Agresión imperialista – sionista y opresión del pueblo iraní

El sábado 28 de febrero EEUU e Israel lanzaron decenas de bombas sobre Teherán y otras ciudades iraníes, asesinando al líder supremo iraní Alí Jamenei y a unos 50 altos mandos militares. También atacaron infraestructuras e instalaciones civiles, incluyendo un colegio de niñas en la ciudad de Minab, con un saldo de al menos 100 muertos. Irán respondió atacando bases militares estadounidenses en Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak; además de Tel Aviv y otras ciudades de Israel. También cerró el estrecho de Ormuz, con lo que se disparó el precio del petróleo. En paralelo, Hezbollah se solidarizó con Irán y lanzó cohetes contra Israel, aunque con pocas consecuencias. En cualquier caso, la guerra se regionaliza –y puede desembocar en un conflicto armado global- y se exacerban las tensiones entre las potencias.
La agresión sionista-imperialista se produjo en momentos en que EEUU e Irán estaban progresando en las discusiones en torno al programa nuclear iraní, y no había ninguna amenaza inmediata de ataque por parte de Teherán. Se trata de una agresión imperialista, en la misma línea que hemos visto en las amenazas de Washington a Groenlandia, Canadá, Panamá; el ataque a Caracas y el secuestro de Maduro; o el bloqueo con que Trump busca el colapso de Cuba.
Todo indica que el objetivo de Trump, acompañado por Netanyahu, es desarticular de raíz al régimen iraní. En un extremo, tal vez llegar a su ocupación, al menos parcial. Aunque para esto habría que ocupar militarmente el territorio. Y las experiencias de ocupación militar de EEUU no han sido precisamente exitosas (recuérdese Afganistán, Iraq).
Un régimen brutalmente represivo
EEUU e Israel lanzan este ataque después de que el régimen chiita fue sacudido por masivas demostraciones opositoras. Una saga que está en progreso desde hace años. Para destacar los hitos más cercanos: en noviembre de 2019 estallaron protestas por el aumento del precio del gasoil. Fueron reprimidas; Amnesty International pudo comprobar la muerte de 321 personas a manos de las fuerzas de seguridad. Luego, en 2022, el asesinato por la policía de la joven kurda Jina Mahsa Amini, arrestada porque se había negado a usar el hijab, encendió el movimiento “Mujer, Vida y Libertad”. Miles de mujeres salieron a la calle sin el hijab y exigiendo libertad y justicia. Según organizaciones de derechos humanos, la represión asesinó al menos a 500 personas, y unas 20.000 fueron encarceladas. En diciembre de 2025 estallaron masivas protestas por la crisis económica (derrumbe de la moneda) y en reclamo de libertades. Una vez más, fueron reprimidas a sangre y fuego. El mismo gobierno admitió que hubo más de 3100 muertos. Organismos de derechos humanos y opositores elevan la cifra a más de 7000. Hay que sumar unos 40.000 detenidos.
A la vistas de este récord, no es de extrañar que sectores de la población hayan festejado la muerte de Jamenei. Incluso en algunos sectores habría simpatía por Reza Pahlavi, el hijo del Sha depuesto por la revolución de 1979. Un sujeto favorable a Trump, enemigo del movimiento en pro de la liberación de las mujeres, y de los kurdos.
Lo fundamental: de la mano de la teocracia iraní no hay posibilidades de liberación real de los iraníes. Estamos ante una dictadura ultra represiva, marcada a fuego por el dominio político del clero chiita. Su norma religiosa fundamental establece la obligación de obediencia absoluta al Guía Supremo. Cualquier oposición a su autoridad puede ser considerada una guerra contra Dios, castigada con prisión o incluso la pena de muerte. “El ser humano solo es reconocido como siervo de Alá; los derechos humanos no existen, ya que todos los derechos pertenecen a Dios y el ser humano solo tiene deberes. Reivindicar derechos es un delito; la crítica debilita el régimen y la oposición al Velayat-e faqih [el gobierno del jurista teólogo] se asimila a una guerra contra Alá” (“Présentation succinte de la République islamique d’Iran. Analyse de la nature, des fondements et du fonctionnement du régime”, A l’encontre, 13/01/2026, traducido por Correspondencia de Prensa, 15/02/2026).
Es imposible pasar por alto la naturaleza de este régimen. Por eso, no basta con que los partidos de izquierda declaren tener una política independiente del régimen (como hemos leído en algunas publicaciones de la izquierda “radical”). No se puede enfrentar la agresión imperialista bajo las órdenes de burócratas, milicos y religiosos ultra reaccionarios. Algunas personas de izquierda piensan que debe aplicarse una táctica en etapas: primero, frente antiimperialista con los reaccionarios (pero nacionales); segundo, obtenida la liberación nacional, lucha por las demandas obreras. Parece de «sentido común», pero esa táctica (tradicional en los partidos comunistas) lleva a la derrota y la desmoralización.
Las demandas democráticas son clave. Además del llamado a resistir la agresión imperialista y sionista, son fundamentales las otras demandas democráticas básicas: El cese inmediato de la represión. La liberación de todas las personas detenidas por reclamar sus derechos y libertades. Cese inmediato de las ejecuciones, abolición de la pena de muerte y de las torturas. Plenos derechos democráticos a las mujeres. Libertad de prensa, de manifestación y de organización.
Trump y Netanyahu hablan de devolver derechos democráticos al pueblo iraní, pero es solo retórica para disimular su política criminal. Los pueblos no pueden esperar nada de los que provocaron el genocidio del pueblo palestino. Ni de los que apoyan el creciente control israelí sobre Cisjordania; o la invasión militar israelí en el sur del Líbano, que se está desarrollando al momento de escribir estas líneas. Como plantea Unión Sindical Solidaires, “La emancipación de los pueblos de Irán solo puede venir desde dentro del país”. La intervención militar estadounidense e israelí va en el sentido opuesto. Lo que más temen los gobiernos de EEUU, Israel, Arabia Saudita, Qatar, también de la UE, es que las masas oprimidas se organicen y movilicen por su cuenta.
En conclusión, son necesarios dos ejes, combinados: la denuncia y resistencia frente a la agresión sionista-imperialista; y la lucha contra el régimen teocrático reaccionario.
Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1NoA28n7wLNhuRM2wpUij4M8hc7CS_52RDNxOUqrjlMs/edit?usp=sharing

















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