Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Programa de transición, ¿política revolucionaria o reformismo burgués?

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Entre las muchas diferencias que tengo con el FIT, una de las más importantes se refiere a la agitación de las consignas de transición (al socialismo). Dada la relevancia del tema para la izquierda, en esta entrada presento la concepción de Marx y Engels sobre el programa de transición (con alguna observación de Lenin); y en contraste, la concepción trotskista. Para esto último, me baso en referencias a Trotsky y en “La cuestión energética y un planteo socialista”, de Norberto Calducci, publicado en Prensa Obrera el 7 de julio de 2021 (aquí), un escrito representativo del enfoque trotskista en el presente.

El programa transicional en Marx y Engels

Hasta donde alcanza mi conocimiento, el programa de transición fue presentado por primera vez por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista. Se trata de medidas para impulsar a la clase obrera hacia la abolición de la propiedad privada, hacia el socialismo. Entre ellas, la expropiación de la propiedad de la tierra; el establecimiento de impuestos fuertemente progresivos; la abolición de la herencia; la confiscación de la propiedad de los emigrados y enemigos de la revolución; la centralización del crédito por el Estado y de todos los medios de transporte; el trabajo obligatorio para todos. Lo fundamental es que este programa fue concebido para ser aplicado por la clase obrera desde el poder: “la primera etapa de la revolución obrera es la constitución de la clase obrera en clase directora, la conquista del poder público por la democracia”. El programa tenía sentido entonces en conexión con la toma del poder por los trabajadores.

Este criterio había sido explicitado por Engels en crítica a Karl Heinzen, poco tiempo antes de escribir El Manifiesto Comunista. Heizen proponía agitar las consignas transicionales en condiciones de dominio normal de la burguesía. En oposición, Engels sostuvo que si esas medidas transicionales se relacionan “con una situación pacífica, burguesa… están destinadas a sucumbir”. Más aún, en ese caso “no se puede contestar las correctas objeciones de los economistas burgueses”. En cambio, esas objeciones “pierden toda su fuerza tan pronto se consideran las reformas sociales apuntadas como pures mesures de salut public, como medidas revolucionarias y transitorias, y no como medidas fijas y últimas”. Pero por esta razón hay que explicar que las medidas transicionales “solo son posibles porque detrás de ellas está todo el proletariado puesto de pie, apoyándolas con las armas en la mano” (“Los comunistas y Karl Heinzen”). De faltar esas condiciones son quimeras de reformadores sociales, posiblemente bienintencionados, pero impotentes.

La razón es sencilla: se trata de abolir la propiedad privada del capital. Por eso en El Manifiesto Comunista Marx y Engels sostienen que el programa de transición solo podrá cumplirse “por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción”. Aunque desde el punto de vista económico las medidas “parecerán insuficientes e insostenibles… en el curso del movimiento se sobrepasarán”. Si en cambio son propuestas al margen de la clase social que las puede efectivizar de manera revolucionaria, se convierten en parches del sistema, confunden a las masas trabajadoras e inducen a la conciliación de clases. Por eso, en los 1880, y refiriéndose a la demanda de que la renta del suelo fuera pagada al Estado, Marx reconoció que esa era una demanda de transición, incluida en El Manifiesto Comunista entre muchas otras medidas que “son y deben ser contradictorias en sí mismas”. Pero por fuera de ese contexto se transformaba en una “panacea socialista” de “economistas burgueses avanzados barnizados de socialismo”, que declaraban poder solucionar las contradicciones del capitalismo (carta a Sorge, 30 de junio de 1881).

Una excelente observación de Lenin

Todo se reduce entonces a quién tiene el poder para aplicar las medidas transicionales. Cuestión que podemos ver en la consigna de “control obrero”, que se agita con frecuencia. La pregunta es: ¿desde qué poder se aplicará ese control? Más precisamente, y dada la actual situación en los sindicatos y del movimiento obrero, ¿de qué otra manera se puede plasmar hoy ese “control obrero” que no sea por vía burocrática, y en un sentido de colaboración con el capital o su Estado?

Dicho por la positiva: el control obrero real (no como apariencia, no como engaño) solo podrá aplicarse por algún lapso corto de tiempo, en situaciones de doble poder –consejos, obreros en armas, enfrentamiento con el aparato represivo- o una vez tomado el poder. Por esta razón, en 1917 Lenin explicaba a los que se mareaban con el palabrerío del control: “El control sin el poder en las manos no es más que una frase vacía. ¿Cómo voy a controlar yo a Inglaterra? Para ello tendía que apoderarme de su flota”. También: “¿Qué es el control? Si yo escribo un papel o una resolución cualquiera, ellos escribirán una contra-resolución. Para controlar hay que tener el poder (…) si encubro esta condición fundamental del control, no digo la verdad y hago el juego a los capitalistas e imperialistas (…) Sin poder, el control no es más que una frase pequeñoburguesa que frena la marcha del desarrollo de la revolución rusa” (Lenin, “Informe sobre el momento actual”, Séptima conferencia del POSDR (b), mayo de 1917).

La táctica trotskista, reformismo burgués

Compárese ahora lo anterior con el planteo de Calducci en la nota referida. Escribe: “Los revolucionarios no debemos refugiarnos solamente en enunciar un programa para cuando los trabajadores seamos gobierno. Para dotarnos de una línea de intervención que impulse la lucha hoy adquieren valor las consignas transicionales. … es necesario levantar un programa transicional que ponga el norte en la nacionalización de toda la industria energética bajo control obrero; así como la revisión de todos los contratos, concesiones, permisos de exportación y demás ataduras al capital. Este planteo apunta a golpear el poder de clase capitalista y abrir paso a una transición bajo control de las y los trabajadores, de alcance internacional, que replantearía la producción de energía y su consumo teniendo en cuenta las necesidades sociales y el equilibrio ambiental (…)”

Aquí se repite, punto por punto, el error de Heinzen que criticaba Engels: las medidas transicionales están presentadas al margen y por fuera de la explicación imprescindible: que solo tienen sentido si se instrumentan de conjunto y por el proletariado “puesto de pie y en armas”. De lo contrario, solo pueden plasmarse de forma burguesa reformista, o burocrático-reformista. Cuestión que se ve en el pasaje de Calducci que sigue a continuación del anterior: “Nuestro programa plantea la nacionalización sin pago y el control por parte de la clase obrera de la producción; es parte de un planteo integral de reorganización social. (…) Por el control obrero de toda la producción energética; la nacionalización de la misma, del comercio exterior y la banca; y la apertura de libros y cuentas del gran capital. Formulamos un pliego transicional para enfrentar la presente barbarie energética y general, en la lucha por un gobierno de trabajadoras y trabajadores.”

De nuevo, falta lo fundamental: que en tanto la clase obrera no se emancipe del control burocrático-burgués (de los sindicatos, de las organizaciones sociales, de las representaciones políticas) el control obrero no puede no ser una forma de colaboración de clases. Hay que decir la verdad a las masas explotadas. “Si encubro” las condiciones  necesarias para la liberación social de los explotados “no digo la verdad y hago el juego a los capitalistas”. Más en general, las medidas de transición al socialismo no se pueden aplicar “en escalera”, en el marco de un régimen burgués, con las masas desarmadas y sofocadas por los aparatos burgueses y burocráticos. Peor todavía: si se presentan como medidas “en sí” progresistas, la política se desliza, irremediablemente, y por lo que hemos explicado, al pantano del reformismo burgués. Los argumentos de Engels al respecto conservan vigencia.

Pero además, es absurdo creer que la hegemonía ideológica y política de la clase capitalista sobre las masas obreras se puede superar convocando, una y otra vez, a imponer medidas de transición al socialismo, bajo la dominación capitalista.Y es un desatino pensar que si no se hace esto “no hay política de intervención” por parte de los marxistas, como insinúa Calducci. ¿Acaso Marx y Engels eran prescindentes de las luchas políticas de su tiempo? ¿Acaso la Tercera Internacional, bajo conducción de Lenin, no intervenía en política? Pero a Marx, Engels, Rosa Luxemburgo o Lenin, para nombrar solo a algunos referentes destacados, no se les ocurría que “hacer política” consistiera en repetir una y otra vez que hay que instrumentar ya mismo medidas de transición al socialismo, abstraídas, para colmo, de la cuestión central de qué clase ejerce el poder.

¿Poder obrero o correlación de fuerzas?

Como no podía ser de otra forma, en las discusiones sobre la manera de aplicar la táctica transicional que Trotsky tuvo con sus partidarios, surgió el tema del poder (véase “Discussion on the Transicional Program”, y “More Discussions…. en Trotsky, Writings 1938-1939). En esas intervenciones Trotsky reconoce que “ninguna de las reivindicaciones transitorias puede ser completamente realizada con el mantenimiento del régimen burgués”. Sin embargo, en el Programa que la Cuarta Internacional presentó a las masas esa restricción no se hizo explícita. Pero incluso la fórmula “la medida transicional no puede ser completamente realizada” es engañosa, ya que induce a pensar que “parcialmente” realizada tendría un carácter progresivo. En cualquier caso, y con el fin de arrancar la movilización, la cuestión de la imposibilidad de la demanda transicional es remitida por Trotsky a la correlación de fuerzas. Un argumento que se sigue esgrimiendo en el trotskismo: la aplicación de las medidas transicionales depende “de la correlación de fuerzas que la clase obrera imponga al capital”. Este argumento subyace en la nota de Calducci.

Pero en el capitalismo la factibilidad de medidas como repartir las horas de trabajo y eliminar el desempleo, o la escala móvil de salarios, y similares, no depende simplemente de la correlación de fuerzas entre las clases sociales. Las leyes de la acumulación capitalista son objetivas; no se superan con mera voluntad de luchar (ni con estatismo pequeñoburgués, dicho sea de paso). En la medida en que subsista la propiedad privada del capital las luchas obreras tienen límites. Por ejemplo, la desocupación, o el freno de las inversiones cuando las condiciones de acumulación no se presentan favorables para los capitalistas, no pueden eliminarse con “correlación de fuerzas favorable”. De ahí la importancia de acabar con el monopolio de la propiedad privada del capital. Por eso también, si se quiere eliminar la explotación, hay que acabar con el aparato de dominio y represión del capital. Como puede verse, no se trata de medidas transicionales “parcialmente realizadas”. La transición al socialismo, contra lo que pensaba Bernstein, no se puede realizar “parcialmente” desde el seno del modo de producción capitalista.

¿Cuándo tuvo éxito?

Llegados a este punto, escucho un argumento bastante frecuente: “sabemos que el programa de transición solo se puede aplicar desde el poder. Sin embargo, si decimos esto, no podemos movilizar por demandas transicionales. Por lo tanto, agitamos las consignas sin explicar sus condiciones de aplicación. El objetivo es movilizar, puesto que una vez que las masas obreras se pongan en movimiento por las demandas transicionales –“control obrero” o “reparto de horas de trabajo hasta acabar con la desocupación” y similares- llegarán a la conclusión de que es necesario tomar el poder”. Pero… ¿dónde se vio que las movilizaciones avancen por esas “escaleras transicionales”, del tipo, empezamos por pedir la estatización de una empresa y luego pasamos a exigir su control, luego la estatización de la rama, y así para arriba…?. ¿Acaso no inciden las ideologías, las direcciones políticas, las maniobras de las clases dominantes, de los “amigos del pueblo”, y tantos otros?

Pero más importante, ¿alguien puede citar aunque sea un caso en que esta táctica haya tenido éxito? Desde que Trotsky la formulara, en los 1930, centenares de grupos trotskistas la aplicaron, en las más diversas circunstancias, países y períodos. Repito la pregunta: ¿puede alguien nombrar una experiencia en que haya tenido éxito esa táctica? No me refiero a la toma del poder, sino simplemente a algún progreso en términos de conciencia de clase y organización de los explotados. ¿Dónde resultó exitosa? La respuesta es que en ningún lado. ¿No es hora de sacar un balance, de explicar qué ocurre con esta política?

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1wSljSnelZC701dq2xGd9qSiifc_UR7stDQypjlkYxXY/edit?usp=sharing

Written by rolandoastarita

12/07/2021 a 12:26

Publicado en General

16 comentarios

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  1. Hola Rolando. Lei que tu posicion es volver al programa máximo y mínimo. Como seria aplicar ese programa mínimo a la realidad y no quedar pegado a la burguesía. Porque entiendo que unas de las objeciones que tiene el trotkismo con ello, es reclamar reformas mínimas super extremas, que ni un partido como el peronismo se sume a dar.

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    El Marto

    12/07/2021 at 12:57

    • La idea de que si un partido propone un programa mínimo y un programa máximo queda pegado a la burguesía es insostenible. Marx y Engels defendieron esa división del programa, ¿quién puede decir que sus posiciones se confundían con las de la burguesía? Lo mismo se aplica a Rosa Luxemburgo. O a Lenin. Incluso en octubre de 1917, Lenin sostuvo que había que mantener la división entre programa máximo y mínimo (en oposición a la propuesta de Bujarin de suprimir esa división con el argumento de que se estaba en vísperas de la toma del poder). ¿Cómo se puede afirmar que esa posición de Lenin lo dejaba pegado a la burguesía?
      Hay argumentos de los trotskistas que son incomprensibles. O denotan mala fe intelectual, o un absoluto desconocimiento de la historia del socialismo. Pareciera que cualquier cosa les viene bien para sostener este disparate de la táctica transicional.

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      rolandoastarita

      12/07/2021 at 15:11

  2. tal vez como alternativa a la casi imposible tarea de organizar un ejercito obrero, que con existo pueda tomar el poder custodiado por los ejércitos que sostienen el sistema capitalista, se podría usar la estructura del orden jurídico existente, para iniciar una transición hacia un sistema donde los peores problemas de la organización económica capitalista puedan ser resueltos. Un sistema donde se planifiquen actividades orientadas al beneficio colectivo condicionando razonablemente el interés individual; planificar el uso de recursos, organizar el trabajo y las necesidades. No se si es muy prematuro pensarlo, pero la asamblea constituyente de Chile puede ser un experimento pacífico de transición.

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    rperezorue

    12/07/2021 at 14:14

  3. Muy buen artículo.
    Dejo apuntado que esta misma concepción aparece ya en el texto-borrador de Engels del Manifiesto, “Principios del comunismo”. En el punto 28

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    David F

    12/07/2021 at 16:46

  4. Pero visto que «”Global conventional crude oil production peaked in 2008 at 69.5 mb/d and has since fallen by around 2.5 mb/d.” (“La producción de petróleo crudo convencional llegó a su cénit en 2008 a 69,5 millones de barriles por día y desde entonces ha caído alrededor de 2,5 mb/d.”), página 45 del Panorama 2018 de la Agencia Internacional de la Energía, se descarga aquí https://www.oecd-ilibrary.org/energy/world-energy-outlook-2018_weo-2018-en», ¿estamos a favor o en contra de las centrales nucleares y/o hidoreléctricas rusas y/o chinas mencionadas en la nota de Calducci? Cualitativamente hablando dos y medio millones de barriles al día equivalen a un cuarto de Arabia Saudita desvanecida en las arenas del desierto. Y la situación va a empeorar https://tass.com/economy/1299439

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    José Mercado

    12/07/2021 at 17:22

    • ¿La produccion convencional cayó un 3% en 10 años? Tremendo. ¿Y la produccion de shale oil y shale gas, no compensan ese 3%? Ah si, la produccion mundial de crudo en 2020 fue de 76,1 mb/d (teniendo en cuenta que hubo un recorte de la produccion acordada por la OPEP por la caida del precio)

      ¿Estamos a favor o en contra de las usinas electricas que los ingleses instalaron en Argentina en el siglo XX? ¿Como afectaba eso a la soberania? ¿y al imperialismo? ¿No era mejor que el capitalismo argentino se desarrollara en base a la tecnologia autoctona de la luz mala?

      Pero lo mas importante, ¿que tiene que ver todo eso con el programa de transicion que es el objeto de esta nota?

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      German

      12/07/2021 at 21:18

  5. Hacer un programa minimo y maximo demanda esfuerzo, hay que estudiar, pensar y eso es dificil. Es mas facil decir “nacionalizacion bajo control obrero, abrir los libros, expropiar sin pago”, etc.

    Cuando se discutian los tarifazos de Macri propusieron eso, cuando sube el precio de la carne proponen eso, hay desercion escolar por falta de conectividad proponen eso, mañana se lesiona Messi y piden la expropiacion sin pago de Barcelona FC. A todo tienen solucion, no hace falta estudiar el problema.

    La otra constante es decir que “X cosa no es posible en el capitalismo” por mas que todos los datos lo refuten (mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, que aumente la produccion y la economia crezca, que haya un cambio de matriz energetica, que hay competencia y guerra de precios, etc).
    Por ejemplo en la UE la participacion de energias renovables superó a las fosiles el año pasado, eso no impide al autor de la nota decir que es imposible hacer eso en el capitalismo.

    Son incapaces de sostener por que el socialismo es necesario, de explicar porque el hombre tiene que controlar la economia y no al reves, de analizar cientificamente los datos y contrastarlos con sus teorias. Incapaces de cualquier autocritica. La izquierda argentina se proyecta a si misma en el capitalismo que describen.

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    German

    12/07/2021 at 21:52

    • El que no apoya las manifestaciones en contra de la dictadura castrista no entiende nada. Así de sencillo…

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      Gorilón

      13/07/2021 at 13:17

    • Sesenta años de bloqueo criminal explican muchas situaciones. Reconozco las criticas que se hacen frecuentemente al capitalismo de estado bajo apariencia de socialismo y a gobiernos donde la oferta de candidatos es previamente filtrada por un partido único en el gobierno y no hay espacio para libre oposición ni critica al gobierno y una política de censura interna que viola derechos humanos universalmente reconocidos. Recordemos también que en los supuestos campeones de la Republica y democracia, empiezan a robarle elecciones a los candidatos “no confiables” como B. Sanders, ya en fase de primarias partidarias, ni hablar después del “democrático” colegio electoral y sus electores swingers y ni hablar del origen de la enmienda sobre posesión de armas basadas en la represión de los esclavos, etc., o de de la abolición de la esclavitud, salvo el caso de comisión de delitos. Los campeones de la republica y la democracia, que albergan organizaciones terroristas (CIA, NSA, DEA, FBI) para destruir la voluntad popular plasmada en los gobiernos de otros paises que no pueden dominar. Además su Estado organiza un bloqueo criminal ,como nunca en la historia se vio, ese elemento debe ser tomado en cuenta para cualquier análisis.

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      rperezorue

      13/07/2021 at 16:41

    • Las marchas contra el castrismo son culpa del bloqueo yankee que ademas no son una democracia verdadera. Ni mencion de la burocracia cubana, la represión, o la persecusión desde el gobierno de un pais que se llama a si mismo “socialista”.

      Ni hablar del apoyo cubano a Videla o Idi Amin, eso seguro también es culpa del bloqueo norteamericano o la CIA.

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      German

      13/07/2021 at 18:47

  6. Hoy dia plantear una insurrecion armada no es algo delirante.

    En caso de tener la capacidad organizativa para hacer frente a la reacción, podrÍa tener sentido plantear una toma democrática del poder, y que sean ellos quienes deban saltarse sus propias leyes?

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    David Martín

    13/07/2021 at 16:03

    • Perdon, quería decir que plantear la insurrección armada hoy SI es delirante. Al menos con las condiciones sociales que tenemos desde hace decadas.

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      David Martín

      13/07/2021 at 16:07

    • sinceramente me parece algo imposible organizar un ejercito desde cero. cualquier intento de armar un grupo de personas esta ya ilegalizado en el paraíso de la portación de armas que son muchos Estados norteamericanos. Ni hablar en otros donde para tener un arma de uso deportivo hay q hacer miles de tramites y el Estado jamás consolida definitivamente la tenencia. Eso sin contar que un ejercito es una estructura jerárquica vertical, donde la conducción tiene el derecho de ordenar a los subordinados morir en cumplimiento de ordenes. Además cualquier batalla moderna presupone un nivel de tecnología tan sofisticada como para directamente plantar un ejercito casi totalmente robotizado, donde la acción humana se reserve a aspectos de conducción estrategia. La ultima batalla que podría asemejarse en algo a los combates del S18, fue la guerra de Irak, donde primero se destruyeron todas las fuentes básicas de supervivencia de la ciudadanía y del propio ejercito, recordemos que bombardearon centrales de agua, energía, etc y recién 10 años después con un enemigo de rodillas y en fuga iniciaron el avance terrestre.

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      rperezorue

      13/07/2021 at 17:31

    • es imposible organizar un ejercito de cero. Es como decir quiero competir con Amazon mañana. El nivel de desarrollo tecnológico de los ejércitos privados y estatales es tal que resulta imposible oponer una organización con mínimas chances de éxito. Me parece mucho mas sensato oponerse ejerciendo el derecho ciudadano de protesta, como sucedió en Chile y lograr que el aparato represivo se repliego y el poder político entienda que debe ceder a demandas colectivas organizadas.

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      rperezorue

      13/07/2021 at 17:44

    • Realmente queria decir que era algo delirante plantearselo hoy, y escribi justo lo contrario.

      Aunque si se plantease, creo que más que tener muchas armas, lo que se necesitan son los tecnicos que entienden la tecnologia militar y de comunicaciones de hoy.

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      David Martín

      13/07/2021 at 19:58


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