Toma del poder y socialismo “nacional”

En notas anteriores, y a raíz de debates que se desarrollan en el FIT-U, hemos planteado que el acceso de los socialistas al gobierno (al poder Ejecutivo) no es sinónimo de la toma del poder por la clase obrera. Entre otros argumentos sostuvimos: “Si un partido obrero y socialista triunfara en una elección presidencial debería, inevitablemente, poner en cuestión su relación con el aparato estatal. Una transformación revolucionaria no puede hacer abstracción de esto”. Es necesario acabar con el Estado burgués –disolución del ejército permanente y del aparato burocrático; armamento de la clase obrera; organización democrática del poder obrero- y aplicación de un programa transicional que apunte a acabar con la propiedad privada del capital. Por eso la posibilidad de desarrollar esta estrategia depende de condiciones sociales y políticas –como el desarrollo de las fuerzas productivas, el grado de movilización, conciencia y organización de la clase obrera, su posicionamiento con respecto a la pequeña burguesía y, por sobre todas las cosas, la relación de fuerzas entre la clase obrera y el capital a nivel internacional.
Hay que decirlo: No hay socialismo en un solo país
Es en relación a la afirmación con que cerramos el apartado anterior que desarrollamos esta nota. Lo central: cuando los socialistas presentan su programa y estrategia deben explicar a las masas trabajadoras y oprimidas que el avance hacia la abolición de la propiedad privada y el establecimiento del socialismo solo es posible en tanto la revolución triunfe en el plano internacional. Esta es una condición ineludible, y hay que explicitarlo. Pero esto es lo que no se hace. Por ejemplo, en un escrito del PTS sobre programa y estrategia, se sostiene que un gobierno de los trabajadores, organizado a la manera de los consejos (o soviets), con funcionamiento democrático, podrá decidir cómo organizar la economía, qué actividades priorizar, cómo reorientar, con un programa anticapitalista, la producción y la distribución para satisfacer las necesidades sociales.
En este marco el avance hacia el socialismo sería el fruto de la actividad consciente de la clase obrera, organizada en los consejos, “para emprender una transición al socialismo y hacer viable la perspectiva de la extinción del Estado”. Incluso el funcionamiento democrático de los consejos sería el mayor reaseguro para impedir una burocratización del Estado proletario.
Es un abordaje nacionalista. Nacionalista porque omite decir lo fundamental: que es imposible construir el socialismo en un solo país. Significa que el avance hacia la socialización (la administración de los medios de producción por la clase obrera) no depende solo de las fuerzas “internas”, del grado de conciencia y movilización de la clase obrera de un país, sino también, y de manera esencial, del desarrollo de la revolución a escala internacional. Para colmo, en muchos casos el ocultamiento del carácter internacional de la revolución se combina con planteos del tipo “crecer hacia adentro”; “desconectarse del mercado mundial”; “vivir con lo nuestro”; abogar por el proteccionismo para defender “nuestros” recursos. Ocurre incluso con los grupos trotskista, habiendo sido Trotsky uno de los más agudos críticos del programa de construir el socialismo en un solo país (véase más abajo).
Subrayo: el socialismo en un solo país no solo es imposible, sino que el intento de implantarlo al interior de las fronteras nacionales no puede sino derivar en regímenes burocráticos y hasta reaccionarios. Corea del Norte es ilustrativo. Pero además la burocratización de la revolución rusa tuvo como causa de fondo la derrota de la revolución en Alemania, Italia, Hungría, Polonia. El decaimiento de la actividad de los soviets en Rusia, es especial después de 1921, debe explicarse en ese contexto.
Marx y Engels sobre el carácter internacional del socialismo
En diversos pasajes Marx y Engels subrayaron el carácter internacionalista del programa socialista. Un ejemplo es Principios del comunismo, de Engels. La idea central es que la revolución socialista es imposible en un solo país dado el desarrollo alcanzado por el mercado mundial:
“La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania”. La revolución se desarrollará en algunos países más rápidamente y en otros más lento, dependiendo del grado en que se ha desarrollado la industria, se haya acumulado riqueza y se hayan desarrollado las fuerzas productivas.
Sin duda Engels exagera al sostener que la revolución se producirá simultáneamente en todos los países “civilizados” (capitalistas), pero el planteo de fondo se sostiene: el destino de cualquier revolución socialista en los marcos de una nación se decidirá en la arena internacional.
En El Manifiesto Comunista, Marx y Engels reafirman que si bien la lucha del proletariado contra la burguesía reviste una forma nacional, en el fondo no es una lucha nacional, sino internacional. Y este es un punto distintivo del comunismo con respecto al resto de las fuerzas obreras: En las diferentes luchas nacionales de los obreros los comunistas “ponen por delante y hacen valer los intereses independientes de la nacionalidad y comunes a todo el proletariado”.
Trotsky en crítica al stalinismo
Trotsky fue el más agudo crítico del programa stalinista de construir el socialismo “en un solo país”, la URSS. Reproducimos pasajes de Stalin, el gran organizador de derrotas (edición Yunque):
“La teoría del socialismo en un solo país conduce inevitablemente a menospreciar las dificultades que hay que vencer” (p. 137). Es preciso decir a las masas que solo comenzará la verdadera organización del socialismo después que de que el proletariado de los países más avanzados haya conquistado el poder. Quienes se niegan a decir estas verdades, buscan en el programa un consuelo moral. Cita un texto de su autoría, de 1915: “Examinar las perspectivas de la revolución social en los límites de una nación es ser víctima del mismo espíritu nacional limitado que constituye el fondo del social-patriotismo. La revolución “solo puede comenzar en el terreno nacional pero no puede acabarse sobre estos cimientos, teniendo en cuenta la interdependencia económica, política y militar de los Estados europeos…” (141). Más abajo: “El marxismo ha enseñado siempre a los obreros que incluso la lucha por los salarios y la limitación de la jornada de trabajo no puede tener éxito si no es una lucha internacional” (p. 143). La economía de un país atrasado inevitablemente está subordinada al mercado mundial, dominado por el capitalismo más desarrollado. Es imposible construir el socialismo al interior de un país por fuera o por encima de las restricciones que impone esta situación. “… prepararse para construir el socialismo en un solo país es un procedimiento social-patriota” (p. 141). También: “Si se puede llegar al objetivo final en el interior de las fronteras nacionales por los esfuerzos del proletariado de una nación, entonces se rompe la espina dorsal del internacionalismo. La teoría de la posibilidad de realizar el socialismo en un solo país rompe la relación interior que existe entre el patriotismo del proletariado vencedor y el derrotismo del proletariado de los países burgueses” (p. 143).
Con este encuadre, Trotsky también responde al argumento del stalinismo que decía que la crítica a la tesis del socialismo en un solo país desmoralizaba a las masas. Trotsky recuerda que ese era el argumento de los reformistas contra la afirmación del marxismo de que los padecimientos de las masas trabajadoras no se solucionan en tanto subsista el modo de producción capitalista.
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Un ejemplo de Lenin
Lenin también rechazó la idea de que sería posible construir el socialismo a interior de un país, prescindiendo de la revolución internacional. Puede verse al respecto los pasajes de escritos de Lenin citados por Trotsky. Agregamos un ejemplo del enfoque internacionalista de Lenin aplicado a un caso concreto, la posición de los comunistas alemanes frente al Tratado de Versalles (que, entre otras medidas, imponía fuertes sanciones económicas a Alemania). En el folleto “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo” (edición Fundación Federico Engels, pp. 82 y siguientes) Lenin critica a los comunistas alemanes debido a “su insistencia rectilínea en no reconocer el Tratado de Versalles”. Los comunistas izquierdistas alemanes prometían que si tomaban el poder desconocerían el Tratado. Lenin escribe: “Debe comprenderse que es absolutamente errónea la táctica que niega la obligación de la Alemania Soviética (si surgiese pronto una república soviética alemana) de reconocer por cierto tiempo el Tratado de Versalles y someterse a él”. (…) “…los comunistas alemanes no deben atarse las manos y prometer la renuncia obligatoria e indispensable al Tratado de Versalles en caso de triunfar el comunismo. Eso sería una tontería”. Y precisa que la posibilidad de rechazar la Paz de Versalles “… depende de los éxitos del movimiento soviético no sólo en Alemania, sino también en la arena internacional” (énfasis nuestro). Y todavía más enfático:
“Colocar obligatoriamente en primer plano, a toda costa y enseguida la liberación del Tratado de Versalles, antes que la cuestión de liberar del yugo imperialista a los demás países oprimidos por el imperialismo, es una manifestación de nacionalismo pequeño-burgués (digno de los Kautsky, Hilferding, Otto Bauer y cía.), pero no de internacionalismo revolucionario”.
Para terminar, la globalización –mundialización de las fuerzas productivas y de la relación de explotación capitalista- pone en primer plano la vigencia del internacionalismo. Como bien decía Trotsky, incluso las luchas por reivindicaciones elementales, como los salarios o los derechos laborales, demandan un enfoque internacionalista (por ejemplo, para enfrentar el chantaje de la “huelga de inversiones” por parte del capital). En el mismo sentido debe plantearse la lucha contra el dominio del capital globalizado, y por acabar con el sistema del trabajo asalariado. Este objetivo solo es concebible como lucha internacional. Y esto hay que decirlo en la propaganda y agitación.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1YXczdwH7p78DUkprxepHUs3WHMGOORPTWVVmBLwtpsg/edit?usp=sharing
















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