Respuesta a una crítica de Jorge Altamira

Días pasados un lector del blog me preguntó mi opinión acerca de la afirmación de Jorge Altamira (dirigente de Política Obrera) de que en Argentina hay una situación prerrevolucionaria. Respondí (aquí) que la situación en Argentina no es prerrevolucionaria y a fin de dar una perspectiva más general dije que Trotsky, en el Programa de Transición, cometió el error de caracterizar la situación mundial como prerrevolucionaria siendo que la clase obreras estaba, a fines de los 1930, en retroceso.
Pues bien, en el periódico Política Obrera del 29/11/2023 Jorge Altamira (en adelante JA) dedica un artículo (aquí) a responderme. En él reafirma que hoy la situación en Argentina es prerrevolucionaria. Escribe: “Durante seis meses [se refiere al período mayo a noviembre de 2023] Argentina fue una especie de República de Weimar o de Rusia pos monarquía”. La República de Weimar estuvo en Alemania entre 1918 y 1933 (año en que subió al poder Hitler). La Rusia pos-monarquía hace referencia al período febrero – octubre de 1917. Dedico esta nota a los argumentos de JA. Empiezo por la noción de situación revolucionaria en Lenin y Trotsky.
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El presidente electo Javier Milei anunció la creación del Ministerio del Capital Humano, en el que se fusionarán las actuales carteras de Salud, Educación, Trabajo y Desarrollo Social. En esta nota analizamos críticamente la noción de capital humano. Básicamente sostenemos que se trata de un concepto apologético del capitalismo y mistificador de la explotación del trabajo por el capital.
La teoría del capital humano
La ideología que sustenta la creación del Ministerio del Capital Humano se asocia a la llamada Teoría del capital humano (en adelante TCH). En sustancia la TCH dice que una inversión hoy en seres humanos tiene una retribución en el futuro. Esa inversión puede ser en: a) servicios de salud; b) formación profesional; c) educación en los tres niveles: primario, secundario y terciario; d) programas de estudio para adultos, organizados fuera de las empresas; e) migraciones familiares o personales para buscar otro trabajo. Sin embargo, el factor fundamental sería la educación. La secuencia: a mayor educación y formación, mayor productividad marginal; y por lo tanto mayor salario (que es igual a la productividad marginal). Según la TCH, la inversión en capital humano explica la mayor parte de los aumentos de los ingresos por trabajador. Por lo cual la inversión en educación pasa a ser clave para el desarrollo económico. En este enfoque se considera a las consecuencias de la inversión en el ser humano como una forma de capital.
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Por estos días un lector del blog envió un comentario requiriendo mi opinión acerca de la afirmación de Jorge Altamira sobre que, en Argentina “no estamos en una etapa de reacción política sino de tendencias prerrevolucionarias”. En lo que sigue reproduzco, con algunas modificaciones de forma, mi respuesta, y agrego varias consideraciones.
Empecemos diciendo que lo de JA es lo que repiten los grupos trotskistas casi sin variación desde hace décadas. No importan las derrotas o retrocesos más o menos circunstanciales del movimiento obrero, la idea es que las masas trabajadoras están dispuestas a luchar, pero son traicionadas por las direcciones sindicales (o por las direcciones políticas reformistas, stalinistas, nacionalistas, etcétera). Esta idea la combinan con la tesis de que el capitalismo ya no desarrolla las fuerzas productivas. Por lo cual concluyen que “la situación es objetivamente revolucionaria”; o están latentes las “tendencias revolucionarias” (o prerrevolucionarias). Es cierto que en determinados períodos se tuvo que admitir que hubo derrotas de la clase obrera. Por caso, cuando triunfaron los golpes militares en los 1970 en Chile, Uruguay, Argentina. O ante el ascenso de Hitler al poder. Sin embargo, lo que prevalece por sobre los retrocesos es “la disposición de lucha de las masas trabajadoras”.
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Una breve muestra de lo confusos y hasta contradictorios que son algunos argumentos que se manejan en la izquierda.
Partidos y militantes del FIT, y allegados, sostienen:
a) El principal problema que enfrentan los trabajadores y Argentina (trabajadores = nación) es la sujeción neocolonial del país al FMI y a EEUU;
b) Massa es «el hombre de la embajada», el representante de los intereses de la potencia imperialista. Votar a Massa es entonces votar por el imperialismo, «el enemigo principal» (confesa terminología setentista).
c) Massa y el peronismo ayudaron a establecer a Milei (para debilitar a JxC).
d) Un triunfo de Milei es cualitativamente más peligroso para los trabajadores que un triunfo de Massa, porque Milei encarna un fascismo –o un bonapartismo dictatorial- en ascenso, mientras Massa, con la embajada, está por mantener una democracia capitalista «al uso» (recortada, autoritaria, etcétera).
De manera que (a) y (b) dicen que no habría voto más perjudicial para los trabajadores que el voto a Massa. El «enemigo principal» es el imperialismo.
Sin embargo (d) dice que el voto a Massa (el “hombre de la embajada”) es progresivo porque el mayor peligro hoy no es «la embajada» sino el fascismo, o el bonapartismo dictatorial, en ascenso y encarnados en Milei. Entonces, ¿unidad de acción con la embajada, contra el fascismo?
Con el condimento de (c) que dice que votar a Massa y al peronismo para frenar a Milei es votar por quienes ayudaron a Milei a «representar hoy el principal peligro para los trabajadores y la Patria».
¿Qué lógica tiene todo esto? Pero a no desanimarse; ya surgirá algún ingenioso que nos dirá que estamos ante un «elevado pensamiento, tan dialéctico como estratégico». Faltaba más.
De nuevo sobre el balotaje y la izquierda

En la anterior nota (aquí) dedicada al balotaje y la izquierda sostuvimos que cuando se enfrentan electoralmente, y como única alternativa, un partido fascista y otro democrático-burgués, es lógico que la izquierda llame a votar a este último. Dijimos también que Milei y LLA no configuran en el presente una corriente fascista; es una expresión de ultraderecha, pero no fascista. En esa nota también dijimos que la postura que nos parece más coherente y apropiada, desde un enfoque socialista, es el voto en blanco o la abstención en el balotaje del 19 de noviembre.
En Comentarios del blog esta propuesta fue criticada por algunos lectores con un argumento que es sumamente atendible. En síntesis, sostuvieron: a) Aunque Milei y LLA no son fascistas, encarnan una propuesta dictatorial represiva; b) por lo tanto, la izquierda debe votar a Massa y a la UxP para detener el avance del golpismo o el bonapartismo militarista. Incluso un lector se preguntó cómo es posible que alguien que pasó por el secuestro y la tortura en 1976 (es mi caso) no vote a Massa para frenar al “Videla 2024”. En lo que sigue respondo a esta crítica.
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Carta de renuncia de Craig Mokhiber, Director de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Nueva York.
Esta será mi última comunicación oficial como director de la Oficina de Nueva York de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).
Le escribo en un momento de gran angustia para el mundo, incluidos muchos de nuestros colegas. Una vez más, somos testigos de un genocidio que se desarrolla ante nuestros ojos, y la Organización a la que servimos parece impotente para detenerlo. Como alguien que ha investigado los derechos humanos en Palestina desde la década de 1980, vivió en Gaza como asesor de derechos humanos de la ONU en la década de 1990 y llevó a cabo varias misiones de derechos humanos en el país antes y después de esos períodos, esta situación me afecta personalmente.
También fue en estas oficinas de la ONU donde trabajé durante los genocidios contra los tutsis, los musulmanes bosnios, los yazidíes y los rohinyás. En cada caso, a medida que se asentaba el polvo sobre los horrores perpetrados contra poblaciones civiles indefensas, se hizo dolorosamente evidente que habíamos fallado en nuestro deber de cumplir con los imperativos de prevenir atrocidades masivas, proteger a los vulnerables y hacer que los perpetradores rindan cuentas. Lo mismo ha ocurrido con las sucesivas oleadas de asesinatos y persecución de palestinos a lo largo de la existencia de las Naciones Unidas.
Alta Comisionada, estamos fracasando una vez más.
Como abogado de derechos humanos con más de treinta años de experiencia en este campo, soy muy consciente de que el concepto de genocidio ha sido a menudo objeto de abusos políticos. Pero la actual matanza del pueblo palestino, arraigada en una ideología colonial etnonacionalista, una continuación de décadas de persecución y limpieza sistemáticas, basadas enteramente en su condición de árabes, y junto con declaraciones explícitas de intenciones por parte de los líderes del gobierno y el ejército israelíes, no deja lugar a dudas ni debates. En Gaza, hogares, escuelas, iglesias, mezquitas e instalaciones médicas están siendo atacados sin motivo y miles de civiles están siendo masacrados. En Cisjordania, incluida la Jerusalén ocupada, las viviendas son confiscadas y reasignadas únicamente en función de la raza. Además, los pogromos violentos perpetrados por los colonos van acompañados de unidades militares israelíes. En todo el país reina el apartheid.
Este es un caso de genocidio de manual. El proyecto colonial europeo y etnonacionalista de colonización en Palestina ha entrado en su fase final, hacia la destrucción acelerada de los últimos vestigios de la vida palestina autóctona en Palestina. Lo que es más, los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido y gran parte de Europa son totalmente cómplices de este horrible asalto. Estos gobiernos no solo se niegan a cumplir con sus obligaciones de «garantizar el cumplimiento» de las Convenciones de Ginebra, sino que arman activamente la ofensiva, brindan apoyo económico, inteligencia y encubren política y diplomáticamente las atrocidades de Israel.
De acuerdo con todo esto, los medios corporativos occidentales, cada vez más a instancias de los gobiernos, están violando completamente el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, deshumanizando incesantemente a los palestinos para justificar el genocidio y difundiendo propaganda de guerra y llamamientos al odio nacional. declaraciones raciales o religiosas que constituyan incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia. Las empresas de redes sociales con sede en Estados Unidos ahogan las voces de los activistas de derechos humanos mientras amplifican la propaganda pro-Israel. Los policías de Internet del lobby israelí y GONGOS acosan y difaman a los defensores de los derechos humanos, y las universidades y los empleadores occidentales colaboran con ellos para castigar a quienes se atreven a denunciar las atrocidades. A raíz de este genocidio, estos actores también tendrán que rendir cuentas, como fue el caso de Radio des Milles Collines en Ruanda.
En tales circunstancias, nuestra organización está más llamada que nunca a actuar de manera eficaz y basada en principios. Pero no estuvimos a la altura de ese desafío. El poder protector del Consejo de Seguridad ha sido bloqueado una vez más por la intransigencia de los Estados Unidos, el Secretario General está siendo atacado por sus mezquinas protestas, y nuestros mecanismos de derechos humanos están siendo objeto de ataques calumniosos apoyados por una red organizada en línea que defiende la impunidad.
Décadas de distracción por las promesas ilusorias y en gran medida decepcionantes de Oslo han distraído a la Organización de su deber esencial de proteger el derecho internacional, los derechos humanos y la propia Carta. El mantra de la «solución de dos Estados» se ha convertido en una broma abierta en los pasillos de las Naciones Unidas, tanto por su absoluta imposibilidad en la práctica como por su total fracaso a la hora de tener en cuenta los derechos humanos inalienables del pueblo palestino. El llamado «Cuarteto» no es más que una hoja de parra para la inacción y la sumisión a un statu quo brutal. La referencia (escrita por Estados Unidos) a «acuerdos entre las propias partes» (en lugar del derecho internacional) siempre ha sido un evidente juego de manos, destinado a fortalecer el poder de Israel contra los derechos de los palestinos ocupados y desposeídos.
Señor Alto Comisionado, me incorporé a esta Organización en el decenio de 1980 porque encontré una institución basada en principios y normas que estaban decididamente del lado de los derechos humanos, incluso en los casos en que los poderosos Estados Unidos, el Reino Unido y Europa no estaban de nuestro lado. Mientras mi propio gobierno, sus instituciones subsidiarias y gran parte de los medios de comunicación norteamericanos seguían apoyando o justificando el apartheid sudafricano, la opresión israelí y los escuadrones de la muerte centroamericanos, las Naciones Unidas defendían a los pueblos oprimidos de esos países. Teníamos el derecho internacional de nuestro lado. Teníamos los derechos humanos de nuestro lado. Teníamos los principios de nuestro lado. Nuestra autoridad estaba arraigada en nuestra integridad. Pero ese ya no es el caso.
En las últimas décadas, importantes miembros de las Naciones Unidas han cedido ante el poder de Estados Unidos y el miedo al lobby israelí, abandonando estos principios y renunciando al propio derecho internacional. Hemos perdido mucho en este abandono, incluida nuestra propia credibilidad global. Pero es el pueblo palestino el que ha sufrido las mayores pérdidas a causa de nuestros fracasos. Irónicamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) fue adoptada el mismo año en que se perpetró la Nakba contra el pueblo palestino.
Al conmemorar el 75º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, haríamos bien en abandonar el manido mito de que la DUDH nació de las atrocidades que la precedieron, y admitir que nació al mismo tiempo que uno de los genocidios más atroces del siglo XX, el de la destrucción de Palestina. En cierto modo, los autores de la Declaración prometieron derechos humanos a todos, excepto al pueblo palestino. Tampoco olvidemos que las Naciones Unidas cometieron el pecado original de facilitar el despojo del pueblo palestino al ratificar el proyecto colonial europeo que se apoderó de tierras palestinas y las entregó a los colonos. Tenemos mucho por lo que disculparnos.
Pero el camino de la expiación es claro. Tenemos mucho que aprender de la postura de principios adoptada en los últimos días en ciudades de todo el mundo, donde millones de personas se manifiestan en contra del genocidio, incluso a riesgo de ser golpeadas y detenidas. Los palestinos y sus aliados, los activistas de derechos humanos de todas las tendencias, las organizaciones cristianas y musulmanas, y las voces judías progresistas que dicen «no en nuestro nombre», están liderando el camino. Todo lo que tenemos que hacer es seguirlos.
Ayer, a pocas cuadras de aquí, la Grand Central Station de Nueva York fue completamente invadida por miles de defensores judíos de los derechos humanos, que se solidarizaron con el pueblo palestino y exigieron el fin de la tiranía israelí (muchos de los cuales corren el riesgo de ser arrestados). Al hacerlo, barrieron en un instante el argumento propagandístico de la hasbara israelí (y el viejo cliché del antisemitismo) de que Israel representa de alguna manera al pueblo judío. Este no es el caso. Y, como tal, Israel es el único responsable de sus crímenes. A este respecto, vale la pena repetir, a pesar de las calumnias del lobby israelí, que las críticas a las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel no son antisemitas, como tampoco las críticas a las violaciones saudíes son islamófobas, las críticas a las violaciones de Myanmar son antibudistas o las críticas a las violaciones indias son antihindúes. Cuando buscan silenciarnos calumniándonos, en lugar de silenciarnos, debemos alzar la voz. Espero que esté de acuerdo, Sr. Alto Comisionado, en que esta es la esencia de decir la verdad al poder.
Pero también encuentro esperanza en todos los miembros de las Naciones Unidas que, a pesar de las enormes presiones, se han negado a comprometer los principios de derechos humanos de la Organización. Nuestros relatores especiales independientes, comisiones de investigación y expertos de los órganos creados en virtud de tratados, así como la mayoría de nuestro personal, han seguido defendiendo los derechos humanos del pueblo palestino, incluso cuando otros miembros de las Naciones Unidas (incluso al más alto nivel) se han inclinado vergonzosamente ante los poderosos. En su calidad de guardián de las normas de derechos humanos, el ACNUDH tiene el deber especial de velar por ellas. Nuestra tarea, creo, es hacer oír nuestra voz, desde el Secretario General hasta el último recluta de la ONU y horizontalmente, en todo el sistema de la ONU, insistiendo en que los derechos humanos del pueblo palestino no se debatan, negocien o comprometan en ningún lugar bajo la bandera azul.
Entonces, ¿cómo sería una posición basada en las normas de la ONU? ¿En qué estaríamos trabajando si fuéramos fieles a nuestras exhortaciones retóricas sobre los derechos humanos y la igualdad para todos, la rendición de cuentas de los delincuentes, la reparación de las víctimas, la protección de los vulnerables y el empoderamiento de los titulares de derechos, todo ello en el marco del Estado de Derecho? La respuesta, creo, es simple: si tenemos la lucidez para ver más allá de las cortinas de humo propagandísticas que distorsionan la visión de justicia a la que hemos hecho un juramento, el coraje para abandonar el miedo y la deferencia a los Estados poderosos y la voluntad de levantar la bandera de los derechos humanos y la paz. Es cierto que se trata de un proyecto a largo plazo y de un camino empinado. Pero debemos empezar ahora, a menos que nos rindamos a un horror indescriptible. Veo diez puntos clave:
1. Acción legítima: En primer lugar, en las Naciones Unidas debemos abandonar el paradigma fallido (y en gran medida falaz) de Oslo, su ilusoria solución de dos Estados, su Cuarteto impotente y cómplice, y la subversión del derecho internacional a los dictados de sus supuestos méritos políticos. Nuestras posiciones deben basarse inequívocamente en los derechos humanos y en el derecho internacional.
2. Una visión clara: Debemos dejar de fingir que se trata simplemente de un conflicto territorial o religioso entre dos partes enfrentadas y admitir la realidad de la situación, que es que un Estado con un poder desproporcionado está colonizando, persiguiendo y despojando a una población indígena por su etnia.
3. Un Estado único basado en los derechos humanos: Debemos apoyar el establecimiento de un Estado único, democrático y laico en toda la Palestina histórica, con igualdad de derechos para cristianos, musulmanes y judíos, y, en consecuencia, el desmantelamiento del proyecto colonialista profundamente racista y el fin del apartheid en todo el territorio.
4. Lucha contra el apartheid: Debemos reorientar todos los esfuerzos y recursos de la ONU a la lucha contra el apartheid, como hicimos con Sudáfrica en las décadas de 1970, 1980 y principios de la de 1990.
5. Retorno e indemnización: Debemos reafirmar e insistir en el derecho al retorno y a la plena indemnización para todos los palestinos y sus familias que viven actualmente en los territorios ocupados, el Líbano, Jordania, Siria y la diáspora en todo el mundo.
6. Verdad y justicia: Debemos exigir un proceso de justicia transicional, que aproveche al máximo las décadas de investigaciones, investigaciones e informes acumulados por la ONU, con el fin de documentar la verdad y garantizar la rendición de cuentas de todos los criminales, la compensación de todas las víctimas y la reparación de las injusticias documentadas.
7. Protección: Debemos insistir en el despliegue de una fuerza de protección de la ONU con recursos suficientes y un mandato firme para proteger a los civiles desde el río hasta el mar.
8. Desarme: Debemos abogar por la retirada y destrucción de los arsenales masivos de armas nucleares, químicas y biológicas de Israel, evitando así que el conflicto conduzca a la destrucción total de la región y, quién sabe, más allá.
9. Mediación: Debemos reconocer que Estados Unidos y otras potencias occidentales no son mediadores creíbles, sino partes en el conflicto, que son cómplices de Israel en la violación de los derechos palestinos, y debemos enfrentarlos como tales.
10. Solidaridad: debemos abrir nuestras puertas (y las de la Secretaría General) a las legiones de defensores de los derechos humanos palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que se solidarizan con el pueblo de Palestina y sus derechos, y poner fin al flujo incontrolado de grupos de presión israelíes a las oficinas de los líderes de la ONU, donde abogan por la continuación de la guerra. la persecución, el apartheid y la impunidad, al tiempo que denigran a nuestros defensores de los derechos humanos por su postura de principios sobre los derechos palestinos.
Tardará años en llegar allí, y las potencias occidentales lucharán contra nosotros en cada paso del camino, por lo que tenemos que ser firmes. Debemos trabajar por un alto el fuego inmediato y el fin del asedio de Gaza, oponernos a la limpieza étnica de Gaza, Jerusalén, Cisjordania (y otros lugares), documentar el ataque genocida contra Gaza, ayudar a proporcionar a los palestinos ayuda humanitaria masiva y reconstrucción, cuidar a nuestros colegas traumatizados y sus familias, y luchar con todas sus fuerzas para garantizar que el enfoque de las oficinas políticas de las Naciones Unidas se base en principios.
El fracaso de las Naciones Unidas en Palestina hasta ahora no es razón para que nos demos por vencidos. Por el contrario, debería alentarnos a abandonar el paradigma del pasado que ha fracasado y a adoptar plenamente un curso de acción más basado en principios.
Como ACNUDH, unámonos con valentía y orgullo al movimiento contra el apartheid que está creciendo en todo el mundo, añadiendo nuestro logotipo a la bandera de la igualdad y los derechos humanos del pueblo palestino. El mundo está mirando. Todos tendremos que rendir cuentas de nuestra posición en este momento crucial de la historia. Pongámonos del lado de la justicia.
Gracias, Alto Comisionado Volker, por escuchar este último llamamiento de mi oficina. Dentro de unos días dejaré la Oficina por última vez, después de más de tres décadas de servicio. Pero no dude en ponerse en contacto conmigo si puedo ser útil en el futuro.
Le ruego acepte, señor Presidente, la expresión de mis distinguidos saludos,
Craig Mokhiber
El balotaje del 19/11 y la izquierda

Lectores del blog me preguntan qué pienso de la posición que debería adoptar la izquierda frente al balotaje del próximo 19 de noviembre. En lo que sigue presento una respuesta tentativa.
Antes de entrar en el tema preciso que en lo que sigue me refiero exclusivamente a la izquierda que no integra Unión por la Patria (UxP). El PC, el PCR (CCC), la izquierda peronista, con las excusas y matices que se quiera, participan orgánicamente en el oficialismo.
Balotaje y fascismo
Es claro que en caso de que se enfrenten en balotaje un candidato de la democracia burguesa y un fascista, la izquierda debe votar al primero, sin por ello apoyar su programa, discurso y estrategia. No da igual que gane las elecciones un fascista, que un demócrata liberal, aunque ambos sean igualmente capitalistas. Por eso, históricamente, el socialismo nunca llamó a votar en blanco frente al fascismo; por ejemplo, Trotsky no llamó al voto en blanco cuando el Frente Popular se enfrentó con las derechas en las elecciones españolas de 1936.
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En lo que sigue cito y reseño la nota “Demolición de casas en Jerusalén Oriental: “Nos castigan por lo de Gaza”, de la enviada especial de La Nación, Elisabetta Piqué, publicada el 25/10/2023. En ella da testimonio de la destrucción, por medio de una topadora, de la humilde vivienda de 40 metros cuadrados donde vivía Ahmed Hmedat, electricista, de 35 años, junto a su mujer y dos chicos de 5 y 6 años, en el barrio de Tsur Baher, en la parte suroriental de Jerusalén, y muy cerca del muro de cemento que separa esta parte de Cisjordania.
“No tengo más casa, la semana que viene mi mujer dará a luz y no sé qué voy a hacer” dice Ahmed desesperado. Aunque la pesadilla hecha realidad que acaba de presenciar es parte de una política de derribo de casas de palestinos en la parte oriental de Jerusalén, denunciada por varios organismos internacionales y que se remonta a varias décadas atrás”.
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Informo a los lectores del blog que a partir de ahora no publicaré ningún comentario que defienda o justifique, sea por la razón que sea, el racismo, o a políticas o regímenes racistas, del tipo apartheid. Esta disposición no la pongo a debate. El objetivo con que construí este espacio fue para contribuir a la pelea contra toda forma de explotación y opresión. Lo menos que deseo es que sea utilizado para amparar al racismo bajo cualquiera de sus formas.
Refugiados, Gaza arrasada y la acusación al FIT de nazi

Uno de los silencios más atronadores de los políticos y periodistas que defienden la política de Israel sea el que existe en torno a los millones de refugiados palestinos. Aunque peor es la acusación de «nazi» y «antisemita» a todo aquel que denuncia el apartheid de Israel y los desalojos de los palestinos de sus tierras. En este respecto, el caso extremo es el diputado Waldo Wolf, quien escribió: «No hay diferencia entre el nacional socialismo y la izquierda de Bregman», y pidió que se declare «grupo terrorista» al FIT-U.
Pues bien, en este marco es interesante la nota de los periodistas Jack Jeffery y Samy Magdy, de la Agencia AP, “Por qué los vecinos de Israel no quieren más refugiados”, reproducida en La Nación 20/10/2023.
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