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Marxismo & Economía

Reseña de “Conflicto malvinense y crisis nacional” de Dabat y Lorenzano

with one comment

Dedicamos esta entrada a presentar ideas centrales contenidas en Conflicto malvinense y crisis nacional, de Alejandro Dabat y Luis Lorenzano (México, Teoría y Política, 1982).

Naturalmente, el tema cobra actualidad a partir de la convocatoria de Milei a cerrar filas detrás de “la causa nacional”. Una convocatoria que, en esencia, busca fortalecer a un gobierno y una política marcadamente contrarios a la clase obrera y el pueblo. Va de la mano del reforzamiento del aparato represivo y militar: miles de millones de pesos para construir una base naval en Tierra del Fuego (en acuerdo con el Pentágono); refuerzo y centralización del aparato represivo con la formación de un Consejo de Seguridad Nacional; y otros miles de millones para la SIDE (a la que se le encomienda “marcar” a los opositores al gobierno, según palabas del asesor presidencial Santiago Caputo).

Como también han señalado muchos analistas, y de manera similar a lo ocurrido en 1982, con la puesta en escena nacionalista Milei busca correr el foco de los problemas más angustiantes para la inmensa mayoría de la población. Los salarios que no alcanzan; la pérdida de puestos de trabajo; la precarización creciente del trabajo; las jubilaciones de hambre; el brutal ataque a los estatales; la economía estancada; la salud y educación públicas derrumbadas. El fortalecimiento del aparato represivo no es ajeno a esta situación, ni a la bronca y frustración de amplias capas de la población. Estamos ante un nacionalismo reaccionario al extremo, en el marco del alineamiento del gobierno argentino con Washington, su apoyo al genocidio del pueblo palestino; y su respaldo a cuanta fuerza fascista y de ultraderecha ande por el mundo. Es imposible pensar la “causa malvinense” al margen de este contexto.  

Por eso nos oponemos al discurso, progre, nacional y popular, que dice que, después de todo, el giro de Milei tiene un contenido progresista. En palabras de Juan Grabois: “Aunque sea el peor gobierno del mundo, todo lo que se haga contra el invasor inglés está bien. Bienvenido al cambio de 180 grados de Milei, que pasó de soquete colonizado a recuperar la posición histórica de Argentina. Los kelpers son efectivamente una población ‘implantada’ y no les asiste el derecho a la autodeterminación. Ganamos la batalla cultural. Ahora no seamos inocentes, porque, diría Jauretche, la cuestión no es cambiar de collar sino dejar de ser perros. Hay que estar atentos para que la base de Ushuaia no se la dejen a los yanquis” (citado por Ernesto Tenembaum, El “malvinazo” inesperado de Javier Milei – Infobae).

Por supuesto, no es solo Grabois. La idea que atraviesa todo el arco nacionalista progresista, hasta llegar a muchos grupos trotskistas, es que la lucha por las Malvinas es sinónimo de lucha por la liberación nacional. Hay discrepancias en las formas y consecuencia en el reclamo, pero permanece el contenido. Un enfoque habitual en las huestes de “la patria no se vende” y “el problema es la extranjerización”. La contradicción básica de la sociedad capitalista (como lo es Argentina) queda entonces desplazada por el enfrentamiento “imperio (o imperialismo) vs nación (o pueblo)”. La posibilidad de instrumentación reaccionaria del discurso “unidad nacional por la recuperación de las islas irredentas” tiene esa base objetiva. Es en este punto en que nos parece útil recordar la crítica que hicieron en su momento Dabat y Lorenzano a la idea de que la guerra por Malvinas fue una guerra por la liberación nacional, y en tal sentido, progresista –al margen de las intenciones de la Junta Militar. Y que, por lo tanto, era posible imprimir al enfrentamiento con Gran Bretaña un contenido democrático, popular y antiimperialista. Yo he tenido esa posición en 1982. Y es una idea muy extendida. De hecho, Grabois, en sustancia, repite este razonamiento. Dabat y Lorenzano lo cuestionan de raíz.

Para terminar esta introducción, preciso mi relación con Conflicto malvinense… Mi punto de mayor coincidencia con él es su crítica a la caracterización de los países dependientes como semicolonias (Argentina entraría en esta categoría) y la consiguiente demanda de la liberación nacional. Durante muchos años adherí a la caracterización “Argentina semicolonia”. Rompí con ella a comienzos de los 1990. En ese momento desconocía que una corriente de marxistas argentinos (entre ellos Ismael Viñas) había criticado la idea de que en países como Argentina estuviera planteada la liberación nacional. Tampoco tenía conocimiento del libro de Dabat y Lorenzano. La crítica a la tesis “Argentina semicolonia” la hice en términos similares a los de Dabat y Lorenzano en “Marxismo e Internacionalismo”, Debate Marxista N° 2, noviembre de 1993.

Años más tarde volvimos sobre el tema con la nota, elaborada en conjunto con compañeros de DM, en “Argentina ¿semicolonia o país dependiente?”, Debate Marxista N° 10, junio de 1998. Para esa fecha habíamos leído el libro de Dabat y Lorenzano, y escribimos: “En lo que respecta a la naturaleza de las relaciones semicolonial y dependiente nuestro enfoque coincide plenamente con estos autores”. Por último, tratamos el tema en el blog, aunque sin citar a Dabat y Lorenzano en la entrada ¿Por qué “segunda independencia”? | Rolando Astarita [Blog]. Presentamos pues pasajes salientes de Conflicto malvinense… (Puede bajarse de Internet), referidos a la caracterización del conflicto y la “liberación nacional. No reseñamos capítulos importantes tales como los referidos a la economía mundial a comienzos de los 1980; las consecuencias de la derrota argentina para las relaciones internacionales; la posición de la URSS y los otros países del “campo socialista”; y los regímenes nacionalistas después de la derrota; y la caída de la dictadura.

La legitimidad del reclamo de Malvinas

“La reclamación argentina sobre las islas debe analizarse en un doble sentido. En primer lugar, implica la cuestión de los derechos del Estado argentino a reclamar, legítimamente, la recuperación de las mismas, tanto en términos geográficos y jurídicos debe analizarse también a partir del significado histórico de su reintegración al territorio argentino desde un punto de vista económico y político, atendiendo a los principios del progreso social, la democracia y la solidaridad internacional de los pueblos. En segundo lugar, implica el análisis del lugar preciso que ocupa la reivindicación malvinense en la perspectiva más general del desarrollo del pueblo argentino y sus necesidades sociales y políticas (…)

Existen numerosos argumentos de tipo histórico, geográfico y jurídico que fundamentan válidamente la legitimidad de la reivindicación argentina… las cuestiones fundamentales… el despojo argentino en momentos en que el país se hallaba en pleno período de anarquía política, la sistemática renovación de la protesta argentina, la pertenencia de las islas Malvinas al continente americano, su ubicación en aguas territoriales argentinas, y por encima de todo, la evidente falta de legitimidad de la ocupación británica en territorios ubicados a más de 10.000 kilómetros de distancia de su país. Cuestión esta última que está plenamente reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, al incluir la situación de las islas dentro de la problemática de la descolonización… (pp. 94 y 95).

A estas consideraciones, que atañen a la problemática más general del derecho de los pueblos a constituirse como naciones independientes, Dabat y Lorenzano agregan que los kelpers “no son una nación, porque carecen, en propiedad, de una economía y vida nacional. No tienen clases propiamente nacionales… y el destino de sus habitantes está directamente vinculado a Gran Bretaña, Australia o Argentina. Los empleados del Estado y de la Falkland Island Company solo piensan en retornar a Gran Bretaña. Los jornaleros deben viajar miles y miles de kilómetros en penosas condiciones (hasta Australia o Nueva Zelanda) a fin de ocupar su fuerza de trabajo en los meses muertos que separan a las sucesivas zafras laneras… (…) Actualmente por cada hombre adulto malvinense hay cuatro (o quizás seis) soldados británicos”. Señalan también la falta de mujeres.

“Los kelpers no pueden constituir un Estado independiente en el verdadero sentido de la palabra porque no pueden desarrollar una economía viable, dada su escasísima población y medios de producción, como lo reconocen los estudios de los propios autores británicos. Si quisieran explotar por sí mismos el petróleo ¿cómo lo harían? Evidentemente, con capitales, tecnología o incluso trabajadores británicos (o en su caso, argentinos).               De ocurrir esto último, la población extranjera superaría ampliamente y de inmediato a la local, generando una nueva economía completamente diferente, y otro tipo de sociedad, que convertiría al “país malvinense” en un Estado fantoche, carente de toda capacidad de decisión propia. La demostración más palpable de lo expuesto reside en que los kelpers no han intentado siquiera desarrollar un movimiento nacional y que las principales diferencias políticas internas se hallaban… entre los que deseaban mantenerse aferrados a la situación colonial británica, sin cambio alguno, y los más jóvenes y “cosmopolitas” que aspiraban a alguna suerte de vinculación con Argentina ” (pp. 97-98).                                   

Dos significados de la cuestión malvinense

“La reivindicación del archipiélago tiene una distinta significación para el pueblo argentino y para la burguesía y el gobierno militar. Para el pueblo significa objetivamente reintegrar al territorio nacional una región potencialmente muy rica en términos económicos, facilitar sus nexos con el territorio antártico y ampliar los márgenes de autodeterminación sobre sus riquezas y ámbito geográfico, impidiendo que las grandes potencias utilicen parcelas de su territorio y espacios adyacentes con objetivos militares y contrarrevolucionarios. Significa, además, alcanzar una meta largamente esperada que le permita reparar un despojo injusto, recordado durante casi un siglo y medio y que ha llegado a identificarse con un aspecto sustancial del orgullo nacional argentino. Por estas razones, la reivindicación de las islas está inseparablemente vinculada al mejoramiento de sus condiciones de vida y derechos como pueblo…”.

“Para la burguesía argentina y las Fuerzas Armadas, que todavía gobiernan en su nombre, la reivindicación tiene un significado bastante diferente. En primer lugar, se relaciona con la consolidación de un proyecto de desarrollo capitalista regional, de carácter antipopular y reaccionario, basado en el fortalecimiento militar del Estado y la contraposición de los intereses del país a los otros pueblos latinoamericanos. (…) En segundo lugar, tiene que ver con la posibilidad de explotar, en su beneficio, los legítimos sentimientos populares, con el propósito de restablecer su base política de sustentación, hacer olvidar crímenes y “traiciones” y arrastrar una vez más a los trabajadores y el pueblo tras proyectos y aventuras que van directamente contra sus intereses” (p.       99).

Reivindicación territorial democrática, no resuelta

“Nuestra tesis es que la recuperación de las Malvinas por el pueblo argentino constituye una reivindicación territorial democrática no resuelta, de carácter no esencial y que no engloba decisivamente a ningún sector de la población argentina, ya que la ocupación inglesa de las mismas no ha tenido prácticamente ningún efecto condicionante importante sobre la evolución nacional y la vida del pueblo. Esto significa que la situación de las islas no afecta la independencia política del Estado argentino, sino solo la mayor o menor extensión del espacio geográfico sobre la que se genera la soberanía.

(…) Del hecho de que la presencia británica en las islas constituye un claro resabio del período colonial se ha deducido sin más el carácter colonial (cualquiera sea el aditamento que matice el concepto) del país y anticolonial de la guerra de la dictadura. Se ha puesto un signo igual entre “situación de Malvinas” y “situación de la nación argentina”. Del status de las primeras se ha intentado derivar el de la segunda. De ser así, aun siendo el general Galtieri y la Junta Militar lo que fueron, y son, la guerra sería justa” (pp. 100 y 101).

Más abajo: “En el caso de la reivindicación malvinense nos encontramos ante una reclamación territorial justa, no esencial, y secundaria en relación a otras reivindicaciones sociales y políticas del pueblo… La integración de las islas al territorio nacional no puede solucionar en el largo plazo ninguna necesidad vital del pueblo argentino… (…) En cuanto al control de los pasos del sur… Argentina no tiene necesidad de tal control militar para desarrollarse como nación, sino más bien de una política neutralista y pacifista de carácter activo, que incluya como uno de sus puntos esenciales la desmilitarización e internacionalización de la ruta interoceánica, aspecto primordial para una orientación más amplia de búsqueda de un acuerdo democrático con el pueblo chileno y brasileño, a fin de resolver en común la utilización de los recursos del Atlántico Sur” (p. 103).

“… si el principal obstáculo al desarrollo progresivo de la economía argentina se halla hoy en sus relaciones sociales de producción… desde el punto de vista del espacio físico este obstáculo no es precisamente la falta de territorio y aguas territoriales ricas en recurso… sino en la falta de ocupación, prospección y explotación de estos territorios y mares” (pp. 103-104). En el mismo sentido, en p. 100: “… el hambre, la desocupación, el miedo y la desesperanza que vive el pueblo argentino, no tienen su causa fundamental en la burguesía, el gobierno y el ejército británicos, sino en la burguesía, los gobiernos y los ejércitos argentinos en décadas de ofensiva contra su propia población”.

El objetivo de la dictadura

A comienzos de 1982 la dictadura enfrentaba una profunda crisis económica y política, y una creciente resistencia obrera y popular. Había “un debilitamiento progresivo de la dictadura, que podía convertirse en agudo, con la posibilidad de irrupciones del movimiento de masas en el primer plano de la escena nacional. Salir de dicha situación logrando una nueva base de consenso fue -en este nivel del análisis- el objetivo primordial de los militares” (p. 126). (…) “… en la perspectiva que se habían fijado los militares” (la unidad nacional en apoyo a la dictadura) “el movimiento democrático consecuente quedaba aislado y sin sustento moral, político ni social” (ibídem).

¿Una guerra justa por parte de la dictadura?

En el capítulo 4 Dabat y Lorenzano abordan uno de los temas más controversiales al interior de la izquierda. Básicamente, se refiere a la caracterización de la guerra contra Gran Bretaña como una guerra justa, anticolonial, aunque contradictoriamente fuera desarrollada “por una de las dictaduras más sangrientamente antiobreras y antipopulares del continente, y en la que se enfrentaban dos aliados de EEUU” (p. 139). Se trató de un abordaje muy extendido en la izquierda. “… ante la evidencia objetiva de que prácticamente la totalidad de las guerras existentes eran o guerras imperialistas entre las grandes potencias, o guerras de liberación y revolucionarias, muchas corrientes comenzaron a actuar –en el plano internacional- como si las mismas fueran los únicos tipos de conflicto posibles. En particular, todo enfrentamiento entre alguna de las grandes naciones capitalistas con cualquier país menos importante tendió a ser identificado sumariamente como una guerra justa y progresiva, o incluso fueron vistas de tal manera las contradicciones diplomáticas y económicas” (p. 140).

Dabat y Lorenzano plantean que este enfoque operó en la guerra de Malvinas. La respuesta bélica de Gran Bretaña a la ocupación militar fue leída como un renacimiento “del viejo imperialismo” (véase pp. 140-141). El problema de fondo, la caracterización del status del país: “A partir del equívoco agrupamiento de naciones en el campo ‘tercermundista’ en el cual no se distingue el grado relativo de desarrollo ni tampoco la estructura de clase de los diferentes Estados, y de la identificación entre “dependencia económica” y “subordinación política”, se pasó a considerar el conflicto como existente entre un país “oprimido” y un país “opresor”. Se trató a la iniciativa militar de la Junta como una guerra “justa”.

Nuestra tesis se opone radicalmente a este presunto análisis. Sostenemos, en principio, que así como las concepciones ideológicas dominantes en amplios sectores democráticos, progresistas y hasta revolucionarios, los lleva a perder de vista el punto de vista de clase en cuanto a los elementos para caracterizar las diversas situaciones y conflictos nacionales, lo mismo ocurre en cuanto a las guerras… (p. 141).

La idea de Dabat y Lorenzano es que “antes de decidir acerca de la justeza o no de una guerra, es preciso analizar qué tipo de naciones son las que intervienen en ellas y cuáles son las clases directamente interesadas y beneficiadas de la misma” (p. 143). El planteo esencial es que, para el marxismo revolucionario, “la actitud a asumir ante una guerra está indisolublemente ligada a si la misma se encamina a luchar por la liberación nacional o la supresión de todo tipo de explotación, casos en los que son guerras progresistas, o si por el contrario, se dirige a mantener la situación colonial o semicolonial, o a fortalecer y consolidar el dominio de la clase explotadora, casos en que son guerras reaccionarias”

“Al mismo tiempo las primeras tienden a librarse mediante métodos democráticos, con respaldo, movilización y participación popular en la guerra, aun cuando esta se desarrolle bajo una dirección vacilante, contradictoria o reaccionaria. Las guerras de opresión, en cambio, se desenvuelven bajo el principio de la potencia económica y el poderío de la máquina militar del país o la clase opresora, se basan en el reclutamiento forzoso… y evolucionan a partir de la estrategia del choque de los respectivos aparatos bélicos” (p. 146).

Fenómenos complejos debido al entrecruzamiento de diversos regímenes, capitalistas y no capitalistas, en el marco de los procesos de descolonización, el desarrollo del capitalismo en nuevos países, y la existencia de los regímenes del llamado campo socialista (incluidas guerras al interior de este campo). Entre estas variantes destacan entonces guerras entre países que son políticamente independientes; se citan como ejemplos Paquistán – India; Grecia – Turquía; Irán – Irak; Ecuador – Perú (véase pp. 169-170). Estas guerras entre naciones y Estados plenamente constituidos “tienden a reforzar los intereses y posiciones de los sectores más desarrollados del capital, aquellos que pueden competir por la influencia dominante o aun la hegemonía a nivel de la región, a partir de la expansión para sus monopolios nacionales en formación, cualquiera sea la justificación ideológica de las clases dominantes” (p. 171). Son guerras para consolidar una clase explotadora nacional y sus contradicciones con las viejas potencias imperialistas “en absoluto constituyen luchas ‘antiimperialistas’ sino que se trata de contradicciones entre capitales de diverso origen y base nacional” (véase pp. 171-172).    

En cuanto a las causas de la derrota: “La orientación política previa, que llevó a no prever el alineamiento de EEUU con Gran Bretaña, y por el contrario a confiar en su apoyo; la falta de preparación para la guerra; los errores estratégicos (aun dentro de una guerra convencional), y la degradación moral y corrupción de los mandos, fueron los determinantes de la derrota y no la superioridad tecnológica inglesa” (p. 196).

No fue una guerra de liberación nacional

Sobre la naturaleza de la guerra, Dabat y Lorenzano parten de una caracterización de Argentina: a) es un país políticamente independiente que ya en el siglo pasado (siglo XIX) realizó su proceso de autodeterminación y constitución del Estado nacional; b) el grado de integración capitalista es alto, la nación burguesa está constituida en plenitud, y está en transición a la conformación de un capital monopolista de Estado; c) lo que explica el predominio de los sectores más concentrados y centralizados, monopólicos y financieros del capital, a lo que se suma el enorme peso de la máquina estatal-militar sobre la sociedad civil; d) esta estructura capitalista posee fuertes tendencias expansionistas; la burguesía de conjunto estaba interesada en impulsar la recuperación y seria beneficiaria principal de la misma, en especial, los sectores más concentrados (véase p. 197).

Argentina era un país políticamente independiente, gobernado por un régimen militar reaccionario. La guerra se produjo como prolongación y continuación natural de la política antidemocrática en el interior y expansionista en lo internacional, característica de ese régimen. Por lo tanto, pese a que se libró contra el imperialismo británico en función de una reivindicación históricamente legítima, esta guerra no poseía –ni podía poseer- un carácter ‘anticolonial’ ni de lucha de una nación ‘oprimida’ contra otra ‘opresora’; no era una guerra de liberación, no era una guerra justa. (…) En esta guerra en consecuencia no existía un campo ‘progresista’ enfrentado a uno ‘reaccionario’; por el contrario, ambas clases dominantes, representadas en la ocasión por Margaret Thatcher y la Junta Militar expresaban –en la apariencia y también en la esencia- sectores abiertamente retrógrados, antidemocráticos, no solo en sus propios países sino también a escala del mundo ‘occidental y cristiano’” (pp. 197-198). A su vez, “el carácter reaccionario de la guerra (derivado del carácter reaccionario de los países y clases que la sustentaron) devino en que la misma se desenvolviera a través de métodos igualmente reaccionarios, sin ningún tipo de participación popular ni el desarrollo de elementos democráticos” (p. 198).

Posiciones frente a la guerra

Escriben Dabat y Lorenzano: “Desde todo punto de vista, nos parece que una política proletaria (incluso una nacionalista democrática honesta y consecuente) solo podía oponerse tajantemente a la iniciativa militar. … no existía ni podía existir ninguna posibilidad objetiva de transformar esta guerra reaccionaria y expansionista en el comienzo de una movilización democrática y revolucionaria autónoma e independiente del movimiento de masas” (pp. 197-198).  

Con esta perspectiva se diferencian de la posición que asumió la mayor parte de la izquierda (me incluyo, ya que en 1982 militaba en el PST, antecesor del MAS). Dabat y Lorenzano recuerdan que todas las direcciones burguesas y de la burocracia sindical apoyaron la guerra. Incluso izquierdistas como Oscar Alende (Partido Intransigente) defendieron “la unidad nacional en torno a las Fuerzas Armadas” (citado p. 201). “Más importante que las palabras valen en política los hechos. (…) Se suspendió toda movilización antidictatorial (la Multipartidaria y la CGT ‘postergaron’ sus planes de lucha); se enviaron dirigentes políticos y sindicales al exterior para defender y lograr apoyos para la ‘reivindicación’; asistieron en las islas Malvinas a la jura del general Menéndez como gobernador de las mismas…” (pp. 201-202). Destacan como un caso especial al Partido Comunista argentino, que “no solo apoyó la iniciativa militar, sino que además comprometió expresamente el apoyo particular de la Unión Soviética y el campo socialista” (p. 201).

La crítica se extiende a los partidos trotskistas, el Partido Socialista de los Trabajadores y Política Obrera: “Entrampados entre la vacuidad ideológica de aplicar escolásticamente categorías de ‘colonia’ y ‘semicolonia’ que les impiden comprender la dinámica de países del tipo de Argentina, o directamente atados a una política vacilante y oportunista frente a la burguesía nacional, pretendieron transformar esta guerra en una gesta ‘antiimperialista’” (p. 203). Más abajo: “Aferrados a viejos dogmas de Trotsky alrededor del carácter semicolonial de nuestros países, no pudieron comprender los nuevos hechos” (pp. 204-205). En una nota al pie expresan lo central del argumento del PST: “Inglaterra es un país imperialista, Argentina es un país semicolonial. En cualquier enfrentamiento entre un país imperialista y uno semicolonial, los trabajadores combatimos siempre del lado del país colonizado”. Agregaba que “la única garantía para aplicar consecuentemente este programa democrático y antiimperialista es la constitución de un gobierno obrero y popular” (nota 36, p. 205). Destacan como justa y correcta la posición de Madres de Plaza de Mayo, que mantuvieron la crítica y denuncia de la dictadura, y continuaron movilizando todos los jueves en reclamo de la aparición con vida de los desaparecidos.

Otros sectores que repudiaron la guerra fueron el Frente Revolucionario 17 de Octubre; la Unión de Trabajadores Clasistas (derivada de la CGT Clasista y Antiimperialista de Salta); la Organización Comunista Poder Obrero; el grupo Nuevo Curso, sectores de la Confederación Socialista Argentina, y personalidades como Alberto Piccinini y Pérez Esquivel (véase pp. 206-207).

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/15f0wq3HB2KcH1GSRbkK1s5xLe4CtZnlniVlvVoO7Y2I/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

10/09/2026 a 13:11

Publicado en General

Una respuesta

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  1. Hola Rolando, Un Saludo, se que no es pertinente con el tema, pero me gastaría saber si podrías hablar o comentar sobre el problema de calculo económico planteado por Misses, y/o recomendar algún papper o libro que toque ese tema, estoy haciendo un trabajo para la universidad respecto a ese tema y me falta material bibliográfico para sostenerlo, desde ya Gracias.

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    Avatar de driveneagle4d0c04dfde

    driveneagle4d0c04dfde

    10/09/2026 at 14:35


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