Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

La ley de Say, las crisis capitalistas y la crítica marxista

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En notas anteriores hemos defendido la explicación, de Marx y Engels, de las crisis de sobreproducción. En esta entrada ampliamos el tema con la crítica de Marx a la ley de Say y su vínculo con las leyes de la acumulación y crisis.

La ley de Say

La ley de Say –también conocida como ley de los mercados- sostiene, básicamente, que toda oferta crea su correspondiente demanda. Significa que, en tanto haya producción (oferta) habrá una demanda acorde de esos productos.

Ahondando ahora en lo que escribió Say, se distinguen dos formulaciones de su ley. La primera dice que los productos se adquieren ofreciendo otros productos. En palabras de Say, “los que compran, no compran en realidad sino con productos” (p. 111, cap. 15, libro 1). Estrictamente, esta sería una economía en la que ha desaparecido la diferencia entre venta y compra. Se trata de una hipotética economía de trueque, en la que venta y compra son idénticas. Subrayamos lo de hipotética porque, en realidad, una economía descentralizada, de trueque generalizado solo existe en la imaginación (o en la Microeconomía del mundo académico).  Say, de todas formas, tampoco problematizó esta cuestión y declaró simplemente que los productos se intercambian por productos.

El segundo enfoque de la ley de Say, en cambio, admite la mediación del dinero en el intercambio, esto es, el circuito (en Marx) Mercancía – Dinero – Mercancía. Ahora venta y compra se distinguen, y en consecuencia entre la compra y la venta puede haber discrepancias espaciales (se vende en A, se compra en B); o temporales (se vende hoy, se compra la semana próxima). Aunque esto no altera lo esencial que dice la ley de los mercados: que la oferta genera su correspondiente demanda. Es que, según Say, todo aquel que vende una mercancía la vende con la intensión de comprar otra mercancía. O sea, el acento no se pone en la identidad compra-venta, sino en que a una venta (compra) le sigue, en un lapso de tiempo corto, una compra (venta). Say explica: “La moneda que haya servido en la venta de sus productos, y en la compra que haya hecho de los productos de otro, servirá dentro de un momento para el mismo uso entre otros dos contratantes” (énfasis nuestro). “Dentro de un momento” se realizará la operación complementaria de la venta (o de la compra). Significa que el dinero, salvo lapsos de tiempo cortos, estará funcionando como medio de circulación. De nuevo Say: “El dinero no hace más que un oficio pasajero en este doble cambio; y terminados los cambios, resulta siempre que se han pagado productos con productos. … un producto creado ofrece, desde este instante, una salida a otros productos por todo el importe de su valor” (p. 113; énfasis nuestro).

Tenemos pues dos formulaciones de la ley. Esta distinción encaja con la que establecen Baumol (1977) y Blaug (1985) entre una versión “fuerte” y otra “débil” de la ley de los mercados. Según Baumol, Say se inclinaba por la versión débil de la ley. De todas formas, en cualquiera de las versiones, se descarta la posibilidad de un atesoramiento generalizado (demanda de dinero) y abarrotamiento de los mercados (oferta generalizada de mercancías).

Ricardo y Mill, sobre la ley de los mercados

David Ricardo y John Stuart Mill posiblemente fueron los economistas clásicos más influyentes que defendieron la ley de Say. En los Principios Ricardo escribe: “Las producciones se compran siempre con producciones, o con servicios, el dinero es únicamente el medio por el cual se efectúa el cambio” (pp. 217-8). En esta formulación Ricardo superpone el trueque y el intercambio mediado por el dinero (o sea, la primera y segunda versión de la ley). Admite que puede producirse en exceso alguna mercancía, pero no puede haber exceso de producción de todas las mercancías. La razón es que, en tanto haya oportunidad de invertir con beneficios, habrá contratación de obreros, y por lo tanto “producciones incrementadas y la consiguiente demanda que ellas ocasionan” (p. 218). El atesoramiento (vender y no comprar) no tiene sentido porque siempre se puede obtener un beneficio con la inversión.

Una breve digresión: Este último fue el argumento central en la defensa de la ley de Say. Como muestra de su importancia, recordemos que, para rebatir la ley de Say, Keynes, en la Teoría general, procuró explicar por qué alguien que no esté loco puede preferir no invertir (significa renunciar a ganancias) y atesorar. Lo explicó principalmente por escenarios de incertidumbre (en esas coyunturas es racional mantener la liquidez y posponer decisiones de inversión). Lo central: si el dinero solo se estaciona en lapsos cortos de tiempo, el abarrotamiento general de los mercados es inconcebible.

En cuanto a J. S. Mill, también sostuvo que “todos los vendedores son, inevitable y forzosamente, compradores”. Por eso, si se pudieran duplicar de golpe los poderes productivos del país, duplicaríamos la oferta pero al mismo tiempo se duplicaría la demanda. Todos podrían comprar el doble porque cada cual tendría el doble para ofrecer a cambio. Podría haber ajustes en la demanda, porque las personas pueden no querer duplicar el consumo de un bien pero más que duplicar el consumo de otro; o ejercer su incrementado poder de compra en alguna cosa nueva. Si es así, la oferta se adaptará de manera acorde, y los valores de las cosas continuarán conformándose a sus costos de producción. Es absurdo decir que todas las cosas pueden caer en valor “y que en consecuencia todos los productores debieran estar insuficientemente remunerados”. “Una sobreoferta, o exceso de mercancías por encima de la demanda, en la medida en que la demanda consista en medios de pago, se demuestra que es una imposibilidad” (p. 399, Principios).

Ricardo y Mill sobre las crisis

De acuerdo a la ley de Say, la sobreproducción generalizada de las mercancías “es irracional” (Mill). Sin embargo, las crisis de sobreproducción ya eran un hecho en el capitalismo del siglo XIX. ¿Cómo las explicaron entonces los economistas clásicos defensores de la ley de los mercados? Respuesta: las atribuyeron a fenómenos de superficie o externos a la economía capitalista. Por ejemplo, Ricardo contempló la posibilidad de perturbaciones económicas por el pasaje de un estado de guerra a la paz; por variaciones de la moda; o por cualquier otra razón que pudiera ocasionar traslados importantes de capitales de una actividad a otra (véase capítulo 19 de los Principios). De todas formas, cuando escribía Ricardo (la primera edición de los Principios apareció en 1817) las crisis asociadas al ciclo de negocios apenas comenzaban.

Mill, en cambio, escribe a mediados del siglo XIX (Principios de Economía Política se publica en 1848), cuando las crisis decenales de sobreproducción ya eran innegables. Mill admitió pues que existían las crisis, pero negó que se debieran a la sobreproducción, como sostenía Sismondi. La sobreproducción era imposible. Las crisis, sostuvo, se debían a la especulación. Es que en la fase de ascenso de la economía, los precios subían excesivamente, empujados por la especulación y el crédito. Así se alcanzaba un punto en el que se producía una reacción, se contraía el crédito y los precios bajaban mucho más de lo que justificaban el consumo y la oferta. (p. 379).

Este sería entonces la causa más común de la crisis. Pero podía haber otras razones. Por ejemplo, la crisis inglesa de 1847 no había sido precedida por una expansión excesiva del crédito ni por la especulación (salvo en las acciones ferroviarias). En este caso, Mill atribuye la crisis a grandes pagos externos, ocasionados por un elevado precio del algodón y por una importación de comida sin precedentes. A estos factores se habrían sumado continuas demandas sobre el capital circulante del país para las inversiones en ferrocarriles. Con estos argumentos dejaba a salvo a la ley de los mercados.

Ricardo y Mill sobre la caída de las ganancias

Al defender la ley de Say, Ricardo y Mill negaron que el modo de producción capitalista tuviera alguna traba, asociada a la demanda, que entorpeciera su desarrollo. Sin embargo, Ricardo pensaba que, a medida que avanzara la producción, habría una caída progresiva de las ganancias, y con ello un debilitamiento de la acumulación del capital. Es que, a medida que crecía la economía, era necesario invertir en nuevas tierras; o invertir más capital en las tierras que estaban en producción. Esto era inevitable porque se necesitaban más alimentos. Pero los rendimientos de las inversiones de capital en nuevas tierras, o en las tierras ya en producción, eran decrecientes. En consecuencia, aumentaba el costo de los alimentos, y tras ellos, los salarios. Pero entonces caían las ganancias. Escribe: “Que estas producciones incrementadas, y la consiguiente demanda que ellas ocasionan, disminuyan o no las utilidades, depende únicamente de la elevación de los salarios; a su vez esta elevación… depende de la facilidad de producir alimentos y artículos indispensables para el trabajador” (p. 218). O sea, la facilidad de producir alimentos depende de la fertilidad de la tierra. Y dado que primero se cultivan las tierras más fértiles, “cuando se abre al cultivo una tierra de calidad inferior el valor en cambio del producto primario aumentará, ya que se requiere más trabajo para producirlo” (p. 55).  En consecuencia, es necesario pagar salarios más elevados y caen las utilidades.

También Mill se refiere a la caída de los beneficios y del interés a medida que progresa la acumulación. Escribe: “El progreso de la acumulación sería frenado sin dudas si los retornos del capital fueran reducidos todavía más de lo que lo están en el presente” (p. 147). Se pregunta entonces por qué un incremento del capital tendría ese efecto. Responde: a medida que aumenta el producto se recurre a tierras inferiores y el producto no se incrementa en la misma proporción que lo hace el trabajo sobre la tierra. Los rendimientos son decrecientes cuando se emplea más trabajo en la misma parcela de tierra (véase p. 148). La conclusión era similar a la de Ricardo: aumentaban los salarios y caían las ganancias.

De manera que, a la par de negar la posibilidad de las crisis de sobreproducción, Ricardo y Mill veían que el sistema capitalista no era eterno. Sin embargo, ese límite obedecía, en última instancia, a una causa natural (“externa”). Podía llegarse a una etapa final del capitalismo en que la caída de la ganancia llevara al fin de la acumulación del capital, aunque, por la ley de los mercados, oferta y demanda siempre coincidieran. El agotamiento, en el largo plazo, del modo de producción capitalista se debería entonces, a una causa física, la caída de la fertilidad de la tierra, su rendimiento decreciente. No tenía que ver con las contradicciones del capital. Estas eran borradas del análisis; y la ley de Say desempeñaba un rol central en esa visión.

Antes de cerrar este apartado señalamos que en El capital, al tratar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia Marx hace referencia al “temor de los economistas ingleses a la disminución de la tasa de ganancia”. Es que la ganancia “es la impulsora en la producción capitalista y solo se produce lo que puede producirse con ganancia…”. Por eso “el hecho de que esa posibilidad [de la caída de la tasa de ganancia] inquiete a Ricardo, demuestra precisamente su profunda comprensión de las condiciones de la producción capitalista” (p. 332, t. 3).

Interludio: la actualidad del debate sobre la ley de Say

Algunos lectores pueden pensar que esta discusión sobre la ley de Say es un tema de anticuarios en Economía Política. Sin embargo, es medular en la teoría neoclásica. De hecho, la Macro que se enseña en los cursos de Economics versa sobre una economía regida, en última instancia, por la ley de Say, en su versión “economía con dinero en circulación, sin atesoramiento”. Con ese encuadre, se admite que puede haber períodos durante los cuales la demanda y oferta agregadas no coincidan, pero esas discrepancias, se sostiene, son de corta duración: siempre habrá fuerzas económicas –si los mercados operan libremente- que llevarán al equilibrio, definido por la bisectriz del ángulo de 90°, donde ingreso, o producto, y demanda se igualan. Cuando no coinciden los empresarios ajustan la producción, y las existencias; o ajustan los precios. Es la ley de Say en la que se admiten algunas imperfecciones

No es de extrañar entonces que, una vez más, las crisis se atribuyan a factores externos a la economía capitalista. Un ejemplo ilustrativo son los “nuevos keynesianos” (dominan el mainstream académico en Macro), quienes explican las fluctuaciones del ciclo de negocios por shocks monetarios, fiscales, tecnológicos e incluso políticos. Esos shocks son “externos” en el sentido que se asume que son provocados por las autoridades fiscales o monetarias; por innovaciones tecnológicas; o por conflictos políticos. En todos los casos se los considera aleatorios, impredecibles e inesperados. Cuando ocurren afecta a la oferta o la demanda. Las rigideces de precios y otras “imperfecciones” amplifican los efectos. Por ejemplo, en algunos modelos se supone un shock macroeconómico negativo sobre la demanda, y a partir de allí se describe un mecanismo de “aceleración financiera”, que desata una crisis y la consecuente caída de la actividad. El mecanismo financiero descrito puede ser interesante, pero lo central es que el “shock” originario queda inexplicado. Peor todavía, en otros enfoques, como el llamado “ciclo real de negocios”, ni siquiera hay ciclos: cuando aumenta el desempleo es porque los individuos decidieron tomar un descanso, luego de años de trabajo más intenso; y viceversa cuando se produce una recuperación de la economía. En todos los casos subyace una suerte de ley de Say. O, si se quiere, ley de Walras (es la ley de Say extendida a los mercados laborales y de capitales).

Las críticas de Malthus y Sismondi a la ley de Say y la respuesta de Ricardo

Antes de exponer la posición de Marx frente a la ley de los mercados es conveniente recordar las críticas que le hicieron Malthus y Sismondi. 

En lo que respecta a Malthus, sostuvo que puede haber deficiencia de la demanda a causa de las costumbres frugales –excesivo ahorro- de los capitalistas. Por eso, Malthus consideraba que era beneficioso –sostenía la demanda- el gasto de la aristocracia, o del clero, en trabajo improductivo –sirvientes- y artículos de lujo (al pasar, una idea que tienen muchos keynesianos izquierdistas para defender el gasto público improductivo). Según Maltus, un aumento de la producción “sin una magnitud adecuada de consumo improductivo por parte de los propietarios de la tierra y de los capitalistas” llevaría al “estancamiento del capital” y de la demanda de mano de obra” (p. 21, Principios). La producción incrementada no generaba la correspondiente demanda, contra lo que decían Say, Ricardo y Mill.

En cuanto a Sismondi, sostuvo que puede haber deficiencia de la demanda debido a los bajos salarios y la miseria en que estaban sumidos los trabajadores (véase Bleaney, 1977). Es una explicación de tipo subconsumista, centrada en la debilidad del consumo de los trabajadores.

La crítica de Malthus a Say fue reivindicada por Keynes, y es el antecedente más directo de la crítica keynesiana a la ley de los mercados. La crítica de Sismondi a la ley de los mercados es el inicio de una posición tradicionalmente defendida por sindicalistas y reformistas progresistas: la suba de los salarios, o una distribución del ingreso más igualitaria, daría lugar a un aumento de la demanda, y generaría un círculo virtuoso de colaboración entre el capital y el trabajo.  

Las críticas de Malthus y Sismondi a la ley de Say no pudieron desarmar el argumento de Ricardo. Con respecto a Malthus, Ricardo explicó que si los trabajadores improductivos fueran trasladados a trabajos productivos, aumentaría la producción en muchas ramas de la economía, de manera que los productos de una rama adquirirían los productos de otras ramas, y viceversa. En cuanto a Sismondi, Ricardo sostuvo que, si los salarios son bajos, las ganancias son elevadas, de manera que, o bien los capitalistas aumentan el consumo de bienes de lujo; o bien contratan más trabajadores para aumentar la producción. Y esa producción incrementada generaría la correspondiente demanda de otros productos.

La crítica de Marx a Say, instancia producción simple de mercancías

Marx criticó la ley de Say en varios pasajes de su obra. Por caso, en el tomo 3 de Teorías de la plusvalía cita a James Mill, al que considera el verdadero autor de la ley: “Una demanda significa la voluntad de comprar y el medio de compra… El equivalente (medios de compra) que un hombre lleva es el instrumento de la demanda. La amplitud de su demanda se mide por la de su equivalente. La demanda y el equivalente son términos convertibles y pueden reemplazarse uno por el otro. Por lo tanto, su voluntad (la de un hombre) de comprar y sus medios de compra, su demanda, son exactamente iguales al volumen de lo que produjo y no tiene intención de consumir” (véase Marx, 1975, t. 3, pp. 83-84).

En este pasaje, señala Marx, Mill muestra la identidad directa de la oferta y la demanda (sería la versión fuerte de la ley de Say), y por lo tanto la imposibilidad de un abarrotamiento general. Pero esa identidad de oferta y demanda, dice Marx, no existe. Si nos centramos en la oferta, el vendedor ofrece mercancías, una unidad de valor de uso y valor de cambio (este último expresado en el precio). Por ejemplo, el vendedor ofrece x kilogramos de hierro valorado en £3. El precio debe realizarse por el comprador, quien demanda hierro. El vendedor demanda valor de cambio, encarnado en el hierro, y que debe realizarse. Es posible, sin embargo, que ese valor de cambio, £3, sea representado por distintas cantidades de valor de uso, hierro. Escribe Marx: “La oferta del valor de uso y la del valor que debe realizarse, pues, no son ya en modo alguno idénticas, ya que distintas cantidades de valor de uso pueden representar la misma cantidad de valor de cambio” (p. 84, ibídem). Contra lo que dice Mill, la cantidad de valor de uso (hierro) que ofrece el vendedor y la de valor de cambio que ofrece el comprador no son, de manera alguna, proporcionales. El comprador posee £3 porque antes fue vendedor de mercancías que ahora posee en la forma de dinero. Pero la cantidad de hierro que necesita no está determinada por la cantidad de hierro producida por el vendedor de hierro. La demanda de hierro por parte del poseedor de las £3 no tiene por qué corresponderse con la oferta de hierro por parte de quien lo produjo.

En el capítulo 3 de El capital Marx también critica la ley de los mercados, aunque desde una perspectiva un poco distinta. Al analizar la circulación simple de mercancías (M – D – M) explica que allí anida la posibilidad de una crisis, esto es, que a las ventas no le sigan las compras correspondientes. Es que no siempre se vende para comprar; se puede vender para atesorar, al menos durante un tiempo; o para pagar deudas. Lo importante es que el dinero escinde el acto único del trueque en dos episodios que pueden autonomizarse hasta el punto del estallido de una crisis (véase Marx, 1999, t. 1, cap. 3). Sin embargo, al nivel de la circulación simple de mercancías la posibilidad de la sobreproducción –o imposibilidad de venta– es meramente teórica. Esa posibilidad teórica se hace más concreta cuando se consideran las ventas de mercancías para pagar deudas. Ahora la venta no es una opción: hay que vender “sí o sí”. Ricardo no menciona esta posibilidad –en su óptica siempre se vende para comprar- que impone mayores restricciones. Aunque siempre estamos al nivel de la posibilidad teórica de la crisis.

En el capítulo 17 del tomo 2 de Teorías de la plusvalía Max también critica la idea, de Say y Mill, de que los productos se cambian por productos. Esa afirmación equivale a negar la primera condición de la producción capitalista, a saber, que el producto debe ser una mercancía, y por lo tanto, expresarse como dinero, esto es, debe pasar por el proceso de metamorfosis M-D. Por eso, los defensores de la ley de Say consideran al dinero “como un simple intermediario en el intercambio de productos, y no como una forma esencial y necesaria de la existencia de la mercancía que debe manifestarse como valor de cambio, como trabajo social general” (p. 430, t. 2, Teorías…).

Una cuestión a retener: en la medida en que los defensores de la ley de Say pasan por alto que el producto debe ser una mercancía, niegan las contradicciones esenciales: la más inmediata, la que existe entre mercancía y dinero. Asociadas a esta, desaparecen las contradicciones entre valor de uso / valor; entre creación de valor y su realización; entre trabajo privado / trabajo social. Dicho de otra manera, la ley de Say se convierte en una pieza vital de la apologética del mercado y el capital.

De la posibilidad abstracta a la realidad de las crisis

A nivel de la producción simple de mercancías la posibilidad de la crisis se deriva, según Marx, de la naturaleza del dinero y la mercancía. Pero esa posibilidad no explica el porqué de las crisis. De hecho, históricamente, la circulación mercantil surgió antes de la producción capitalista, “mientras todavía no hay crisis” (p. 439, ibídem). La crisis de sobreproducción entonces es específica del sistema capitalista. Por eso, el análisis no debe limitarse a mostrar la posibilidad teórica de la crisis. En este respecto, Marx critica a John Steuart porque trataba de “explicar la crisis por la posibilidad de la crisis”, esto es, por la separación de la venta y la compra (p. 430 ibídem). En oposición, sostiene que la posibilidad general de la crisis, la separación en el tiempo y en el espacio de la compra y la venta, “nunca es la causa de la crisis” (p. 441, ibídem). Por eso, cuando se pregunta por la causa, se quiere saber por qué “su forma abstracta… se convierte de posibilidad en realidad”. Y para esto las condiciones generales de la crisis “deben ser explicables a partir de las condiciones generales de la producción capitalista” (ibídem). Y entre estas condiciones se destaca el impulso a aumentar la producción por encima de la demanda: “… [Ricardo] olvida que el nivel de la producción no se elige en modo alguno arbitrariamente, sino que cuanto más se desarrolla la producción capitalista, más se ve obligada a producir a una escala que nada tiene que ver con la demanda inmediata, sino que depende de una expansión constante del mercado mundial” (p. 403, ibídem). Contra lo que dice Say, el capitalista no produce valor de uso directamente para el consumo, sino produce con vistas a la ganancia.

La crisis tiene que ver entonces con las leyes del capital. Estas son las condiciones que llevan la crítica desde su posibilidad abstracta a su inevitabilidad. Cuestiones centrales en esta explicación: el capitalista no domina la producción; la competencia impone la necesidad de acumular, de aumentar la producción, de incrementar constantemente el capital, so pena de ser barrido por la competencia. Marx vuelve una y otra vez sobre estos temas:

“… la naturaleza de la producción capitalista es: 1. Cada uno de los capitales actúa en una escala que no se determina por la demanda individual (encargos, etc., necesidades privadas) sino por el esfuerzo de realizar tanto trabajo, y en consecuencia tanto sobretrabajo como sea posible, y producir la mayor cantidad posible de mercancías con determinado capital; 2. Cada capitalista se esfuerza por captar la mayor parte posible del mercado, y por suplantar a sus competidores y excluirlos del mercado: competencia de capitales” (p. 416, Teorías…).

En El capital sostiene la misma idea en varios pasajes. Por ejemplo: “el desarrollo de la producción capitalista vuelve necesario un incremento continuo del capital invertido en una empresa industrial, y la competencia impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas las leyes inmanentes del modo de producción capitalista. Lo constriñe a expandir continuamente su capital para conservarlo, y no es posible expandirlo sino por medio de la acumulación progresiva” (p. 731-732, t. 1). Es la base para las crisis de sobreproducción.

La crítica a la tesis subconsumista

La explicación de Marx de las crisis enlaza con su crítica de la ley de Say. Y se diferencia de las explicaciones subconsumistas. Contra lo que muchas veces se piensa, Marx, al menos en su obra madura, no explicó las crisis por debilidad del consumo. Más aún, su teoría de la reproducción y acumulación del capital contiene la crítica tanto al enfoque de Malthus como al de Sismondi. Con respecto a Malthus, la idea es que si los capitalistas no gastan la plusvalía en bienes de lujo, o en servicios de trabajo improductivo, dispondrán de más dinero para ampliar la producción, como lo demuestran los esquemas de reproducción (tomo 2 de El capital).

En lo que atañe a Sismondi, es un error pensar que la realización del valor encarnado en la plusvalía pueda depender del gasto de los trabajadores. Las compras de los bienes salariales solo pueden realizar la parte del producto nacional que corresponda a los salarios agregados. El salario, necesariamente, es menor que la totalidad del valor agregado por el obrero. Por, lo tanto, la realización de la plusvalía está sujeta al gasto de los capitalistas; no depende del consumo obrero (de nuevo, remitimos al tomo 2 de El capital).

La LTDTG, la crítica a Say

En notas anteriores hemos tratado la ley, cd Marx, de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Entre otras cuestiones, señalamos que esa ley no está bien formulada por Marx (es lo que demostró el teorema Okishio, aquí); y por otra parte, sostuvimos que Marx no intentó explicar las crisis cíclicas por la ley. En todo caso, la LTDTG no parece jugar un rol importante en la crítica a la ley de Say.

De todas formas, habría una relación entre la LTDTG y la sobreproducción. La misma es aludida por Marx en El capital, cuando cita aprobatoriamente el siguiente pasaje de Richard Jones: “Una baja de la tasa de ganancia se halla comúnmente acompañada de una rápida tasa de acumulación” (citado en p. 340, t. 3). Si esto es así, la caída de la tasa de ganancia exacerbaría, al menos durante un tiempo, la ampliación de la producción y la guerra competitiva entre los capitalistas.

Breve referencia a Say-Mill y la teoría de Henrik Grossmann

La teoría de la crisis de Marx, presentada en el capítulo 17 de Teorías de la plusvalía, está estrechamente vinculada a su crítica de la ley de los mercados. Esta relación ha sido pasada por alto por muchos marxistas. Ciertamente, se menciona la crítica de Marx a Say, en el sentido que la ley de los mercados niega la posibilidad misma de la crisis. Pero las “condiciones” que llevan de la posibilidad teórica de las crisis a su realidad, desarrolladas por Marx en ese capítulo 17 de Teorías…, y su explicación de la sobreproducción, raramente se mencionan o problematizan. Algunos marxistas incluso sostienen que Marx nunca elaboró una explicación de las crisis de sobreproducción. Es como si la crítica de Marx a la ley de los mercados pasara solo por demostrar la posibilidad de la crisis. Su necesidad, y el carácter de la sobreproducción, apenas se mencionan, o ni siquiera eso. De ahí el empeño en elaborar otras explicaciones, distintas de la sobreproducción. Las más frecuentes fueron las subconsumistas; las del “profit squeeze”, caída de las ganancias por presión de los salarios; y por la baja tendencial de la tasa de ganancia (combinada a menudo con la “escasez de plusvalía”).

Hemos tratado estas teorías en notas anteriores. Aquí solo nos interesa señalar un problema de método contenido en el libro (de perdurable influencia en el marxismo) de Henrik Grossmann sobre el derrumbe del sistema capitalista. Se trata de que Grossmann intentó demostrar la inevitabilidad del derrumbe suponiendo que, a lo largo de décadas (en su modelo nada menos que 35 años) oferta y demanda coinciden. En su apoyo cita a Mill y afirma que para explicar las crisis hay que suponer que a toda oferta le corresponde su demanda. También sostiene que “Marx vinculó su propia teoría a la propuesta por Mill”; que el papel de Mill en la elaboración de la teoría de las crisis “es indiscutible”; y que “en su estructura externa [Mill] muestra la misma construcción lógica que se encuentra en Ricardo y Marx”.

Nuestra posición: es imposible cuadrar la explicación de Marx de las crisis de sobreproducción con la ley de los mercados. La ley de Say niega que sean posibles las crisis de sobreproducción. Marx dice que no solo son posibles, sino inevitables. Son enfoques antagónicos. Las respectivas “construcciones lógicas” son incompatibles. Lo central: no hay forma de derivar las crisis capitalistas de la ley de Say. Más precisamente, si se sostiene la igualdad entre oferta y demanda a lo largo de décadas, la única manera de desembocar en una teoría del derrumbe es al precio de supuestos arbitrarios e irrealistas (ocurre en Grossman); o extraeconómicos (ocurre en Mill y la tesis de la fertilidad decreciente).  

A modo de conclusión

La crítica de Marx a la ley de los mercados no se limita a señalar la posibilidad de las crisis. Lo esencial es que las crisis de sobreproducción son el resultado inevitable de las leyes de la acumulación capitalista, y de sus contradicciones.  

Textos citados:

Baumol, W. J. (1977), “Say’s (at Least) Eight Laws, or What Say and James Mill May Really Have Meant”, Economica, vol. 44, N° 174, pp. 146-161.

Blaug, M. (1985), Teoría económica en retrospección, México, Fondo de Cultura Económica.

Bleaney, M. (1977), Teorías de las crisis, México, Nuestro Tiempo. 

Grossmann, H. (1929), La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, versión digital Euskal Herriko Komunistak.

Keynes, J. M. (1986), Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, FCE.

Malthus, T. R. (1986), Principios de Economía Política, México, FCE.

Marx, K. (1975), Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.

Marx, K. (1999), El capital, México, Siglo XXI. 

Mill, J. S (1848), Principles of Political Economy with some of their Applications to Social Philosophy (Ashley ed.)  Online Library of Liberty: Principles of Political Economy with some of their Applications to Social Philosophy (Ashley ed.) – Portable Library of Liberty

Ricardo, D. (1959), Principios de Economía Política y tributación, México, FCE.

Say, J. B. Tratado de Economía Política o exposición sencilla del modo con que se forman, se distribuyen y se consumen las riquezas Tomo 1. Tratado de economía política – Tomo Primero.doc

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1f4BV5Id63esagmkGB2QIoaqSydyAy83-HlONVMQRJmc/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

14/12/2025 a 15:59

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11 respuestas

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  1. Respetado Rolando, Insistes en el exabrupto. Como se que no harás caso a algo tan elemental de explicar, lo dejaré para que otros lectores puedan ver la contradicción con tu tesis. Es imposible de que la crisis tenga como causa la sobreproducción.

    Respetados lectores, en la reproducción el D-M-D’ se logra el ciclo y se realiza gracias a que el dinero compra mercancías, esto es que son salarios adelantados (antes de D’) y estos salarios adelantados consumen producción anterior. Es decir, si no hay salarios pagados no hay consumo de lo ya producido y esto solo es posible si el capitalista no entra al ciclo de acumulación, es decir no hay salarios que consuman lo ya producido y por tanto el problema no es de sobreproducción sino de subconsumo por interrupción del ciclo productivo, es decir, el capitalista no uso su D’ del ciclo anterior en inversión (conserva preferencia a la liquidez como diría keynes). El capitalista no puede realizar sus mercancías porque no ha habido salarios para el consumo, hay consumidores que no están reproduciendo su fuerza de trabajo y no porque hay exceso de oferta.

    Rolando lo menciona en la cita de Marx y que está interpretando erradamente: “Una demanda significa la voluntad de comprar y el medio de compra… El equivalente (medios de compra) que un hombre lleva es el instrumento de la demanda. La amplitud de su demanda se mide por la de su equivalente. La demanda y el equivalente son términos convertibles y pueden reemplazarse uno por el otro. Por lo tanto, su voluntad (la de un hombre) de comprar y sus medios de compra, su demanda, son exactamente iguales al volumen de lo que produjo y no tiene intención de consumir” (véase Marx, 1975, t. 3, pp. 83-84).

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    Avatar de LUIS GUILLERMO RODRIGUEZ ESCRIBANO

    LUIS GUILLERMO RODRIGUEZ ESCRIBANO

    15/12/2025 at 03:21

    • Rechazas que pueda haber sobreproducción. ¿Cómo se explica entonces la realidad de la sobreproducción? (una nota anterior la titulé precisamente con esta pregunta. «¿La sobreproducción no existe?). Cuando Marx y Engels hablaban de las crisis de sobreproducción, ¿inventaban los datos? Algo similar puede decirse de las crisis de 1929-1933, o 2007-2009, para mencionar las más profundas en EEUU en los últimos 100 años. ¿Cómo se pueden disimular esos datos? ¿Millones de viviendas terminadas para las que no había demanda no eran sobreproducción?
      Esto en cuanto a los datos. Pero en el plano teórico, lo tuyo es peor. Repites el argumento de la ley de los mercados. El problema fundamental: es equivocado identificar al equivalente con medios de compra, y por dos razones. La primera es que, como medio de compra circulan cantidad de créditos monetizados. En tiempos de Marx, eran las letras de cambio. Si no se entiende esto no se entiende el factor financiero que empuja al auge y de ahí a la sobreproducción (remito, entre tantos textos, a toda la sección V del tomo 3 de El capital; también, en un desarrollo más moderno, a notas anteriores en que trato el apalancamiento).

      Pero. en segundo término, y más grave, es identificar al equivalente con la demanda. Y pretender, para colmo, que esa es la posición de MArx. Esa es la posición de Ricardo y Mill, no la de Marx. Decir que la amplitud de la demanda se mide por la amplitud del equivalente, y que esa es la posición de Marx, es un desatino. Es volver a la idea de Ricardo, que toda la masa monetaria circula. Es no comprender lo básico de la crítica de Marx a la ley de Say.

      El error se puede ver incluso en lo que ocurre durante las crisis, por ejemplo, en la de 2007-09. En medio de la crisis la Reserva Federal inyectaba dinero en el sistema (aumento de la base monetaria) pero la demanda se caía igual (de hecho, el dinero inyectado volvía a la Fed vía aumento de las cuentas de los bancos en la Reserva.

      No puedo entender cómo afirmas algo así. Con, todavía, un tercer error: la producción no siempre va acorde a la evolución de la demanda, porque está condicionada por la competencia y la necesidad de los capitales de invertir para defender sus cuotas de mercado, incluso cuando hay conciencia de que hay sobreoferta. Es una historia que se repite una y otra vez. Ahora mismo está ocurriendo, por ejemplo en vehículos eléctricos, paneles solares, petroquímica. Pero los casos se multiplican. Nada de esto puede entenderse diciendo que la producción se rige por la evolución de la demanda, y que la demanda está determinada por el monto del «equivalente». Todo es ley de Say a la que intentas hacer pasar por teoría de MArx.

      Para coronar los desatinos, defendés una explicación subconsumista de la crisis. Otra tesis insostenible desde la teoría del valor trabajo. Ni siquiera se te ocurre explicar por qué diablos Marx y Engels se ocuparon de aclarar que las crisis de sobreproducción NO deben explicarse como crisis de subconsumo. Remito, por ejemplo, al Anti Dühring.

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      Avatar de rolandoastarita

      rolandoastarita

      15/12/2025 at 10:50

    • Para este debate habría que ir por partes. Pero te contesto de manera corta según mi entendimiento marxista y la teoría del valor.

      La «ley de say» no se cumple por que puede haber una diferencia entre producción y compras. Por tanto, la crisis del capitalismo no solo es posible sino que corresponde a su esencia siempre y cuando se cumpla que la acumulación capitalista no se realice según el supuesto D-M-D’. De esto último surge el debate que no abordaré de si es evitable o no.

      Si la ley de Say no se da es por que se interrumpe la lógica del ciclo de acumulación. Sino se interrumpiera el ciclo, la ley de say se daría perfectamente. Y no se da por que en algún momento (a) el capitalista interrumpe el ciclo o (b) lo que se produce infringe el principio de el valor uso dejando de cumplirse el ciclo de acumulación. Esto último es normal en sectores particulares como los que mencionas, pero así y todo es un problema de subconsumo por ser mercancía sin valor de uso.

      La contracara del subconsumo es la sobreproducción. Según dónde te pares. Pero en una lógica marxista, nos interesa es la dinámica, la cauda, esto es ver la acumulación no como un stock (sobreproducción de mercancías) sino como lo que es, un flujo de realización desarrollado por el movimiento del dinero (subconsumo).

      Conclusión, no se produce mas por que tengas mucho dinero para producir mas de la cuenta sino por que hay problemas de realización o por problemas de detención de la acumulación por que no hay salarios que compren lo producido (subconsumo).

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      Avatar de kingselfless997548e35b

      kingselfless997548e35b

      15/12/2025 at 14:09

    • Es imposible avanzar en la clarificación de las diferencias si se corre el arco cuando se refutan posiciones.
      Concretamente, he señalado el error contenido en tus afirmaciones sobre «el monto del equivalente», su relación con la demanda y la de esta con la producción. No puedes responder, de manera que no mencionás el asunto y pasás a otro argumento.

      Por otra parte, he dado cantidad de DATOS que muestran que la sobreproducción es un hecho en el capitalismo. ¿Qué respondes? Respuesta: de nuevo, NADA. No respondés y saltás a otro argumento. Que de nuevo, está equivocado.

      Efectivamente, afirmas: «»Si la ley de Say no se da es porque se interrumpe la lógica del ciclo de acumulación». ¿Y cuál es esa «lógica» de la acumulación? Respondes que puede ocurrir porque el capitalista (a) «interrumpe el ciclo» o (b) «lo que se produce infringe el principio del valor uso».

      Pues bien, (a) es tautológica. Decir que el ciclo de compras y ventas no se cumple porque los capitalistas dejan de cumplir el ciclo de compras y ventas es argumentar con un cero a la izquierda.

      Voy a (b): efectivamente, puede ocurrir que algunos capitalistas no cumplan con «el principio del valor de uso» (producen bienes que no tienen valor de uso). Pero esto nunca pueda explicar un abarrotamiento general de los mercados. Abarrotamiento cuya posibilidad niega la ley de Say. Que algunos capitalistas no puedan vender porque produjeron mercancías sin valor de uso no refuta la ley de los mercados. ¿No te das cuenta de que en la versión «débil» de la ley de Say esa «no venta» es perfectamente asimilable? Ricardo era un firme defensor de la ley de los mercados y admitía que ese tipo de «no venta» era posible. Lo mismo Mill. En cuanto a Marx, ni siquiera menciona esa posibilidad al explicar las crisis por sobreproducción (explicación que, como decimos en la nota, está orgánicamente derivada de su crítica a la ley de Say).

      Pero lo tuyo empeora todavía cuando mencionás «la lógica de la acumulación», sin explicar en qué consiste esa «lógica de la acumulación» en Marx. O sea, pasás por alto lo fundamental para explicar por qué la acumulación del capital desemboca periódicamente en la sobreproducción. Lo he citado en la nota. Es la crítica de Marx a Ricardo porque este pasa por alto que los capitalistas no dominan la producción (y por lo tanto, tampoco los precios) y están obligados a acumular so pena de perecer. Lo cito de nuevo:

      “… la naturaleza de la producción capitalista es: 1. Cada uno de los capitales actúa en una escala que no se determina por la demanda individual (encargos, etc., necesidades privadas) sino por el esfuerzo de realizar tanto trabajo, y en consecuencia tanto sobretrabajo como sea posible, y producir la mayor cantidad posible de mercancías con determinado capital; 2. Cada capitalista se esfuerza por captar la mayor parte posible del mercado, y por suplantar a sus competidores y excluirlos del mercado: competencia de capitales” (p. 416, Teorías…).

      ESTE ES EL ARGUMENTO CENTRAL. ¿Qué dices sobre él al hablar de «la lógica de la acumulación»? Respuesta: NADA. Te referís en el aire a la «lógica de la acumulación» sin decir palabra de lo que explica Marx sobre la acumulación y la tendencia de los capitalistas a ampliar la oferta por encima de la demanda. Y no se trata solo de la teoría, sino de los hechos que ocurren en el capitalismo: las guerras de precios, la saturación periódica de os mercados, la caída de las ganancias y de la producción. ES IMPOSIBLE explicar estos HECHOS si no se entiende en qué consiste, en la teoría marxista, la «lógica de la acumulación».

      Por otra parte, no tienes manera de refutar la crítica de Marx al subconsumo. Tampoco puedes explicar por qué Marx (también Engels, en el Anti Dühring, conocido por Marx) fue crítico de las tesis subconsumistas y sin embargo calificó a las crisis de las que era contemporáneo como crisis de sobreproducción.

      Por último, escribís: «en una lógica marxista, nos interesa es la dinámica, la cauda, esto es ver la acumulación no como un stock (sobreproducción de mercancías) sino como lo que es, un flujo de realización desarrollado por el movimiento del dinero (subconsumo)».

      Si la realidad es que durante las crisis las empresas acumulan existencias sin vender, ¿cómo se puede afirmar que eso no interesa porque «es stock» y no es «flujo»? Equivale a decir que no nos interesan las crisis. Por otra parte, cuando hay (situación normal del capitalismo), «flujo de realización» (¿?), este no es «desarrollado por el movimiento del dinero». Esa era la posición de Keynes. No tiene nada que ver con la teoría del valor y el dinero de Marx. Keynes penaba que en la Edad Media los mercados eran restringidos porque no circulaba dinero; En su concepción, es el movimiento del dinero el que mueve las mercancías. Marx critica esta posición. En época de Marx había gente que pensaba que las crisis ocurrían por escasez de circulante. No entendían que era al revés, había escasez de circulante porque había crisis. Lo que dices está equivocado, tanto teórica como históricamente. En este último aspecto puedo recomendar el libro, clásico, de Pierre Vilar sobre la historia del oro y el dinero.

      Pues bien, hasta aquí llegué. Presentas «argumentos» (de alguna manera hay que llamarlos) sin la más mínima seriedad. No tiene sentido seguir este intercambio.

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      Avatar de rolandoastarita

      rolandoastarita

      15/12/2025 at 15:32

    • Luis:

      No voy a retomar argumentos que la propia nota de Rolando desarrolla con sobrada claridad y que tu comentario pasa por alto. En ese sentido, el punto no es volver a discutir la teoría de las crisis, sino advertir que tu objeción reproduce exactamente aquello que la nota critica, sin dialogar con ella. Dicho de otro modo: tu comentario no discute la nota, la elude.

      Astarita dedica todo el texto precisamente a criticar la identificación entre demanda, medios de compra y circulación monetaria, y a mostrar por qué esa posición —que vos retomás sin matices— reproduce la ley de Say y deriva inevitablemente en explicaciones subconsumistas. Sin embargo, no hay en tu respuesta una sola referencia concreta a los argumentos desarrollados en la nota.

      No se trata de tener o no tener razón “en general” sobre las crisis, sino de leer aquello que se critica antes de reiterarlo como objeción. Cuando afirmás que el problema no es la sobreproducción sino el subconsumo por interrupción del ciclo, estás afirmando exactamente lo que la nota muestra como teóricamente insuficiente y ajeno a Marx. Eso no constituye una refutación, sino la reafirmación de una posición previa que es justamente la que se discute.

      Puedo estar conjeturando (y lo aclaro), pero comenzar una respuesta diciendo “insistís en el exabrupto” sugiere que la discrepancia no surge del contenido del texto, sino de una postura ya tomada frente al autor y su concepción de las crisis capitalistas. En ese marco, el intercambio deja de ser teórico y pasa a ser meramente declarativo.

      Tampoco queda clara tu posición general en relación con el problema que discutís: si se inscribe en una perspectiva marxista, keynesiana o de otro tipo. Esa indefinición tampoco ayuda a que el debate avance.

      En fin, abrir discusiones siempre es valioso, pero la condición mínima es discutir lo que efectivamente se dice, y no volver cíclicamente sobre los mismos argumentos prescindiendo del texto en cuestión. Dinámicas de ese tipo no esclarecen, sino que tienden a simplificar fenómenos que ya son complejos incluso para quienes los estudian de manera sistemática.

      Saludos.

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      Avatar de Mariano V.

      Mariano V.

      19/12/2025 at 17:24

    • Para iniciar debo resaltar la manera, forma y contenido con que asumes la crítica a mi tesis. Muy diferente al del respetado Rolando dónde en su respuesta asumió la falacia de autoridad y una soberbia que además juzga y no aborda el debate que propuse. Como dice el mismo Rolando, ahí no hay debate posible y es mejor dejar que justifique su existencia a partir de su soberbia. Posiblemente sonó muy presuntuoso de mi parte haber dicho «insistes en el exabrupto», pero se debe a otros debates en el que toma la misma aptitud ante críticas a sus posturas.

      Cualquier crítica a la ley de Say conlleva necesariamente el debate de la crisis capitalista pues la afirmación de la ley de Say implica la imposibilidad de crisis capitalista. Si la ley de Say no se cumple, es decir no es «verdadera», la implicación inmediata es el reconocimiento de que es un sistema inestable con probabilidad permanente de presentar crisis.

      Entonces es supremamente interesante saber si la ley de Say no se cumple por que se produce mas que la capacidad de consumir o lo que se produce no hay quien lo pueda comprar. Desde la lógica más elemental, no coincido con el Marx que considera la sobreoferta como la naturaleza del problema. Creo que en el Marx del subconsumo, le faltó explotar mas incisivamente las ideas en que expresaba que el subconsumo es una tendencia permanente capitalista por las ansias de sobreexplotación. Este último explicado por Marx, no como el elemento preponderante de porque NO se cumple la ley de Say y es precisamente en este punto que considero que Marx induce el exabrupto a los marxistas posteriores.

      La lógica más elemental va en lo siguiente, repitiendo lo dicho: 1) Supuesto Fundamental; Las mercancías se cambian siempre a sus valores de cambio 2) Supuesto; El dinero, independientemente de los precios, siempre representan el valor equivalente (relativo) de las mercancías 3) supuesto; Los salarios corresponden al capital variable adelantado, es decir, antes de ser realizado por las mercancías correspondientes al ciclo por lo que se le paga al trabajador. 4) Supuesto; Lo que consume el trabajador y lo que consume como materia prima y otros capitales constantes se consumen del producido del ciclo anterior y son mercancías (M), sobra decir para el objetivo que no se consumen mercancías pertenecientes al mismo ciclo.

      Dado este conjunto de supuestos, para realizar el M del ciclo anterior, significa que el D o D’ que se tiene para el presente ciclo no se está gastando en su totalidad, es decir, el problema es de subconsumo y no un M´ de exceso puesto que el capitalista no ha gastado en salarios, materias prima o maquinaria.

      Este argumento fue el presentado. Para que no salgan argumentos tontos toca adicionar unos supuestos que me parecen sobrantes. 1) Supuesto sobrante: No es necesario para discutir la ley de Say aclarar el problema del valor de uso de algunas particularidades (nos interesa la ley en la economía agregada). 2) Supuesto sobrante. El problema de la transfiguración del dinero a precios o de su naturaleza en un ciclo es irrelevante para explicar el no cumplimiento de la ley de say (Nos interesa aclarar es si la oferta no genera su demanda).

      Te adiciono que son varios Marxistas los que han hablado de la crisis por problemas de subconsumo: Paul Sweezy, Paul Baran, Maurice Dobb, Michał Kalecki, Harry Magdoff y John Bellamy. Particularmente me ha atrapado los argumentos de Kalecki.

      Y por último aclaro que estos son las consecuencias de la invalidez de la ley de say por un sistema de sobreacumulación capitalista y que estas son crisis de ciclo, pero hay una crisis estructural mas profunda explicada por las bajas tasas de ganancia que tienen otra lógica diferente y las cuales tienen un fuerte asidero. Por tanto, la crisis cíclica o estructural son por subconsumo y por la baja tasa de ganancia y nada que ver la famosa sobreoferta.

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      Avatar de kingselfless997548e35b

      kingselfless997548e35b

      20/12/2025 at 23:17

    • «no coincido con el Marx que considera la sobreoferta como la naturaleza del problema. Creo que en el Marx del subconsumo (¿¿¿¿????), le faltó explotar mas incisivamente las ideas en que expresaba que el subconsumo es una tendencia permanente capitalista por las ansias de sobreexplotación»

      Che y no será que a Marx no le faltó explotar ninguna idea? No será que no se explayó en ese sentido porque pensaba que esa idea subconsumista estaba equivocada, como citó extensamente Rolo?

      No respondes ningún argumento, inventás que Marx defendía una posición sin poder citar nada de su obra en ese sentido y mirando para otro lado cuando te muestran citas donde Marx critica esa posición consumista. (Ni hablar del dato duro, de cuando empieza a caer la inversion y cuando los salarios en una crisis)

      No es una falacia de autoridad citar a un autor para explicar que pensaba (o no pensaba) dicho autor. Si vos pensas que las crisis son por subconsumo, perfecto, pero no trates de hacer pasar como que esa era la postura de Marx o Engels.

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      Avatar de German

      German

      21/12/2025 at 21:26

    • Mi hermano, Marx habló tanto de problemas de subconsumo (permanente) como de sobreproducción (sobreoferta). Le dio fuerza a la idea de sobreproducción que a mi entender es un error del Gran Marx. Como lo he dicho, la sobreproducción es la otra cara del subconsumo, pero la sobreproducción es el efecto del subconsumo y el subconsumo no solo es un problema permanente del capitalismo por mantener en el tiempo bajos salarios y buscar la máxima rentabilidad como la planteo Marx en su contexto. Es el subconsumo la causa de la ruptura cíclica de realización, es un efecto de la sobreacumulación y la ganancia. Es la nuez de la imposibilidad de la ley de Say.

      Lo de citar, no es un fin de mis planteamientos en este Blog. Te señalo algunas reflexiones entorno a esto. 1) Citar ahora es super fácil, por ejemplo, le puedo decir a la IA que me traiga la frase exacta de marx cuando en el libro 3, hablando de la tendencia a la baja tasa de ganancia menciona el asunto del subconsumo y me la trae y la pego y ya, quedo como un rey. Lo importante es que lo que digo tiene evidencia en los manuscritos de Marx, otros autores, las propia lógica y su corroboración empírica (apropósito, Rolando es muy olímpico y muy burdo para traer evidencia empírica, por ejemplo hablar de los vehículos eléctricos como sobreoferta o hablar de excesos de construcción para generalizar toda la crisis de 2008). 2) ¿Que porque me tocaría usar la IA para citar? porque no vale la pena en este espacio retomar lecturas que he hecho en el pasado para retrotraer la «santa palabra» de Marx o de otros autores. Rolando no me considera importante para hacer yo el esfuerzo de traer razones de peso y citadas de varios marxistas. Para que «Rola» me considerara medianamente respetable, tendría que ser un académico universitario con doctorados y miles de parafernalias. He sido profesor universitario y me han echado por que la academia esta dominada por la ortodoxia la cual siempre me aisló por considerar que soy peligroso para el dogma, aunque mis alumnos me calificaran bien.

      Como ya lo he dicho en estas líneas y las respuestas en este blog. Marx hablo de crisis de subconsumo en contextos diferentes al de la ley de say, el problema, a mi modo de ver después de estudiar en el pasado mucho este tema, es que él (Marx) sustentará erradamente la sobreproducción. He llegado a la conclusión verdadera o errada (hasta ahora ningún autor de la sobreproducción me convence) que la sobreoferta solo es posible en los siguientes escenarios 1) Se da en una industria o sector por factores interesantes a analizar pero no necesariamente correspondientes a excesos de sobreinversión (vg autos eléctricos) 2) Cuando el subconsumo genera mayor acumulación de inventarios de mercancías (sobreoferta), es decir, es efecto o la contracara del subconsumo.

      Por último, Marx no deja de ser grande por que se le critique, ni deja de ser el economista por excelencia mas destacado de los últimos siglos. La importancia de newton en la ciencia es inmensa a pesar de que llegara un Einstein y derrumbara sus cimientos, como el gran Einstein no deja de ser grande por que se han encontrado problemas en sus planteamientos y hoy vamos en camino a pararse en sus hombros, como se paro Einstein en los de Newton y replantear la física a partir de las cosas que no cuadran; ya vamos en teoría de la cuerdas y otras. Para este gran admirador (yo) de Marx y siendo marxista (es decir siendo revisionista), la teoría de marx tiene algunos problemas que los académicos e intelectuales deben buscar como solucionar, entre otros 1) la sobreproducción como generador de crisis 2) corregir la idea del Dinero Mercancía de su poderosa teoría monetaria, precursora de grandes legados en esta materia.

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      Avatar de kingselfless997548e35b

      kingselfless997548e35b

      22/12/2025 at 01:44

  2. Hola profe,que le diría a Martín Tetaz que hace unos días afirmó que la IA y las industrias totalmente automatizadas son una muestra del fracaso de la ley del valor marxista. Cito textual:» es posible crear bienes y servicios con costo marginal cero esto es, mercancías que por razones tecnologicas no necesitan de trabajadores adicionales para ser creadas. Lo que no quiere decir que no necesites de trabajadores para crear la primera mercancía… El trabajo y las mercancías no están necesariamente vinculados. Saludos Rolo querido, muchas felicidades!

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    Avatar de Daniel Ojea

    Daniel Ojea

    22/12/2025 at 13:34

    • No conozco que exista una mercancía que tenga la característica de que solo se necesiten trabajadores para crear el primer ejemplar, y luego ya no se necesiten más trabajadores. Pero si eso ocurriera, no entiendo por qué cuestionaría la ley del valor trabajo. Una mercancía que no requiere trabajo para ser producida (esto es, considerando todas las etapas previas- no tendría valor (tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla).
      De hecho, en los Grundrisse Marx contempló la perspectiva de una economía automatizada. En ese caso, sostiene, el trabajador deja de ser el agente principal de la producción. A continuación, escribe: «Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida y por lo tanto el valor de cambio [deja de ser la medida] del valor de uso». Luego; «Con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio…» (véase Grundrisse, t 2, pp. 228 y siguientes, edición Siglo XXI).

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      Avatar de rolandoastarita

      rolandoastarita

      22/12/2025 at 16:38

    • convengamos que Tetaz habla de IA, como la gran mayoria, y no tiene idea de qué está hablando

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      Avatar de German

      German

      22/12/2025 at 21:14


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