida revolucionaria que es la única posible, científica e históricamente (los modos de producción no se cambian sólo con papeletas electores-se ha dicho, certeramente, en este blog), y salida revolucionaria que debe ser ejecutada en paralelo y al mismo tiempo que la acciones de tipo reformista (Parlamento, luchas parciales obreras en mejora de salarios, empleos, condiciones laborales, etc..).
      Saludos,

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      antonio

      15/12/2018 at 06:11

    • ¿Qué tiene que ver la participación de un partido socialista en un parlamento burgués, con la formación de un frente político con partidos burgueses? Respuesta: nada que ver.

      ¿Qué tiene que ver la lucha por reformas o mejoras dentro del sistema capitalista, y la unidad de acción por esos objetivos, con integrar una alianza o frente con la burguesía? Respuesta: nada que ver.

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      rolandoastarita

      15/12/2018 at 08:51

    • Bien, en mi comentario, yo no he apoyado la alianza concreta del P.O, la cual solo conozco superficialmente, sino que he expuso una tesis general para la valoración de una política reformista cualquiera, via reformista en la que, desde luego incluyo, posibles alianzas con partidos burgueses. Tesis surgida al hilo de la táctica por ud. mencionada de ‘pelear desde dentro’. Algunas ideas:
      1-Revise la historia de socialista revolucionaria (incluida la de sus buenos partidos referentes y ejemplares) y diga si ninguno de ellos integro nunca en alianza con partidos burgueses. Ya fuesen alianzas provisionales y para cuestiones puntuales. Alianzas, incluso en fechas no lejanas previas a sus revoluciones. Ud es un excelente economista con conocimiento casi enciclopedico y multidisciplinar. Seguro que no tiene que revisar nada.
      2.- El problema no viene de que un partido que se pretenda socialistas se alíe o no con partidos burgueses (entendiendo, por supuesto, que esa alianza es solo para acciones que beneficien a trabajadores, aunque eses beneficios sean temporales, precarios, etc.. que lo serán sin duda) el problema, le insisto, y en mi opinión, es el de OLVIDARSE de la 2º R (revolución) de Rosa Luxemburg., Tal como se lo expuse anteriormente., Un olvido, obviamente, para exclusivo beneficio propio. Beneficios especial y exactamente monetarios: subvenciones oficiales al partido, cargos, salarios, prebendas, etc. Este olvido no le sucede solo al PO, le sucede a la mayoría partidos hoy claramente socialdemócratas pero que decián querer ‘asaltar Bruselas’ o ‘asaltar los cielos’ hace unos pocos años (justo antes de obtener poder y cargos) como Syriza, Podemos (tiene una corriente interna poderosa denominada Anticapitalistas), etc… Y hasta partidos revolucionarios de nombre pero los cuales, que se sepa de modo público, no mueven ni una ceja y ni un músculo en acciones de ruptura política.

      3.- Finalmente, en mi comentario, insisto, yo no he apoyado esta alianza concreta del PO. Se daría cuenta. Ni la apoyaría, conociendo el historial ‘no revolucionario’ de este partido. Es decir, y resumiendo lo expuesto ¿el PO promueve (sea como sea y del modo que sus fuerzas los permitan) una revolución socialista? Si la respuesta es si, su alianza con el kirchnerismo, o el Diablo, me parece válida. Y al revés. Eso es todo.
      4.- Su repuesta anterior de ”nada que ver”, de lo floja, floja que, casi me ha dado la razón.

      Un saludo cordial,

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      antonio

      15/12/2018 at 13:22

    • Usted me pide que revise la historia y diga si algún partido socialista (marxista) hizo alianzas con partidos de la burguesía. Pues bien, en el mismo comentario anterior le dije que esos frentes fueron integrados innumerable cantidad de veces por los partidos Comunistas, que se reivindicaban marxistas. Esto es, está lleno de casos.

      Sin embargo, no encuentro que la Liga de los Comunistas, dirigida por Marx y Engels haya llamado a formar, o haya formado frente alguno con partidos burgueses. Tampoco encuentro en la literatura de Marx y Engels propuesta alguna de que los comunistas formen alianzas políticas con partidos burgueses. Lo mismo ocurre cuando reviso la actuación de los partidos socialistas bajo orientación de Engels. Es claro que en esto hubo (y hay) dos tradiciones al interior del movimiento comunista.

      Ahora bien, quiero invertir la pregunta: ¿en qué lugar los frentes entre partidos socialistas y partidos burgueses -esto es, con direcciones policlasistas- permitieron avanzar a las fuerzas socialistas y la lucha contra el capital?

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      rolandoastarita

      15/12/2018 at 13:34

  2. Los datos de inversión, ¿de dónde los tomás? ¿Son los porcentajes de “Formación bruta de capital fijo” que publica el INDEC?

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    AB

    14/12/2018 at 13:42

  3. La respuesta del PO…
    https://prensaobrera.com/universidad/62247-la-fuba-que-se-viene
    Minuto 1:37:00

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    Sergio

    14/12/2018 at 16:18

  4. Perdon Rolo pero sigo sin entender porque aca no se da la estructura social de acumulacion y si en chile peru uruguay colombia etc.

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    cecilia

    14/12/2018 at 20:18

    • Cecilia te dejo un articulo y un video que tal ves te sean de ayuda
      https://m.perfil.com/noticias/elobservador/por-que-el-pais-es-un-generador-serial-de-crisis.phtml?rd=1

      Me gusta

      Nico

      15/12/2018 at 03:26

    • Pensé que quedaba claro a partir de aplicar el enfoque de la “estructura social de acumulación” al caso argentino.
      Lo central: las condiciones de explotación del trabajo.

      Por razones históricas que ahora no puedo desarrollar, en Argentina el poder sindical fue, y en gran medida sigue siendo, un problema para el capital. Si bien el movimiento sindical tiene un programa burgués, y una dirección burocrática, que aseguran la subordinación de la clase trabajadora a la explotación capitalista, por otra parte esas organizaciones sindicales representan un obstáculo para la inserción de la economía argentina en el mercado mundial.

      Esto se ve claramente en el reclamo de las cámaras empresarias argentinas para que las condiciones de explotación del trabajo se igualen a los parámetros de otros países subdesarrollados: debilitamiento del poder de los gremios, reducción de los salarios sociales (incluidos los planes de ayuda a los desocupados), facilidad para los despidos, des-indexación de salarios frente a la inflación. Estas exigencias se extienden, naturalmente, a los trabajadores estatales (junto a la exigencia de la reducción de impuestos). A lo que se agregan todas las condiciones que aseguren la intangibilidad de la propiedad privada del capital. Todas estas “reivindicaciones” figuran, una y otra vez, en la agenda de las reuniones de los empresarios.

      Otra manera en que se ha manifestado esta cuestión han sido los procesos de alta inflación que se desataron a partir de las devaluaciones del peso, y la espiralización de la suba precios – salarios. El resultado, casi invariablemente, ha sido la caída del salario en términos reales. Pero no deja de ser significativo que esa caída ocurre por vía de muy altas inflaciones que, a su vez, representan un problema para la acumulación del capital.

      En un sentido más general, lo que se plantea es lo que algunos han llamado el chantaje de la huelga de inversiones por parte de los capitalistas: “no invertimos si no nos garantizan tales y cuales condiciones”. Como he planteado en otras notas, este debería ser un punto fundamental de la crítica socialista al modo de producción capitalista. ¿Por qué? Pues porque pone en primer plano la necesidad de acabar con el poder del capital (esto es, el poder de la propiedad privada de los medios de producción sobre los que solo disponen de su fuerza de trabajo). Como también sostuve en otros artículos, es aquí donde revientan los programas reformistas burgueses, o pequeño burgueses, esto es, los programas que ponen el acento en la distribución de la riqueza y no en las relaciones sociales de producción.

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      rolandoastarita

      15/12/2018 at 09:15

    • Pero entonces a la clase trabajadora le conviene los sindicatos de chile y la lucha de la clase obrera chilena o de otros paises latinoamericanos, ya que el salario real crece a lo largo de decadas tienen menos crisis etc, aunque si tenemos en cuenta otras variables universidad gratuita hospitales educacion y menor desigualdad argentina esta mejor gracias a esa lucha.

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      cecilia

      15/12/2018 at 19:39

    • La solución para la clase trabajadora no pasa por cruzarse de brazos y facilitar la explotación del capital. Es necesario arrancar todas las conquistas posibles (los seguros de desempleo, la libertad gremial, las vacaciones pagas, la seguridad social se obtuvieron con luchas), pero al mismo tiempo preparar las condiciones políticas para superar al sistema capitalista. En este respecto, recomiendo el folleto “Salario, precio y ganancia”, donde Marx recomienda a los obreros luchar por sus reivindicaciones, pero no desgastar fuerzas en una interminable “guerra de guerrillas”.

      En particular, hay que ser consciente de que, dentro del sistema capitalista no hay forma de contrarrestar lo que se conoce como “el chantaje de la inversión”. Esto es, cuando los empresarios dicen “si no tenemos tales y cuales condiciones, no invertimos”. La única manera de acabar con esto es acabando con la propiedad del capital. No existe otra salida y no hay que engañar a la gente con promesas falsas al respecto.

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      rolandoastarita

      15/12/2018 at 23:18

  5. Buenas tardes Rolando. ¿Qué papel juega la renta diferencial de la tierra en estos ciclos de la acumulación de capital en Argentina?

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    BoyBlue

    16/12/2018 at 15:39

  6. Vuelve a estar en la agenda política la temática del “frente antifascista “.Los socialistas deberían posponer sine die su autonomía programática, la unidad de la clase en torno a la trascendencia estrategica del horizonte capitalista, en aras de un entendimiento provisional y urgente con los “capitalistas demócratas”, sobre la base de objetivos comunes,tales como la regulación racional consensual del sistema,que lima sus peores aristas caóticas y desigualitarias,promoviendo reformas por cauces legales abiertos a la integración de los conflictos distributivos. Así se garantizaria la paz social,al tiempo que se conjura el pelugro de ineficiencia economica por el subconsumo,la caída de la demanda y por tanto el desincentivo de la inversión.

    El fascismo amenazaria tanto las reformas proobreras como los intereses de una “burguesia estatalista”,racionalista y planificadora,cuya hegemonía depende del éxito en manejar y reducir las tensiones y los conflictos.Pero es una patraña la existencia de facciones progresistas y reaccionarias en la clase dominante:entre LePen y Macron se reparten los papeles del policia malo y el bueno,cuyos objetivos últimos son idénticos, abortar toda organización y programa de autonomía de la clase trabajadora explotada,cuyas necesidades oresionan hacia el control social de las inversiones.

    Los mass media en Europa ya entonan de nuevo la cantinela del peligro de la ultraderecha, que sólo puede crecer y aprovecharse del radicalismo antisistema de la lucha de clases.Frente a la locura de los extremos, sólo la sensatez centrista de los tecnocratas de las finanzas y el fundamentalismo de mercado en alianza con sindicatos y socialistas “responsables”,podría sacarnos del peligro del Estado fascista de excepción.Ya empiezan otra vez a agitar el coco de LePen, para volver a votar la “alianza antifascista “con Macron.Magnifican a 4000 neonazis flamencos en Bruselas, pero multitudinarias manifestaciones contra la esclavitud laboral en Viena o Budapest son silenciadas. Y se describe a los chalecos amarillos como “poujadismo” ultra,ocultando el sentido dinámico y tendencial de un movimiento con potencia de crecimiento de una conciencia de clase radicalmente anricapitalista. En estos cantos de sirena estamos.¿Seremos capaces de resistirlos?

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    Enrique José

    17/12/2018 at 16:18

  7. Cual es la relación entre el concepto de empate hegemonico de portantiero, para explicar el menor crecimiento de argentina respecto a otros países latinoamericanos en las ultimas décadas, con el suyo?

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    cecilia

    17/12/2018 at 18:15

    • Yo no uso el concepto de “hegemonía”. En general, nunca le he encontrado demasiada aplicación a esa categoría.
      Tampoco he afirmado que Argentina tenga el menor crecimiento en América Latina (no hice esa comparación, para la cual habría que fijar algún período).

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      rolandoastarita

      18/12/2018 at 09:10

  8. Buenas tardes Rolando:

    Podrías indicar si ya desarrollaste el tema de la concepción que los neoclásicos tienen acerca del desarrollo económico a partir de la idea de “asignación eficiente de recursos” y/o, en su caso, recomendar bibliografía que trate de manera introductoria el tema.

    Felicitaciones por el esfuerzo. Abrazo.

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    alecus

    19/12/2018 at 19:56

    • No escribí sobre este tema. Aunque de hecho poner el eje en la asignación eficiente de recursos pone en un segundo plano el tema del desarrollo. Es lo contrario de lo que ocurre con el enfoque de los clásicos, que hace hincapié en el excedente, y la inversión del excedente para ampliar la producción y obtener más excedente.

      Por otra parte, los neoclásicos tienden a identificar desarrollo con crecimiento del pbi por habitante, de manera que desarrollo, en la práctica, está subsumido en los modelos de crecimiento: el tradicional de Solow o los modernos de crecimiento endógeno. Cuestiones que se discutieron tradicionalmente sobre desarrollo -por ejemplo, sobre fuerzas productivas y relaciones sociales- quedan desaparecidas. O, alternativamente, se enfocan algunos problemas con métodos neoclásicos, esto es, desde el individualismo metodológico. Por ejemplo, Stiglitz trató de explicar la persistencia de relaciones de aparcería en algunas sociedades a partir de la problemática principal – agente y agentes que optimizan.

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      rolandoastarita

      20/12/2018 at 10:58


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