Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

El marxismo y la burocracia de Estado

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Días atrás, en una charla para alumnos de la Universidad Nacional de La Pampa, hice referencia a una crítica de Marx al gasto fiscal, a fin de mostrar que los socialistas criticamos el gasto improductivo y, más en general, cuestionamos a la burocracia del Estado. En esta nota amplío el tema. Me mueve a hacerlo el hecho de que la mayoría de la izquierda ha abandonado esta crítica. Una posible razón de ello es la influencia de la ideología del nacionalismo burgués. Es que, según este, la contradicción central de la sociedad hoy está planteada en términos Estado y mercado, de manera que todo lo que engorde al Estado favorecería la lucha por “domar a los mercados”.

Naturalmente, el punto de partida del marxismo es diferente: la contradicción que atraviesa a la sociedad contemporánea no es entre el Estado y el mercado, sino entre el capital y el trabajo, siendo el Estado parte del polo capital. O sea, por encima de tensiones y hasta conflictos que pueda tener con los capitales privados, el Estado es capitalista. Por eso, la burocracia – ese gigantesco cuerpo de funcionarios – que conforma, junto a los organismos de represión y control, la estructura fundamental del Estado, es capitalista. Más en particular, la burocracia, y los organismos represivos, viven de los impuestos, que es valor generado por el trabajo impago de los obreros productivos. La crítica marxista de la burocracia es entonces parte fundamental de la crítica al dominio del capital.

La crítica de Marx

A fin de recuperar esta tradición crítica, que ha sido ahogada por infinitas capas de estatismo burgués, reproduzco el pasaje de Marx al que aludí en la charla. Pertenece a Las luchas de clases en Francia (edición Claridad, Buenos Aires, 1973).

Señala primero que en Francia “la fortuna pública” caía en manos de la alta finanza, debido al creciente endeudamiento del Estado, y plantea que ese endeudamiento tenía por causa continuo exceso de los gastos por sobre los ingresos. Escribe luego:

“Para escapar a este endeudamiento es preciso que el Estado limite sus gastos, es decir, simplifique y reduzca el organismo gubernamental, gobierne lo menos posible, que emplee el menor personal posible, que se ponga lo menos posible en relación con la sociedad burguesa”. Poco más abajo explica que, además de reducir los gastos y evitar las deudas, era necesario “pesar sobre los hombros de las clases más ricas  contribuciones extraordinarias”.

Sin embargo, hacer pesar esas contribuciones sobre las clases más ricas implicaba afectar los intereses de esa misma clase dominante. Por eso Marx se pregunta: “¿Para sustraer la riqueza nacional a la explotación de la Bolsa, el partido del orden debía sacrificar su propia fortuna en el altar de la patria? ¡Pas si bête! (no tan estúpido). Por lo tanto, sin subversión completa del Estado francés, no es posible la subversión del presupuesto público francés” (p. 120; énfasis añadido). Subrayo: la crítica a la estructura burocrática y a la maraña gasto – deuda pública – negociados, enlaza con el llamado a la “subversión completa” del Estado francés. Un planteo bastante más radical que la típica reforma impositiva “progre” con que se suelen entretener los partidos pequeñoburgueses.

Pero todavía más tajante es la crítica a la burocracia estatal contenida en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (aquí). Luego de referirse a la burocracia “omnipotente e inmutable”, Marx escribe: “Los impuestos son la fuente de vida de la burocracia, del ejército, de los curas y de la corte; en una palabra, de todo el aparato del poder ejecutivo. Un gobierno fuerte e impuestos elevados son cosas idénticas. La propiedad parcelaria (se refiere a las parcelas campesinas) se presta por naturaleza para servir de base a una burocracia omnipotente e innumerable”. Y en otro pasaje:

“Se comprende inmediatamente que en un país como Francia, donde el poder ejecutivo dispone de un ejército de funcionarios de más de medio millón de individuos y tiene por tanto constantemente bajo su dependencia más incondicional a una masa inmensa de intereses y existencias, donde el Estado tiene atada, fiscalizada, regulada, vigilada y tutelada a la sociedad civil, desde sus manifestaciones más amplias de vida hasta sus vibraciones más insignificantes, desde sus modalidades más generales de existencia hasta la existencia privada de los individuos, donde este cuerpo parasitario adquiere, por medio de una centralización extraordinaria, una ubicuidad, una omnisciencia, una capacidad acelerada de movimientos y una elasticidad que sólo encuentran correspondencia en la dependencia desamparada, en el carácter caóticamente informe del auténtico cuerpo social, se comprende que en un país semejante, al perder la posibilidad de disponer de los puestos ministeriales, la Asamblea Nacional perdía toda influencia efectiva, si al mismo tiempo no simplificaba la administración del Estado, no reducía todo lo posible el ejército de funcionarios y finalmente no dejaba a la sociedad civil y a la opinión pública crearse sus órganos propios, independientes del poder del Gobierno.

Pero, el interés material de la burguesía francesa está precisamente entretejido del modo más íntimo con la conservación de esa extensa y muy ramificada maquinaria del Estado. Coloca aquí a su población sobrante y completa en forma de sueldos del Estado lo que no puede embolsarse en forma de beneficios, intereses, rentas y honorarios. De otra parte, su interés político la obligaba a aumentar diariamente la represión, y por tanto los recursos y el personal del poder del Estado, a la par que se veía obligada a sostener una guerra ininterrumpida contra la opinión pública y mutilar y paralizar recelosamente los órganos independientes de movimiento de la sociedad, allí donde no conseguía amputarlos por completo”.

Observemos que de lo anterior se desprende una propuesta de programa democrático: simplificar la administración del Estado; reducir todo lo posible el ejército de funcionarios; dejar que la sociedad civil y la opinión pública generen sus órganos propios, independientes del poder del Gobierno. Programa que, de alguna manera, Marx consideró luego que cumplió la Comuna de París. En La guerra civil en Francia escribió: “La Comuna convirtió en una realidad ese tópico de todas las revoluciones burguesas, que es un ‘Gobierno barato’, al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado” (p. 68; edición Fundación Federico Engels). Enfatizamos: gobierno barato, un anhelo democrático elemental (al pasar, ¿por qué diablos la izquierda hoy ha cedido esta bandera a la ultraderecha?).

Agreguemos que Marx consideraba que la Economía Política, en su período clásico, había cumplido un rol progresivo en la crítica a la maquinaria estatal. En este respecto, fue muy importante la distinción entre trabajo productivo e improductivo, realizada por Adam Smith. Según Smith, los funcionarios estatales, los militares, sacerdotes, jueces, y similares, participaban del consumo como parásitos de los trabajadores productivos (que generan plusvalía). Pero posteriormente esa crítica fue abandonada por los ideólogos burgueses. En Teorías de la plusvalía Marx explica ese giro: “En su período clásico, la Economía Política adoptó una muy crítica actitud respecto de la maquinaria del Estado. En una etapa posterior se dio cuenta y –como además aprendió en la práctica – aprendió por la experiencia que la necesidad de la combinación social heredada de todas estas clases, que en parte eran por completo improductivas, surgía de su organización misma” (p. 148, t. 1, edición Cartago).

Precisemos que la crítica de Marx es a la burocracia, a esa red de funcionarios que parasitan y sacan provecho de sus cargos en el Estado, ejerciendo, además, tareas de control y/o represión de las masas trabajadoras. No es una crítica a los trabajadores del Estado que, a cambio de un salario (que muchas veces no alcanza siquiera para reproducir la fuerza de trabajo) contribuyen a la producción y reproducción de lo que puede llamarse capital constante “social” (por caso, obreros estatales dedicados a la obra pública); o a la preparación y conservación de la fuerza de trabajo (trabajadores de la educación o de la salud). Estos trabajadores, aunque no generen plusvalía, son explotados por el capital y su Estado.

Burocracia estatal y corrupción de dirigentes

Lo explicado en el apartado anterior debemos actualizarlo destacando la manera en que el moderno aparato estatal burocrático se ha convertido en un factor de cooptación, corrupción, división y desorganización de movimientos sociales o partidos de tipo izquierdista. En Argentina, por lo menos, es algo muy común (pero compañeros brasileños me dicen que en su país ocurre algo similar, en especial con cuadros del PT). 

Se trata de centenares o incluso miles de dirigentes y activistas, que obtienen puestos – la imaginación para inventar cargos es inagotable – en ministerios, secretarías, subsecretarías, direcciones, a los niveles nacional, provinciales o municipales, más infinidad de  organismos de tipo autonómico. Cargos que les sirven para embolsarse buenas sumas de dinero, sostener punteros políticos y lúmpenes “todo terreno”. Además de ejercer como correas de transmisión de ideologías y políticas que contribuyen a la reproducción del dominio sobre el trabajo. Todo esto en colaboración con burócratas sindicales, dirigentes barriales, funcionarios eclesiásticos, y similares. Y con la ayuda accesoria de intelectuales progres e izquierdistas, dispuestos a justificar cualquier cosa para seguir con la farsa de la “liberación nacional” y “la lucha contra el mercado”. Se asiste así al triste espectáculo de centenares de arribistas, hundidos en la vileza (aunque se llaman a sí mismos “militantes”), arrastrándose sin fin para obtener su tajada en el festín. Indudablemente, son factores de división y desmoralización en las masas. No hay nada en esta manga de parásitos que favorezca a la clase obrera.

Burocracia y el proyecto socialistas

La crítica a la burocracia estatal nos plantea también la cuestión de por qué y cómo la burocracia se reprodujo y amplió en los regímenes llamados socialistas. Tengamos presente que en El Estado y la revolución, y en la tradición de Marx, Lenin también consideró que la burocracia y el ejército permanente son “un parásito adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que dividen a esta sociedad, pero, precisamente, un parásito que tapona los poros vitales” (énfasis añadido). Por eso también, pocas líneas más abajo, reivindica la idea del anarquismo, del Estado “como un órgano parasitario”.

Sin embargo, Lenin pensaba que, una vez que la clase obrera conquistara el poder, con medidas sencillas, como la elegibilidad y revocabilidad de los funcionarios del Estado obrero, y la reducción de sus salarios al nivel del salario de un obrero, se podría llevar a la práctica una democracia proletaria radicalmente nueva. Se haría realidad entonces la demanda del gobierno barato. La disolución del ejército permanente, junto a la creación de la milicia, constituiría el otro pilar de esa democracia de las masas trabajadoras.

Pero a poco de andar el nuevo régimen hubo de constatarse que la burocracia resurgía, se fortalecía y se imponía a los propios funcionarios comunistas (véase la intervención de Lenin en el 11° Congreso del PCUS, marzo – abril de 1922). Y adquiriría proporciones mucho mayores en los 1920 y 1930. Así, hasta la consolidación de la nomenklatura (una extendida capa de burócratas que vivían del trabajo de los obreros y campesinos). Algo similar ocurrió en el resto de los regímenes llamados “socialismos reales”; o en el llamado “socialismo siglo XXI”. Todos los movimientos y partidos que proclamaron la construcción del socialismo “desde arriba” (desde el Partido, desde el Comité Central, desde el líder), terminaron segregando monstruosos aparatos burocráticos. No es casual que las militancias PC y ex PC, los maoístas, castristas y variantes afines, hayan silenciado, sistemáticamente, la crítica marxiana a la burocracia.

Es necesario restablecer la centralidad de la crítica a la burocracia, sea capitalista, u “obrera” (o socialista). Forma parte de la lucha del socialismo con las ideologías burguesas y burocrático-stalinistas.

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Written by rolandoastarita

20/11/2020 a 16:45

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12 comentarios

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  1. Buenas. Muy bueno lo que escribe. Tengo una duda respecto a lo que dice en “(trabajadores de la educación o de la salud). Estos trabajadores, aunque no generen plusvalía, son explotados por el capital y su Estado”.
    La consulta es si se considera que el trabajador de salud no genera plusvalía en tanto es trabajador del Estado pero si es trabajador del sector privado si? Teniendo en cuenta que la mercantilización de los procesos de salud-enfermedad si generan ganancia. Espero se entienda la consulta. Gracias

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    Hernán

    20/11/2020 at 18:17

    • Efectivamente, el que trabaja como asalariado en salud o educación para una empresa privada genera una mercancía (el servicio de salud o educación) que contiene valor y plusvalor. Es por lo tanto un obrero productivo, en el sentido que lo había definido Adam Smith (de acuerdo a la definición “correcta” de trabajo productivo, según Marx). El maestro o médico que trabajan en la escuela o la salud públicas, gratuitas, en cambio, no generan plusvalía. Pero reciben un salario que remunera su fuerza de trabajo (más o menos al mismo nivel que en el sector privado) y abaratan los costos de reproducción de la fuerza de trabajo para el capital de conjunto.

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      rolandoastarita

      21/11/2020 at 10:54

  2. Coincido. En varias oportunidades he discutido con gente que piensa que la realización del comunismo NO implicaría la extinción del Estado (y del Mercado, por supuesto), como sostiene históricamente el marxismo revolucionario, sino todo lo contrario. Para el “ciudadano de a pie”, el “comunismo” lejos de propiciar la extinción progresiva del Estado, equivaldría a un control total del mismo sobre todos los aspectos de la vida social. Obviamente, como se detalla en la presente nota, esto tiene su origen histórico en el fracaso de los “socialismos reales”. Todavía peor: mucha gente simplemente desconoce que la tradición marxista planteó la “extinción del Estado”, en contraposición a su “abolición” como planteaban los anarquistas, y suponen que marxismo=estatización total. Nos guste o disguste, este es el punto de partida.

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    luisgac

    20/11/2020 at 19:39

  3. Ante todo, gracias por recuperar la idea original de la crítica al Estado, que en efecto parece haberse perdido por completo en la historia de la izquierda tradicional.

    Entiendo la diferencia que se plantea en este artículo entre los trabajadores de los sectores públicos de la educación y la salud (que contribuyen a la producción y reproducción de la fuerza de trabajo) y «esa red de funcionarios que parasitan y sacan provecho de sus cargos en el Estado, ejerciendo, además, tareas de control y/o represión de las masas trabajadoras». No está de más la matización que se hace sobre los «trabajadores del Estado que, a cambio de un salario (que muchas veces no alcanza siquiera para reproducir la fuerza de trabajo), contribuyen a la producción y reproducción de lo que puede llamarse capital constante “social” (por caso, obreros estatales dedicados a la obra pública)».

    Sin embargo, existe otro grupo de «trabajadores del Estado» que no sé muy bien cómo habría de caracterizarse. Me refiero a los funcionarios que no trabajan en los sectores salud y educación ni en los cuerpos de represión, que tampoco trabajan como obreros en la obra pública, pero que al igual que estos últimos viven con salarios que apenas alcanzan a reproducir la fuerza de trabajo. Estoy pensando, por ejemplo, en los funcionarios dedicados a la gestión de prestaciones sociales, que son un colectivo muy numeroso aquí en España y que trabajan por sueldos que rondan los 1000 € (téngase en cuenta que el salario mínimo interprofesional actual en España está en 950 €). Quizá podría decirse que estos trabajadores realizan «tareas de control», en la medida en que esas prestaciones sociales (por desempleo, por discapacidad, por insolvencia, por emergencia social, etc.) contribuyen a mantener disciplinada a la clase obrera tanto activa como latente. O quizá podría decirse que realizan «tareas de reproducción», en la medida en que esas mismas prestaciones mantienen la fuerza de trabajo en las condiciones mínimas necesarias para poder seguir funcionando como tal. En el primer caso dichos funcionarios serían asimilados a los funcionarios que trabajan en los cuerpos de represión, mientras que en el segundo caso quedarían equiparados a los funcionarios de los sectores salud y educación. La diferencia es crucial. Me gustaría saber tu opinión al respecto.

    En cualquier caso, me cuesta ver como «parasitarios» a esos funcionarios administrativos del Estado español que gestionan prestaciones a cambio de un sueldo de 1.000 € que ni siquiera les da para acceder a una vivienda en alquiler decente. Supongo que en otros países se darán situaciones similares, pero hablo de España porque es el caso que conozco de primera mano.

    En fin, te agradecería mucho una respuesta a mi pregunta, pero en cualquier caso quiero darte las gracias por todos tus artículos, que los sigo con interés y me ayudan a clarificar mi forma de entender el mundo desde el pensamiento marxista.

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    peixe80

    21/11/2020 at 07:38

    • Tal vez debiera ampliar el tema con otra entrada, para considerar más casos particulares.

      Efectivamente, tiene razón en señalar que hay otros trabajadores estatales que no son productivos (en el sentido de trabajo productivo de Marx), pero son necesarios para el funcionamiento de la sociedad capitalista y, muy posiblemente, de una futura sociedad socialista. Por ejemplo, los que trabajan en documentación de las personas; en contabilidad social; en reglamentaciones referidas a sanidad, medio ambiente. Y así podríamos enumerar muchos otros trabajos. Es muy posible incluso que muchas de esas tareas insuman más personal en una sociedad socialista (o de transición al socialismo). De todas maneras, esto no niega el eje de la crítica de Marx a la burocracia, y su propuesta, derivada de esa crítica, de que es necesario reducir en todo lo posible la gigantesca red de funcionarios que hoy cubren el aparato estatal. Las imágenes (de Marx, Lenin) de una sociedad asfixiada, abrumada, por esa red burocrática, son expresivas de lo que quieren significar.

      Otra cuestión que no desarrollé, pero está señalada por Marx, es el tema del desempleo encubierto que significa una parte del empleo estatal (al menos en Argentina). Marx se refiere a ello como “población sobrante”. Desde un enfoque keynesiano vulgar se considera que generan demanda, y por lo tanto este tipo de trabajos pueden expandirse sin problemas. La izquierda, de alguna manera, consiente este discurso o mira para otro lado. Desde un enfoque científico (esto es, basado en la ley del valor trabajo) hay que decir que son trabajadores improductivos, y que es imposible sostener la demanda en base a ese tipo de gasto fiscal. Un gobierno de la clase obrera, que se planteara la construcción del socialismo, debería encarar este problema. La idea sería trasladar estos trabajadores a empleos productivos, o necesarios socialmente.

      Hay que decir también que en la sociedad capitalista, y dada la amenaza constante del desempleo, o de caer en la miseria, miles de personas deben aceptar ese tipo de empleos estatales que son improductivos (y alienantes, como me decía una vez una trabajadora estatal atada a tareas de ese tipo). Además, da lugar a formas de caciquismo (para emplear un término español) o “clientelismo”, y a la manipulación por parte de todo tipo de políticos burgueses.

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      rolandoastarita

      21/11/2020 at 11:12

  4. Respecto de la oposición q hace el nacionalismo burgués entre estado y mercado. Los críticos marxistas del stalinismo, v gr quienes lucharon por la Primavera de Praga, sostenían q había q restablecer mecanismos de mercado dentro de la economía socialista pues sin el mercado, al margen de la ineficiencia económica, se requería un ejército adicional de burócratas q retroalimentaba el poder político del pequeño Stalin de turno. Cuando hoy las superestructuras políticas burguesas atacan el “mercado” lo hacen, claramente, para fortalecer su status político y ventajas económicas. Cual socios de los capitalistas pero sin suscribir acciones. Y encima, en nombre del pueblo.

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    santiago

    21/11/2020 at 14:16

  5. Rolando

    En la página 373 del AntiDühring, editado por la Fundación Federico Engels, Engels afirma lo siguiente:

    “Algunos de esos medios de producción y transporte son ya por sí mismos tan colosales que, como ocurre con los ferrocarriles, excluyen cualquier otra forma de explotación capitalista. Pero, llegados a un cierto nivel de desarrollo, ya no basta siquiera esa forma: el representante oficial de la sociedad capitalista, que es el Estado, se ve obligado a asumir la dirección.59 Esta necesidad de transformación en propiedad del Estado aparece ante todo en las grandes empresas que sirven a la organización del transporte y las comunicaciones: los correos, el telégrafo, los ferrocarriles.”

    Y en la nota el pie aclara los siguiente:

    “59. Digo que se ve obligado. Pues sólo cuando los medios de producción o del transporte han rebasado realmente la posibilidad de ser dirigidos por sociedades anónimas, sólo cuando la estatización se ha hecho inevitable económicamente, y sólo en este caso, significa esa medida un progreso económico, aunque sea el actual Estado el que la realiza: significa la consecución de un nuevo estadio previo a la toma de posesión de todas las fuerzas productivas por la sociedad misma. Pero, recientemente, desde que Bismarck se dedicó también a estatizar, se ha producido cierto falso socialismo —que ya en algunos casos ha degenerado en servicio al Estado existente— para el cual toda estatización, incluso la bismarckiana, es sin más socialista. La verdad es que si la estatización del tabaco fuera socialista, Napoleón y Metternich deberían contarse entre los fundadores del socialismo. Cuando el Estado belga construyó sus propios ferrocarriles por motivos políticos y financieros muy vulgares, o cuando Bismarck estatizó sin ninguna necesidad económica las líneas férreas principales de Prusia, simplemente por tenerlas mejor preparadas para la guerra y poder aprovecharlas mejor militarmente, así como para educar a los funcionarios de ferrocarriles como borregos electorales del gobierno y para procurarse, ante todo, una fuente de ingresos nueva e independiente de las decisiones del parlamento, en ninguno de esos casos se dieron, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, pasos socialistas. De serlo éstos, también serían instituciones socialistas la Real Compañía de Navegación, las Reales Manufacturas de Porcelana y hasta los sastres de compañía del ejército. (Nota de Engels.)”

    En estos párrafos surgen algunas cuestiones. En muchos aspectos la burocracia del estado crece por “que se ve obligado a asumir la dirección” de grandes empresas, debido a que no existe la capacidad de ser dirigidas por la burguesía.

    Por otro lado es curioso cuando Engels plantea que Bismarck estatizó los ferrocarriles “sin ninguna necesidad económica” por tres motivos: para estar preparado para la guerra y, algo extremadamente interesante, “para educar a los funcionarios de ferrocarriles como borregos electorales del gobierno” y para disponer de financiamiento sin control del parlamento.

    En otras palabras, para Engels el desarrollo de la burocracia del estado se daría por “necesidades económicas” o por conveniencias del caudillo de turno. Para clientelismo político -borregos electorales-, literalmente.

    Según el economista venezolano Manuel Sutherland, el régimen chavista, con sus estatizaciones de empresas, incrementó la burocracia estatal de 900 mil a 4 millones de empleados públicos. Creó un aparato burocrático gigantesco e inútil. Todas las empresas estatizadas quebraron. Es un estado absolutamente parasitario.

    Por otro lado, ante esta posición de Engels sobre las estatizaciones -no es una cuestión de principios para él-, ¿Cómo se explicaría el fanatismo casi evangélico de los grupos trotskistas que en todas sus consignas siempre aparece la propuesta de estatizar todo, cuando el régimen chavista demostró que fue un desastre completo?

    Pareciera que para los grupos trotskistas, en contra de lo que opina Engels, estatizar es “marchar hacia el socialismo”. De esta forma apoyaron al régimen chavista a construir un monstruo burocrático capitalista, el estado venezolano, con 4 millones de empleados públicos.

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    La duda metódica

    21/11/2020 at 19:23

  6. Muy interesante el rescate de la crítica al Estado y en particular a la burocracia. Lenin menciona que extinguido el Estado continúa la “administración de las cosas” ¿Esa no es un tipo de burocracia? Pienso: hay tareas que consisten en controlar que determinadas actividades económicas sean desarrolladas respetando determinados estándares. Ese tipo de tareas creo que serán necesarias. Pienso por ejemplo en un organismo que controla, o debería controlar, el estado de seguridad estructural y de funcionamiento de las represas. Eso sería burocracia, o “administración de las cosas”. Digo, así como hay tareas de control en los lugares de trabajo, que se fundametan en el antatonismo de la relación capital-trabajo, y que corresponden al capitalista, también hay tareas de control propias del proceso de trabajo que existirán aunque no exista más la burguesía. De la misma manera se puede pensar que hay tareas que desarrolla el Estado que tienen su razón de ser en el antagonismo de clase pero que otras tareas no están relacionadas con el antagonismo aunque reciban su impronta. Esta idea de Estado, como manifestación y producto de una sociedad dividida en clases tiene características que lo distinguen (aparato represivo, justicia propietaria, cárceles, que deberían tender a desaparecer). Otras en cambio podrían llegar a ser lo que Lenin llamaba “la administración de las cosas”. Me interesa saber qué opina acerca de las tareas que deberían continuar en la nueva sociedad o si piensa que para eso no es necesaria una estructura de tipo burocrática y podrían ser realizadas de alguna otra forma.

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    Lucas

    23/11/2020 at 01:49

    • Coincido en que en una sociedad de transición al socialismo habrá tareas de control y administración imprescindibles. El tema es cómo lograr que las mismas estén bajo escrutinio público, y se limiten a lo necesario. En la sociedad capitalista los funcionarios están por fuera del control del pueblo, y los cargos y funciones se inflan sin cesar (de ahí la referencia de Marx a la red burocrática que asfixia a la sociedad). Sobre la participación ciudadana en una futura sociedad socialista en el control y la administración, un problema es la tendencia a delegar. Esto es, a desentenderse del asunto, en especial una vez que se aquieta la ola revolucionaria. Por ejemplo, sea por cansancio, necesidades de proveerse lo básico, desaliento, u otros factores, pocos meses después del triunfo de la Revolución de octubre disminuía notoriamente la participación en los soviets. No es un tema menor para una revolución (de hecho, también se plantea en otros ámbitos; por ejemplo, en un sindicato que quiera ser democrático, y que los trabajadores participen activamente en el control e incidan, al menos, en su gestión).

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      rolandoastarita

      23/11/2020 at 08:37

  7. “Todos los movimientos y partidos que proclamaron la construcción del socialismo ‘desde arriba'”
    ¿Acaso hay alguno que lo ha hecho “desde abajo”?
    Cuando llegan al poder todos se corrompen, aquí no hay diferencia de izquierda ni de derecha, todos son iguales. Basta decir que los obreros piden las fábricas arruinadas en la competencia capitalista para sacarlas “a flote”, porque creen que la cuestión es de administrador.
    Hoy en El País, Leopoldo López el burgués venezolano que abandonó Venezuela y vive ahora cómodo en España a costa del contribuyente español y agasajado por la derecha y extrema derecha, dice que lo de Venezuela no es ni de derecha ni de izquierda, es de democracia. ¡Claro si es que la democracia es el modelo político óptimo del capitalismo!. Y los marxistas han creído toda la vida que era la dictadura.
    Eso es lo terrible del capitalismo que no tiene sepultureros.

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    Ramón

    23/11/2020 at 16:19

  8. Habría que tratar también esa parte del gasto público destinada a salario global. Los estados modernos cumplen esta función de socializar una parte del salario, en forma de subsidios, pensiones, sanidad, etc…

    No parecería muy progresista pedir la disminución de esto por ser “gasto improductivo”. Y de hecho es donde primero intentan meter la tijera los liberales de turno.

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    David Martín

    24/11/2020 at 06:31

    • En la nota se distingue entre salario de los trabajadores y gasto en la burocracia. De todas maneras, es necesario precisar que los servicios de salud y educación pública representan una socialización de los gastos del capital en la reproducción y mantenimiento de la fuerza de trabajo. Esta cuestión es importante para responder a un argumento que es muy común entre los partidarios del estatismo burgués, y que dice que los trabajadores estatales (como docentes o médicos y enfermeros) deben sacrificarse por el beneficio público. He tratado más extensamente estas cuestiones en otras entradas. Por ejemplo aquí.

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      rolandoastarita

      24/11/2020 at 08:20


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