Sectas divisivas y marxismo

Uno de los objetivos que me he propuesto con el blog es rescatar aspectos de la tradición teórica y política del socialismo revolucionario, el marxismo. En esta entrada el tema es la crítica de Marx a las sectas. Comenzamos con la carta que envió a Johann B. von Schweitzer, con fecha 13 de octubre de 1868, en la que define el comportamiento de las sectas de izquierda en términos que conservan una asombrosa vigencia cuando se aplican a algunos grupos de la izquierda argentina.
La carta a von Schweitzer
En la carta a Schweitzer Marx sostiene que, si bien Lassalle había jugado un rol progresivo para reanimar al movimiento obrero alemán en un período de reacción, había cometido el error de establecer como punto central de la agitación socialista la demanda de ayuda estatal a las organizaciones obreras. Con eso, sigue Marx, los lassalleanos habían retomado la consigna que Philippe Buchez, líder del socialismo católico francés, había lanzado en 1843. Aunque Lassalle había combinado el pedido de ayuda del Estado con la exigencia cartista del sufragio universal. Es en este marco que Marx critica el sectarismo:
“… desde un principio [Lassalle] como cualquiera que declare tener en su bolsillo una panacea para los sufrimientos de las masas, dio a su agitación un carácter religioso y propio de una secta. Toda secta es en realidad religiosa. Además, precisamente por ser el fundador de una secta, negaba toda conexión natural con el movimiento anterior, tanto en Alemania como en el extranjero. Incurrió en el mismo error que Proudhon, en lugar de buscar la base real de su agitación entre los elementos auténticos del movimiento de clase, intentó prescribirles su curso a estos elementos conforme a determinada receta dogmática”. (…)
“Usted mismo ha experimentado en carne propia la oposición entre el movimiento de una secta y el movimiento de una clase. La secta ve la justificación de su existencia y su ‘punto de honor’, no en lo que tiene en común con el movimiento de clase, sino en el peculiar sésamo que la distingue de él” (énfasis nuestro). Más abajo Marx critica a Schweitzer por haber exigido “del movimiento de clase que se subordinase al movimiento de una secta particular”.
Las sectas hoy y la construcción partidaria por vía del divisionismo
A pesar de la distancia en el tiempo y la diferencia de circunstancias, es claro que, a poco que se examine, surge una llamativa correspondencia entre el comportamiento que Marx atribuía a las sectas, y el proceder de algunos grupos contemporáneos que levantan las banderas del socialismo en Argentina. Esencialmente porque intentan construirse como organización polarizando en torno a alguna panacea, o receta que declaran clave para curar los padecimientos de las masas, o poner a estas en movimiento. Son “consignas-solución” que se agitan durante períodos –a veces desaparecen durante un tiempo, resurgen luego con fuerza y vuelven a pasar a segundo plano. Algunos ejemplos: durante todo un período la secta establece que lo central es presentar la “receta-solución” al desempleo machacando en todo tiempo y lugar con la demanda “reparto de las horas de trabajo con igual salario”. Hasta que esa agitación se agota, y aparece otra, como puede ser la demanda del control obrero para acabar con la inflación. Una vez más, la receta se repite sin cesar, hasta que se agota y “pasamos a otra cosa”. Así, invariablemente, en un momento dado, hay una o dos demandas que se plantean como claves y de urgencia impostergable. Y en algunos casos los alegados factores divisivos pasan por cuestiones meramente tácticas, incluso organizativas.
En todo esto la teoría, la crítica científica, el materialismo histórico importan muy poco. Lo importante es que la panacea sea distintiva y polarice con relación a otras corrientes que militan en el movimiento de masas. Incluso la secta puede ensayar con extravagancias del tipo “construyamos el partido de la nueva clase obrera” sin presentar la más mínima justificación, basada en el materialismo histórico, de en qué esa supuesta nueva clase obrera es realmente “nueva”; o qué ocurre con “la vieja” clase obrera.
Para la secta solo cuenta que la consigna polarice y permita ganar algunos militantes (con especial autosatisfacción si se les saca a otros grupos de la izquierda). Un proceder que nos trae el eco de Engels: en carta a August Bebel (20 de junio de 1873) el compañero de Marx escribía: “Nuestra opinión, que una larga experiencia ha confirmado, es que la táctica correcta en la propaganda no es quitarle al adversario unos pocos afiliados de vez en cuando, sino trabajar con la gran masa que permanece apática”. No es el enfoque de la secta. A la hora de hacer balances casi siempre lo que se presenta a la militancia es del tipo “la línea política fue acertada porque nos permitió ganar x cantidad de militantes”. Lo que ocurra con el movimiento de masas puede esperar. Peor aún, la continua polarización en torno a alguna receta “revolucionaria”, carente de fundamento teórico o empírico, lleva a un creciente tacticismo, y al oportunismo convertido en sistema. Y a un creciente abandono de las explicaciones y la crítica social sustentadas en el socialismo científico.
Otro criterio
La crítica de Marx a las sectas, así como la observación de Engels en la carta a Bebel que hemos citado nos llevan a otro criterio de intervención. La idea ahora es que el socialismo científico, el marxismo, no se distinguen del movimiento por haber elaborado alguna peculiar receta-solución, o por determinado movimiento táctico, sino por participar unitariamente del movimiento y presentar, en ese marco, las perspectivas más generales y el punto de vista internacionalista. Es lo que dicen Marx y Engels en El manifiesto comunista:
“Los comunistas no forman un partido distinto, opuesto a los otros partidos obreros. No tienen ningún interés que los separe del conjunto del proletariado. No proclaman principios sectarios sobre los cuales quisieran modelar el movimiento obrero. Los comunistas no se distinguen de los otros partidos obreros más que en dos puntos:
Primero: En las diferentes luchas nacionales de los proletarios, ponen por delante y hacen valer los intereses independientes de la nacionalidad comunes a todo el proletariado; y
Segundo: En las diferentes fases de la lucha entre proletarios y burgueses representan siempre y por todas partes los intereses del movimiento integral”.
Destacan también que los comunistas son “la fracción más resuelta de los partidos obreros de todos los países, la fracción que arrastra a las otras; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de un concepto claro de las condiciones, de la marcha y de los fines generales del movimiento proletario”.
Esta idea también está contenida en una carta de Marx a Arnold Ruge de septiembre de 1843. La he citado en otras notas; dice: “Nada nos impide, pues, enlazar nuestra crítica a la crítica de la política, a la toma de partido en política, es decir, a las luchas reales e identificarla con ellas. No comparecemos, pues, ante el mundo en actitud doctrinaria, con un nuevo principio: ¡He aquí la verdad, postraos de hinojos ante ella! Desarrollaremos ante el mundo, a base de los principios del mundo, nuevos principios. No le diremos: desiste de tus luchas, que son una cosa necia: nosotros nos encargaremos de gritarte la verdadera consigna de lucha. Nos limitaremos a mostrarle por qué lucha, en verdad, y la conciencia es algo que tendrá necesariamente que asimilarse, aunque no se quiera”. Pocas líneas más abajo Marx todavía sostiene que la reforma de la conciencia no se logra por medio de dogmas.
Un tema a destacar: el carácter de secta de una organización no tiene que ver con su cantidad de miembros. Una secta puede tener numerosos partidarios sin por ello perder su cualidad de secta. Alternativamente, una corriente política puede tener pocos miembros y no ser una secta. Por caso, durante muchos años Marx y Engels tuvieron muy pocos partidarios (aunque en algunas cartas hablaran de “nuestro partido”), sin por ello caer en la lógica de las sectas. Lo que importa entonces es el enfoque con que se encara la participación en luchas de las masas, a la par de la diferenciación del socialismo científico en programa y estrategia.
Engels y la dialéctica” lucha unitaria / diferenciación del programa”
La actitud unitaria hacia el movimiento de masas no niega la lucha ideológica y la delimitación política con respecto al resto de las corrientes obreras o socialistas. Tomamos como ejemplo la posición de Engels frente a la demanda de Lassalle de la ayuda del Estado (carta a Bebel del 18-28 de marzo de 1875).
En primer lugar, Engels no se opone a la consigna (un paralelo actual es la demanda al Estado de un seguro de desempleo), sino que su crítica es que el programa de Lassalle la presenta como la única reivindicación social. Engels plantea que “es solo una medida particular entre muchas otras” que preparan “el camino para la solución ‘de la cuestión social’”. A lo que agrega que el partido obrero alemán dice, además, que “lucha por la abolición del trabajo asalariado y con él de las diferencias de clase, por el establecimiento de la producción cooperativa en escala nacional en la industria y en la agricultura y apoya toda medida adecuada para el logro de este fin” (énfasis nuestro).
La idea entonces es luchar por los objetivos que pueden hacer avanzar al movimiento, y al mismo tiempo presentar la perspectiva más general, de fondo (abolición del trabajo asalariado, cooperativas, etcétera). E incluso, en este sentido programático y estratégico la cuestión está planteada de forma que “ningún lassalleano puede tener nada en contra”.
Subrayamos un aspecto: la actitud unitaria no puede suprimir o acallar las diferencias. “La unidad es algo muy bueno mientras sea posible, pero hay cosas más elevadas que la unidad” (Engels, carta a Bebel del 28 de octubre de 1882). Para bajarlo a tierra: un militante de izquierda que defiende el derecho de Ucrania a la autodeterminación nacional frente a la invasión de Rusia, no tiene manera de unirse, en el tema libertades democráticas, con el militante que niega el derecho de Ucrania a defenderse. “Hay cosas más elevadas que la unidad”.
Una larga lucha contra las sectas
Citamos pasajes de la carta de Marx a Friedrich Bolte, del 23 de noviembre de 1871: “La Internacional se fundó para reemplazar las sectas socialistas o semi-socialistas por una verdadera organización de lucha de la clase obrera. Los primitivos estatutos y el Mensaje Inaugural lo demuestran a primera vista. Por otra parte, la Internacional no podría haberse consolidado si el curso mismo de la historia no hubiera destruido ya el sistema de las sectas. El desarrollo del sistema de las sectas socialistas y el verdadero movimiento obrero siempre están en relación inversa entre sí. Mientras se justifica (históricamente) la existencia de las sectas, la clase obrera no está aún madura para un movimiento histórico independiente. En cuanto alcanza su madurez, todas las sectas son esencialmente reaccionarias, Sin embargo, lo que la historia ha demostrado en todas partes se repitió dentro de la Internacional. Lo caduco intenta restablecerse y mantenerse dentro de la nueva forma adquirida. La historia de la Internacional fue también una continua lucha del Consejo General contra las sectas y los experimentos improvisados que intentaron afirmarse dentro mismo de la Internacional en contra del movimiento auténtico de la clase obrera”
Conclusión
La idea central que surge de la tradición del socialismo revolucionario es la necesidad de combinar la actitud unitaria en la lucha por las reivindicaciones económicas (por ejemplo, por mayores salarios) o políticas (por ejemplo, defensa de libertades democráticas), con la crítica teórica y la agitación (pocas ideas a muchos) y la propaganda (muchas ideas a pocos).
La secta de izquierda hace lo opuesto: polariza en torno a demandas “recetas” o incluso cuestiones tácticas, u organizativas y diluye la crítica sustentada en el socialismo científico. Son dos enfoques, imposibles de conciliar.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1YXRzHDkLPQaJe4xVRdcVAoOYMCAOQbNEQ_Xv81IpxuI/edit?usp=sharing
















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