Socialismo “nacional” y la teoría marxista del dinero

En la entrada anterior (aquí) criticamos la idea de que es posible construir el socialismo en un solo país. En oposición a esta tesis, y de acuerdo a la tradición de Marx, Engels, Trotsky y Lenin, entre otros, sostuvimos que el socialismo solo podrá construirse sobre el desarrollo más elevado que alcanzaron las fuerzas productivas bajo el capitalismo; y ese desarrollo solo puede entenderse a escala del mercado mundial. Por eso, concluimos, el destino de cualquier revolución socialista en los marcos de una nación se decidirá finalmente en la arena internacional. En este respecto sostuvimos también que es necesario explicar esta cuestión en la propaganda y agitación socialista (algo que raramente se hace… ¿acaso porque disminuye las posibilidades electorales?).
En esta entrada ampliamos el argumento “internacionalista” en base a la teoría monetaria de Marx. En lo esencial, afirmamos que es imposible suprimir la relación entre la moneda nacional y la moneda de referencia internacional. Lo desarrollamos a continuación.
Dinero y la tesis stalinista del socialismo en un solo país
Empezamos con la crítica de Trotsky a la política monetaria del stalinismo en la URSS, en las décadas de 1920 y 1930. Hemos explicado esta cuestión en una nota anterior, dividida en cuatro secciones (aquí, aquí, aquí, aquí). Lo central: la construcción del socialismo implicará la superación del mercado y el dinero, y el mercado y el dinero no podrán abolirse por decreto ni medidas administrativas. Tampoco mediante la construcción de alguna forma de socialismo “nacional”, o “patriota” (¿se acuerdan de “La patria socialista” de los 1970s en Argentina?).
En su aspecto más general, Trotsky trata el asunto en La Revolución Traicionada: “En la sociedad comunista, el Estado y el dinero desaparecerán y su agonía progresiva debe comenzar en el régimen soviético. No se podrá hablar de victoria real del socialismo más que a partir del momento histórico en que el Estado sólo lo sea a medias y en que el dinero comience a perder su poder mágico”. (…)
“El dinero no puede ser “abolido” arbitraria mente, no podrían ser “eliminados” el Estado y la familia; tienen que agotar antes su misión histórica, perder su significado y desaparecer”. Trotsky preveía que en un régimen socialista el dinero “se reducirá a un cómodo medio de contabilidad para la estadística y para la planificación; después, es probable que ya no sea necesario ni aun para esto”. Pero eso sería en el futuro. La estatización de los medios de producción, del crédito, el monopolio del comercio exterior, la legislación sobre la herencia, ponían límites a la acumulación personal del dinero y dificultaban que se transformara en capital privado, usurario, comercial e industria”. Pero las funciones del dinero no desaparecerían: “… las funciones más elementales del dinero, medida de valor, medio de circulación y de pago, se conservarían y adquirirían, al mismo tiempo, un campo de acción más amplio que el que tuvieron en el régimen capitalista”. Debería haber agregado que tampoco podría desaparecer la relación de la moneda soviética con el dinero mundial. Aunque esta idea, de hecho, está implicada en la funciones del dinero, tomadas por Trotsky de El capital.
Más abajo insiste: “El papel del dinero en la economía soviética, lejos de haber terminado, debe desarrollarse a fondo. La época transitoria entre el capitalismo y el socialismo, considerada en su conjunto, no exige la disminución de la circulación de mercancías, sino, por el contra rio, su extremo desarrollo”. Por ejemplo, la desaparición de la economía rural que producía para el consumo de la familia significaría la ampliación del intercambio de mercancías y el consiguiente aumento de la circulación monetaria. Por otra parte, el dinero debía ser patrón de medida en relación al rendimiento del trabajo y la mejora en la calidad de la producción. Para lo cual la URSS necesitaba una moneda estable, no solo para el comercio interior, sino también para el comercio exterior. Esa fortaleza, a su vez, dependería de la productividad de la economía. “… [el rublo soviético] no será la unidad monetaria más firme del mundo hasta que el rendimiento del trabajo soviético sobrepase el nivel mundial, es decir, cuando hay que pensar en su muerte (énfasis nuestro). La razón de fondo: el dinero es el resultado de la relación entre propietarios privados que se conectan mediante la compra y venta de sus productos. Al hacerlo, comparan sus mercancías en tanto valores, y por ello las reducen a ‘sustancia común’, encarnada en el dinero”. Por eso el dinero es inseparable de esa relación social.
Una moneda puramente “nacional” y el cartalismo
En El capital (también en la Contribución a la Crítica de la Economía Política) Marx enfatiza que el dinero no es un invento artificioso, ni un mero signo; tampoco es una mercancía como cualquier otra, destinada a circular (la posición de David Ricardo). Esencialmente, según Marx, el dinero es encarnación del valor –tiempo de trabajo socialmente necesario- y como tal no solo deriva de las relaciones sociales internas a los espacios nacionales, sino también se relaciona con el dinero mundial.
Por eso no hay forma de cortar la relación del dinero “interno” (por ejemplo el peso, en Argentina) con el dinero mundial (dólar). No puede cortarse en la misma medida en que un espacio nacional de valor no puede eludir su relación con el mercado mundial. El mercado mundial es una totalidad concreta, y como tal no es una suma de partes que puedan existir de forma independiente. Esta es la razón de fondo de por qué no puede haber una moneda puramente “nacional”, por fuera o al margen de las constricciones que impone el mercado mundial. A fin de clarificar la posición que defendemos puede ser útil una referencia al cartalismo (recordemos que Keynes era cartalista en respecto al origen y naturaleza del dinero).
De acuerdo a George Knapp (1842-1926), quien desarrolló la concepción cartalista del dinero, este es una pura construcción estatal: “el dinero es una criatura de la ley”; “en los sistemas monetarios modernos la proclamación [por el Estado] es siempre suprema” (The State Theory of Money, Londres, Macmillan). Por eso, los cartalistas modernos (como Pavlina Tcherneva o Randall Wray) dicen que el Estado puede establecer a voluntad el valor del dinero. Y sin llegar a esos extremos, algo parecido sugieren quienes creen que un Estado revolucionario tendría la capacidad de decidir el valor de la moneda “nacional” (el tipo de cambio) que crea conveniente para avanzar al socialismo, suprimiendo su subordinación al dólar (a esto algunos le llaman “liberación nacional”). Pero esa subordinación no es caprichosa, ya que está determinada por el desarrollo relativo de las fuerzas productivas –en el país atrasado y en los países adelantados. Son desniveles que no se pueden superar con una supuesta “construcción socialista hacia adentro”, haciendo abstracción de la dominancia del gran capital en la economía mundial. Más precisamente, las estatizaciones de la industria, la banca y el comercio no suprimen el dinero “nacional” y menos aún la conexión de este con el dinero mundial.
Globalización y dinero nacional
No solo la teoría, sino también la experiencia de los “socialismos reales”, demuestran que el Estado de un país subdesarrollado, por más propósitos socialistas que proclame, no puede, por sí mismo, encapsular su moneda en una suerte de “dinero nacional y socialista”. No existe tal moneda por fuera o al margen de su relación con el dinero mundial. La única manera de superar esta restricción es con la revolución socialista internacional. Es otra forma de demostrar la inviabilidad de la construcción del socialismo puertas adentro de un país, o grupo de países atrasados.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1It2cCv5c_An6pBc3u122ha9MjbfKK224JXFS7YkKNck/edit?usp=sharing
















Con este mismo argumento no deberíamos tener en este momento monedas nacionales (soberanía monetaria) pero abres la puerta y encuentras moneda nacional en casi todas las económicas del mundo. Das un brinco y te encuentras una unión Europea en el que las tensiones ponen en cuestión la unidad monetaria y los Bric y el bloque Asiáticos mueven sus fichas para terminar el comercio con el predominio del dólar a la vez que se piensan sus intercambios en sus propias monedas.
La jugada, por ahora, sigue siendo el cartalismo en todas partes y las fuerzas del capital con una moneda predominante se desvanece.
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Luis Guillermo Rodríguez
29/10/2026 at 17:56
«Con este mismo argumento no deberíamos tener en este momento monedas nacionales». ¿De dónde saca esto? En la nota lo que se sostiene es que las monedas nacionales no pueden autonomizar los espacios nacionales de valor con respecto al mercado mundial. NO dice que no deban existir las monedas nacionales.
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rolandoastarita
29/10/2026 at 22:03
Fully agree! Bob
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michael roberts
30/10/2026 at 05:40