Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Fuerzas productivas y Programa de Transición

with one comment

El Programa de Transición (en adelante PT) fue aprobado por el Congreso de fundación de la Cuarta Internacional, en 1938. Hasta hoy los trotskistas sostienen que, en lo esencial, es el programa adecuado para la era “de descomposición y agonía del capitalismo”. En notas anteriores hemos criticado la tesis basal del PT, a saber, que las fuerzas productivas, a nivel global, y tendencialmente, han dejado de crecer (los más “ortodoxos” remontan el estancamiento a 1914). En esta entrada mostramos que, si se elimina esta tesis, no se sostiene la lógica que recorre el PT. Comenzamos puntualizando las afirmaciones clave del PT.

  1.  Las fuerzas productivas dejaron de crecer

Afirma el PT: “La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas han dejado de crecer. Las nuevas innovaciones y los nuevos progresos técnicos no conducen al acrecentamiento de la riqueza material”. (…)

“Las condiciones objetivas de la revolución socialista no solo están maduras sino que han empezado a descomponerse”. De ahí las referencias a la “putrefacción”, “descomposición” y “decadencia” del capitalismo. Incluso la política del New Deal de Roosevelt fracasaría.

 A pesar de su importancia estas afirmaciones no se respaldan con datos ni se presenta justificación teórica (¿por qué a partir de 1914 el capitalismo ya no podía desarrollarse?). Tampoco se explica qué se entiende por putrefacción” y “descomposición” del capitalismo.

b. Reformas democráticas y conquistas obreras “serias

Dado el estancamiento, el capitalismo ya no puede conceder reformas sociales “sistemáticas”, ni puede elevarse, de manera más o menos duradera, el nivel de vida de las masas. Dice el PT: “… cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeña burguesía conducen inevitablemente más allá de los límites de la propiedad capitalista y el Estado burgués”. Las reivindicaciones parciales –o mínimas- de las masas “entran en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente…”. Las democracias burguesas serían reemplazadas por regímenes dictatoriales o fascistas.

Por lo tanto la división entre programa máximo y mínimo pierde sentido. En su lugar la Cuarta Internacional “auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias [esto es, de transición al socialismo] cuyo sentido es el de dirigirse, cada vez más abierta y resueltamente contra el régimen burgués.

c. Las luchas de los explotados, situación prerrevolucionaria

PT: “En todos los países el proletariado está sobrecogido por una profunda inquietud. Grandes masas de millones de hombres vienen incesantemente al movimiento revolucionario pero siempre tropiezan en este camino con el aparato burocrático-conservador de su propia dirección”. La situación es revolucionaria y no se transforma en revolucionaria por la política de las direcciones de la clase obrera (cita más abajo).

Incluso en Italia y Alemania, a pesar de las derrotas, subsisten los impulsos revolucionarios: “Centenares de miles de obreros abnegados continúan [en Italia y Alemania], a pesar de todo, un trabajo prudente de topos revolucionarios. (…)  La preparación molecular de la revolución está en marcha bajo la pesada loza del régimen totalitario”. Cuando el movimiento, “tome algún carácter de masa, las consignas democráticas se entrelazarán con las consignas de transición… los soviets cubrirán Alemania antes de que se haya reunido… una nueva Asamblea Constituyente. Lo mismo ocurrirá en Italia y en otros países totalitarios y semi-totalitarios”.

d. Las direcciones de las organizaciones de masas traicionan

Las masas se vuelcan a la revolución, “pero siempre tropiezan en este camino con el aparato burocrático-conservador de su propia dirección”. El carácter oportunista de la dirección proletaria, su cobardía pequeñoburguesa y su traición “es el principal obstáculo en el camino de la transformación prerrevolucionaria en situación revolucionaria”.

 Un planteo insostenible

Por supuesto, en el movimiento trotskista hubo matices y diferenciaciones parciales con respecto a estas afirmaciones. El caso más destacado fue Ernest Mandel y los trotskistas que lo seguían, quienes admitieron que en los 30 años que siguieron al fin de la Segunda Guerra hubo desarrollo de las fuerzas productivas. Pero esto no los llevó a revisar la lógica “transicional” que recorre el PT (y en los 1970 Mandel también sostenía que el capitalismo iba al estancamiento de largo plazo).

En lo que atañe al resto del movimiento, se mantuvo el esquema básico del PT. Un ejemplo es Nahuel Moreno, dirigente (ya fallecido) del PST y del MAS, de Argentina, y referente de organizaciones trotskistas en varios países. Todavía a comienzos de los 1980 sostenía, junto al dirigente francés Pierre Lambert, que el capitalismo estaba estancado desde 1914. Planteaba también que a partir de 1943 –derrota alemana en Stalingrado- se había abierto una ofensiva revolucionaria, de alcance mundial. Sin embargo, las masas eran traicionadas por las direcciones socialdemócratas, stalinistas y nacionalistas burguesas. Estas conformaban un “frente contrarrevolucionario mundial” y el imperialismo solo atinaba a “echar nafta” a los conflictos, provocando incendios revolucionarios casa vez más grandes (Tesis de la Liga Internacional de los Trabajadores, Cuarta Internacional). Dos de los partidos trotskistas que integran el FIT-U, Izquierda Socialista y Movimiento Socialista de los Trabajadores, siguen reivindicando estos análisis.  

Es un planteo insostenible. En primer lugar, y como mostramos en otras entradas, porque no hay forma de sostener que el capitalismo está estancado desde hace 50 o 100 años. En segundo término, porque no es cierto que no se han logrado mejoras para la clase obrera, o democráticas en los últimos 100 años. El salario mínimo; las indemnizaciones por despidos; las vacaciones pagas; las licencias por enfermedad; o el derecho a formar sindicatos, entre otras medidas, prácticamente no existían hace 100 años en la mayoría de los países capitalistas. También en el terreno de las libertades y derechos democrático-burgueses: el voto universal (incluido el voto femenino); las leyes contra la discriminación racial; la no persecución de los homosexuales y el matrimonio igualitario, para citar solo algunos ítems, se han logrado en su mayoría después de 1938.

En tercer lugar, es absurdo sostener que las masas se vuelcan incesantemente a la revolución, y son traicionadas una y otra vez por sus direcciones sindicales o políticas. La capacidad de “traicionar” y seguir en la dirección del movimiento debe de tener alguna base material. La base para entender los movimientos políticos es la comprensión de la situación económica, el desarrollo, o no, de las fuerzas productivas, y de las relaciones de producción.

Más concreto: el capitalismo conoce fases de ascenso, con aumento de la inversión, expansión de los mercados y contratación de mano de obra. Y fases de crisis y depresión. En las expansiones mejoran las condiciones para que la clase obrera puede arrancar mejoras. La teoría de Marx de la plusvalía relativa explica incluso cómo puede ocurrir que los trabajadores aumenten sus salarios en términos reales, a la par que aumenta la tasa de plusvalía (o sea, la tasa de explotación). En el mismo sentido debe tratarse la pobreza. No es cierto que la clase obrera esté cada vez más pobre en términos absolutos. Lo típico en el capitalismo es que está más pobre en términos relativos; o sea, en relación a la riqueza que se acumula en manos de los capitalistas. A su vez, en las crisis y en la transición de la prosperidad a la depresión, suelen agudizarse las contradicciones y luchas sociales. Y en las depresiones –aumento de los desocupados, debilitamiento de la clase obrera- se pierden conquistas, caen los salarios y aumenta la presión del capital sobre el trabajo.

La situación, pues, es cambiante. Es lo opuesto de la idea de un capitalismo que va muriendo de a poco, gangrenado por la senilidad y la descomposición. En ese escenario las contradicciones se adormecerían, la clase obrera estaría en descomposición social progresiva, y las bases materiales y sociales para una transformación socialista se debilitarían.

La realidad, sin embargo, es que ha habido desarrollo del capitalismo, y del mercado mundial, a través de fases de ascenso y crisis y depresiones, algunas de magnitud (la Gran depresión en primer lugar). Lo importante es que durante las fases de ascenso los explotados arrancaron mejoras. La burguesía puede ceder cuando teme perderlo todo. Esta es la base que sustentó al reformismo y a los socialismos pequeñoburgueses. Explica, por ejemplo, la larga adhesión de los obreros argentinos al peronismo. O de los obreros europeos a la socialdemocracia y los PC en los años del boom. Lo cual demuestra, además, que tampoco es cierto que toda lucha por reivindicaciones mínimas deba enlazarse con demandas de transición al socialismo (del tipo control obrero de la producción) para triunfar. Decimos esto al margen de que es absurdo pedir a un gobierno burgués que aplique medidas de transición al socialismo (del tipo control obrero de la producción, etc.). 

En el mismo sentido, tampoco se puede sostener que la lucha por conquistas democráticas solo puede ser exitosa si enlaza con demandas socialistas. Un contraejemplo: a mediados de los 1980 muchas organizaciones trotskistas consideraban que el voto universal en Sudáfrica solo podría lograrse por medio de una revolución socialista. Pero el voto universal se logró sin revolución socialista. La caída del apartheid fue producto de una movilización democrática (burguesa por su dirección y programa). No fue una revolución socialista. Algo similar ocurrió con la caída de regímenes dictatoriales, como el de Salazar en Portugal; el franquismo en España; las dictaduras del cono sur de América Latina. Se establecieron regímenes burgueses sin que mediaran revoluciones socialistas. Nada de esto encaja en el enfoque del PT. Según este, en la época de descomposición del capitalismo, la tendencia en todos los países era hacia el fascismo. Por ejemplo, a fines de los 1930 Trotsky pensaba que si en EEUU las masas tomaban en sus manos la consigna de “Partido de los trabajadores” la única respuesta posible de la clase capitalista sería el fascismo. Como si no contaran las alternativas reformistas burguesas (Partido Demócrata, concesiones a los sindicatos, etcétera).

Caracterizaciones enfebrecidas de la lucha de clases

El planteo “estancamiento / imposibilidad de mejoras en el capitalismo/ direcciones que siempre traicionan” tiene como eslabón mediador la idea de que las masas se vuelcan incesantemente a la lucha revolucionaria. Se reconoce que durante períodos las derrotas hacen mella en la capacidad de movilización (por ejemplo, en la Alemania o Italia bajo el nazismo o el fascismo; en la URSS en los 1930), pero rápidamente reflota la idea de que los explotados están dispuestos a luchar. Incluso, lo hemos citado, el PT afirma que “centenares de miles” de obreros alemanes militaban contra el nazismo y por la revolución en los 1930. La realidad es que eso, sencillamente, no existía. No se entiende cómo en el movimiento trotskista afirmaciones como esta se dieron por ciertas.

Tal vez más fundamental, no es cierto que, en 1938, “masas de millones de hombres” iban “incesantemente al movimiento revolucionario”. En España la clase obrera retrocedía; algo similar se puede decir del movimiento obrero en Francia, luego de la derrota del Frente Popular. En Alemania, Austria e Italia el retroceso era profundo. En EEUU se consolidaba Roosevelt. ¿De dónde sale entonces esa afirmación del PT sobre las “masas de millones” yendo a la revolución? Hemos señalado esta cuestión hace más de 30 años, pero nunca recibimos respuesta o explicación.

El problema es que con estas afirmaciones se introdujo un sesgo enfebrecido en la evaluación de la situación política. De ahí la frecuencia y liviandad con que en el movimiento trotskista se caracterizan situaciones como “prerrevolucionarias” o “revolucionarias”. Una vez más, la relación entre las bases “que se vuelcan a la revolución” y sus direcciones “que siempre traicionan”, impidiendo que la prerrevolución pase a “situación revolucionaria”, se torna incomprensible.

Para terminar

Destacamos dos cuestiones. La primera, ya mencionada, tiene que ver con el carácter de las contradicciones. En la medida en que se expanden las relaciones capitalistas, se hacen más agudas las contradicciones propias del capitalismo: entre riqueza material y el valor; entre el trabajo concreto y el abstracto; entre producción de valor y su realización; entre el capital y el trabajo asalariado. Estas contradicciones se agudizan en los países capitalistas desarrollados, y también en los países atrasados y dependientes. En estos países (entre ellos Brasil, India, Indonesia, Corea del Sur, Tailandia, Sudáfrica) hubo desarrollo capitalista. El capital tiene más vigencia que hace 100 o 150 años también para el análisis de estas economías.

El segundo tema que destacamos es que la tesis del estancamiento secular, y las traiciones permanentes de las direcciones de las masas, tiene un sesgo profundamente derrotista. Convive con las caracterizaciones enfebrecidas de la lucha de clases, pero no deja de ser derrotista. Es que si fuera cierto que el capitalismo está en descomposición desde 1914; si la clase obrera retrocede como fuerza social desde hace un siglo; si además es traicionada una y otra vez por sus direcciones, sin cuestionarlas nunca de raíz, habría que concluir que la transformación revolucionaria de la sociedad, la socialización de los medios de producción, es una utopía. Se habría verificado el pronóstico de Trotsky (en escritos sobre la revolución en España), cuando alertaba que las condiciones materiales y sociales para la revolución solo podían empeorar si no triunfaba la revolución socialista. El PT se concibió con ese enfoque. Un planteo insostenible a la luz del desarrollo de las fuerzas productivas y de la propia clase obrera en los últimos 100 o 120 años.

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/17nmQ3cuwfZ78AYQFdzvMVbUQz905XflqCE1GFCqmVLo/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

22/05/2026 a 11:27

Publicado en General

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. Comparto tu crítica al Programa de Transición (PT) y a la premisa de que «las fuerzas productivas han dejado de crecer». Tu argumento de que el capitalismo ha seguido desarrollándose, con fases de ascenso y crisis, es incontrastable y necesario frente al dogmatismo estancacionista de ciertas tradiciones trotskistas.

    Dicho esto, permíteme añadir dos puntos que creo que refuerzan tu análisis y lo conectan con el momento histórico actual.

    1. El momento histórico de 2026

    Estamos viviendo un punto de inflexión global. La Tercera Guerra Mundial —no en el sentido clásicol, sino como una guerra de cadenas de suministro, sanciones, aranceles, bloqueos navales y reconfiguración de hegemonías— ha terminado en su fase aguda. EE.UU. está perdiendo su capacidad de dictar unilateralmente el orden global. El mundo se encamina hacia un escenario multipolar (China, Rusia, India; quizás también, Brasil, Sudáfrica, Irán, Paquistán, Turquía). Esto no es una simple opinión: es observable en los flujos comerciales, en las nuevas rutas energéticas (GNL, oleoductos), en los bloques de pagos alternativos a SWIFT, y en la erosión del control militar estadounidense sobre puntos de estrangulamiento clave como el Estrecho de Ormuz.

    Tu crítica al PT es válida, pero el PT fue escrito en 1938, en un momento muy diferente del desarrollo de las fuerzas productivas y de la correlación de fuerzas internacional. Tu propio análisis podría enriquecerse si incorporaras al mismo que el fin del unipolarismo no es un retorno a los años treinta ni a los cincuenta, sino una situación cualitativamente nueva.

    2. Robotización, IA y la posibilidad de una democracia genuina

    Los grandes cambios de sistema socioeconómico (como del feudalismo al capitalismo) se produjeron como respuesta a profundas transformaciones tecnológicas y productivas. El capitalismo no surgió porque unos pocos lo «quisieran», sino porque las nuevas fuerzas productivas (manufactura, máquina de vapor, comercio global) hicieron que las relaciones feudales se volvieran un obstáculo insoportable.

    Hoy estamos en los comienzos de una transformación de magnitud comparable: robotización avanzada, inteligencia artificial, automatización integral de la producción y los servicios. Estas tecnologías tienen el potencial de hacer posible, por primera vez en la historia, una democracia genuina y automática en el sentido de que la gestión de la producción podría descentralizarse, basarse en algoritmos verificables y no requerir la opresión del trabajo humano como fuente de plusvalía.

    El problema no es técnico, sino de relaciones de propiedad. El capitalismo actual promueve la innovación pero también la desigualdad extrema, precisamente porque el incentivo a la iniciativa privada está atado a la apropiación privada del excedente.

    La pregunta que tu artículo deja abierta (y que agradecería que desarrollaras en futuras entregas) es: ¿puede una planificación socialista basada en IA y robotización sustituir el mecanismo de mercado como asignador de recursos, sin caer en el burocratismo estatal que denunciaron los trotskistas, y sin perder la capacidad de innovación y emprendimiento? Si las fuerzas productivas actuales permiten una abundancia tal que el «problema económico» deja de ser la escasez y pasa a ser la distribución, entonces el programa socialista ya no tiene que basarse en la «austeridad de la transición» (como en la Rusia de los años veinte), sino en la gestión democrática de la abundancia. Eso sí podría ser un programa de transición para el siglo XXI.

    Le gusta a 1 persona

    Avatar de Edu Villamil

    Edu Villamil

    22/05/2026 at 14:23


Dejá tu comentario