Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Teoría del valor, respuesta a crítica desde Cuba (2)

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La primera parte de esta nota, aquí

Cuestión de método

Antes de analizar lo que escribe Marx en las glosas sobre Wagner, es necesario realizar una observación con respecto a las discusiones o interpretaciones sobre autores. Se refiere a que no basta con contraponer la cita X a la cita Y para “demostrar” que Y debe ser dejada de lado a fin de interpretar correctamente el pensamiento de un autor; o a la inversa, citar Y para dejar de lado X.  Esta forma de polemizar es propia de dogmáticos, o de gente que no comprende de qué se está hablando. Así, si en el escrito X Marx parece sostener, con relación al mismo asunto y en el mismo sentido, lo opuesto de lo que afirma en Y, o bien estamos ante una contradicción lógica; o ante un cambio de posición; o simplemente X e Y se refieren a cuestiones distintas. Lo importante entonces es explicar. Más aún cuando se trata de conceptos fundamentales, como son los contenidos en el capítulo 1 de El Capital, y en otros textos de Marx que quedaron en borrador, pero que dicen lo mismo que en ese primer capítulo.

Las glosas sobre Wagner y la teoría del valor de Marx

 Vayamos ahora las “Glosas marginales al ’Tratado de Economía Política’ de Adolfo Wagner”, de Marx (en adelante, “Glosas”). Las citas que siguen corresponden a la versión contenida en el Apéndice del tomo 1 de El Capital, edición FCE, México, 1964; los pasajes citados los he comparado con la versión en alemán y la traducción al inglés que pueden consultarse en https://www.marxists.org/archive/marx/works/1881/01/wagner.htm. En lo que sigue, y en la medida en que indique solo el número de página, la cita pertenece a las “Glosas”.

Vayamos entonces al nudo de la cuestión. Como hemos visto en la primera parte de esa nota Marx habla, repetidas veces, sobre la reducción de los valores de cambio a sustancia común. Para dar ahora un solo ejemplo, ya citado, en la p. 46 del capítulo 1 de El Capital afirma que “es preciso reducir los valores de cambio de las mercancías a algo que les sea común, con respecto a lo cual representen un más o un menos.”

Sin embargo, y dado que Hayes Martínez no está de acuerdo con esta idea, le contrapone un pasaje tomado de las “Glosas” en el que Marx afirma que en ninguna parte habla de “la sustancia común del valor de cambio”. Sin embargo, son dos los pasajes que pueden desorientar a un lector superficial. A fin de clarificar la cuestión, los presentamos:

a) “Yo no hablo en parte alguna de ‘la sustancia social común del valor de cambio’; lo que digo es que los valores de cambio… representan algo común a ellos… a saber: el ‘valor’” (p. 713). Este pasaje es el que recuerda Hayes Martínez en su crítica.

b) “Yo no digo que la ‘sustancia social común del valor de cambio’ sea el ‘trabajo’; y como trato por extenso, en un apartado especial, de la forma del valor, es decir, del desarrollo del valor de cambio, sería curioso que yo redujera esta forma ‘a una sustancia común’, al trabajo” (pp. 713-4, corregido según versión alemana y traducción inglesa).

Como puede verse, estamos ante afirmaciones aparentemente contradictorias. En El Capital Marx explica que es preciso reducir los valores de cambio a algo que les sea común. Pero en las “Glosas” afirma que es equivocado hablar de la sustancia social común del valor de cambio, y precisa que sería “curioso” si él redujera el valor de cambio a “sustancia social común” (trabajo). Aunque en este texto Marx también recuerda el pasaje de El Capital, cap. 1, en el cual dice: “La sustancia común que se manifiesta en la relación de intercambio o el valor de cambio es, por lo tanto, su valor” (“Glosas”, p. 713; El Capital, p. 47 t. 1). Por lo tanto sabemos que en las “Glosas” Marx no modificó lo que escribió en El Capital. ¿Cómo se explican entonces los pasajes (a) y (b)?

El asunto se aclara una vez que entendemos de qué trata la crítica de Marx a Wagner. En primer lugar, tengamos presente que Marx critica a Wagner porque, según este, el determinante del valor son los costos, la utilidad, el provecho y el factor necesidad (véase p. 715). Marx está en desacuerdo, y de ahí su énfasis, en las mismas “Glosas”, en que la “sustancia social común” que subyace al intercambio es el gasto de fuerza de trabajo. Pero en segundo término, Marx critica a Wagner por no distinguir entre valor y valor de cambio y hacer pasar por valor al “precio comercial”, o sea, al valor de cambio (véase p. 715).

Pues bien, esta segunda crítica explica por qué los pasajes (a) y (b) citados no están en contradicción lógica con lo que afirma en El Capital. La razón radica en que si no se distingue entre valor de cambio y valor (o sea, entre forma y contenido), el afirmar, como hace Wagner, que el valor de cambio se reduce a sustancia social común, equivale a identificarlo con el valor. Por lo cual es imposible “encontrar el valor detrás de la forma de manifestarse” (véase p. 723). Si por el contrario se distingue el valor de cambio del valor, la reducción a sustancia común significa pasar de la esfera de la forma al contenido; o sea, del valor de cambio al valor. Lo cual no es sinónimo de hacer desaparecer el valor de cambio en el valor, como ocurre en el razonamiento “a lo Wagner”. Por eso, la “reducción” que hace Marx no conlleva la equivocada idea de que el valor de cambio es el valor. Por eso también Marx dice que sería “curioso” que luego de haber tratado la forma del valor “por extenso y en un apartado especial”, la redujera a simple “sustancia social común”, o sea, al trabajo.

Agreguemos que esta cuestión está en el centro de la crítica de Marx, no solo a Wagner, sino también a la teoría del valor trabajo de Ricardo, y por consiguiente, a su teoría monetaria. Marx insiste una y otra vez que el valor de cambio es la manera de manifestarse del valor, y que por eso hay que operar la reducción a sustancia común de los valores de cambio. Pero esa reducción no disuelve a la forma en la “sustancia común”. Por eso también Marx sostuvo que el valor de cambio no puede reflejar, de manera inequívoca y exhaustiva, los cambios en las magnitudes de valor (véase, p. 67, t. 1, El Capital). Y en el mismo sentido criticó la idea de que el dinero pudiera expresar, de manera directa, el contenido del valor, el tiempo de trabajo social (véase, por ejemplo, su crítica a John Gray en Contribución a la crítica de la Economía Política).

Es claro entonces que no hay contradicción entre la crítica de Marx a Wagner y su afirmación de que es preciso reducir los valores de cambio de las mercancías a algo que les sea común.

Rechazo de la teoría del valor trabajo de Marx

Digamos por último que Hayes Martínez, en esencia, apunta contra la teoría del valor trabajo. Por eso en “Teoría del valor y dialéctica”, escribe: “No es el trabajo el que le da valor a las cosas, sino las cosas, las que adquieren un reconocimiento social (valor), y con esto, por transitividad, se valida la actividad creadora, el trabajo” (La Trinchera, 2/02/2018, http://www.desdetutrinchera.com/2018/02/teoria-del-valor-dialectica/).

En otro escrito, “¿Quién crea el valor?”, publicado en Rebelión  (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=241145), leemos:

“¿Habrá alguna racionalidad que al decir que con más máquinas se crea menos valor? Por supuesto que sí, pero no precisamente haya menos “trabajo materializado”. Recordando lo que es el valor (lo que he expuesto), tiene toda la lógica del mundo que al intervenir máquinas que faciliten la producción, los hombres de una sociedad, le den un menor reconocimiento (figurado en un precio) al producto resultante. Sin duda alguna hay una reducción del valor, pero no por las máquinas per se, sino por el efecto en el subconsciente colectivo (cosa objetiva) y la nueva percepción respecto a los resultados del trabajo, a partir de los cambios en su producción”.

Pero cualquiera con un mínimo de conocimiento sabe que, según Marx, el valor del producto de una sociedad capitalista “no es más que trabajo social objetivado”. No hay manera de hacerle decir a Marx que el valor tiene como fuente “las percepciones sociales” y no el trabajo humano. No hay interpretación de las “Glosas” que pueda fundar semejante pretensión en la obra del autor de El Capital.

Por otra parte, cualquiera con un mínimo de conocimiento también sabe que, según Marx, la máquina no crea valor (véase, por ejemplo, p. 471, t. 1, El Capital); y que si la introducción de la máquina permite disminuir el tiempo de trabajo necesario para la producción de X, el valor de X disminuirá, al margen del efecto que pueda tener esa disminución “en el subconsciente colectivo”.

En definitiva, y en el mismo sentido en que terminaba la primera parte de la nota, repito: si se ha abrazado la teoría subjetiva del valor, lo más sano es decirlo abiertamente y no andar disimulando el asunto con charlatanería acerca de la “interpretación dialéctica de Marx”.

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Teoría del valor, respuesta a crítica desde Cuba (2)

Written by rolandoastarita

02/06/2018 a 17:55

Publicado en Economía

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5 comentarios

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  1. Como es sabido, el capitalismo consiste en la explotación del trabajo asalariado. El valor de la fuerza de trabajo depende de la época o lugar en que su precio-el salario- es pagado. El precio de la mercancía no es el precio de producción. Como diría Horacio Ciafardini: “Ni cosa en sí, ni valor absoluto. Sí, en cambio, una sustancia común sin la cual la mercancía es ininteligible- cuya magnitud no puede determinarse sino en la concurrencia y cuya construcción teórica incluye los precios de producción”

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    Sergio Salvatore

    02/06/2018 at 23:05

  2. Reivindicar la explotación capitalista en nombre del socialismo requiere una fundamentación teórica (por pobre que sea) que consiste en revisar/reconstruir las teorías marxistas, en particular la teoría del valor. Es lo que hace el cubano Hayes Martínez (a quien Rolando Astarita refuta certeramente) y también el mexicano Jorge Veraza, quien fue invitado recientemente al coloquio sobre Marx celebrado en Venezuela.
    Sobre las ideas de Veraza escribí en 2012 un comentario en una nota cuya parte pertinente reproduzco a continuación.

    ..Sobre el método escribe Veraza : La elevación de lo abstracto a lo concreto constituye el único camino científico, y fue el que Marx siguió en El capital; así que la “dialéctica de lo abstracto a lo concreto” integra la estructura del concepto de capital. Sin embargo Marx no sigue exactamente el procedimiento de la economía política. En sus “Glosas marginales al Tratado de economía política de Adolf Wagner” (1874) dice que él no parte en su exposición del concepto de valor, mera abstracción teórica, sino de la mercancía o mejor aún –para distinguirla de los meros conceptos– de la forma mercancía, una forma social concreta dada, dice, a la vez en la realidad y en el pensamiento; ni más ni menos que una abstracción práctica. Por donde en el capítulo primero de El capital ya pisamos terreno concreto –y de hecho a lo largo de todos los capítulos de ésta obra– sin tener que esperar a llegar hasta el tomo III para hacerlo como algunos autores piensan. Pisamos el terreno concreto de la forma mercancía, aunque ésta no sea sino un momento abstracto del capital [mío el subrayado]; cuya concreción es arduamente construida a lo largo de los tres tomos y lograda al final del tomo III, aunque en cada capítulo y sección Marx observa nuevas formas económicas que le confieren concreción a su exposición teórica rigurosa y permanentemente crítica de la empirie fetichista capitalista. De todas maneras el logro al final del tomo III es la refiguración teórica del capital social nacional, él mismo momento abstracto del capital social mundial que se configura como mercado mundial ».

    Aquí Veraza incursiona en el método de Marx pero al citarlo (de manera incompleta) comete un error garrafal: se saltea la etapa de la percepción de lo real y parte directamente de la abstracción. Dicho de otra manera despoja al método de Marx de su base materialista. Lo curioso es que en la nota 22 menciona a Ilienkov, cuya explicación de la dialéctica de lo abstracto y lo concreto en el método de Marx es sumamente clara. (Edval Ilienkov (Dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx. En: Problemas actuales de la dialéctica, Comunicación 9. Varios autores, Alberto Corazón editor, España 1971. Otra edición: EDITHOR, Quito, Ecuador, 2007).
    Marx escribió en la Introducción a la crítica de la economía política, 1857, Cap. III, El método, que Veraza cita muy parcialmente: “Lo concreto es concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones y, por lo tanto, unidad de la diversidad. Aparece en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida real y, en consecuencia, también el punto de partida de la intuición inmediata y de la representación. El primer paso ha reducido la plenitud de la representación a una determinación abstracta (mío el subrayado); con el segundo las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del pensamiento. Por ello Hegel cayó en la ilusión de concebir lo real como resultado del pensamiento, que se concentra en sí mismo, en tanto que el método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto no es para el pensamiento, otra cosa que apropiarse de lo concreto (mío el subrayado), de reproducirlo en forma de concreto pensado” .

    No es extraño entonces que Veraza escriba más adelante: “Para la investigación de la estructura lógica (dialéctica) del concepto de capital el lugar estratégico –además de, por supuesto, observar la arquitectura de El capital– no es el célebre parágrafo 3 sobre “El método de la economía política” de la Introducción de 1857 (mío el subrayado) sino su parágrafo 2 “La Relación General de la Producción con la Distribución, el Cambio y el Consumo” puesto que estas relaciones constituyen la estructura económica de la sociedad, misma que el capital debe dominar y en acuerdo a ella estructurarse. Y bien, las relaciones entre la producción y el consumo (así como del resto de instancias) son tres y Marx sigue aquí la Lógica de Hegel (mío el subrayado) : la inmediata, la mediata y la relación absoluta o, también llamada relación inmediata/mediata porque constituye la síntesis de las dos anteriores ».
    Aquí Veraza le enmienda la plana a Marx, que cuando quiso hablar de su método escribió el párrafo 3 « El método de la economía política ». Pero Veraza dice que Marx « sigue la lógica de Hegel » y que su método hay que buscarlo en el parágrafo 2.
    Pero, sobre todo, El Capital mismo es la aplicación en la práctica del método del materialismo dialéctico e histórico, como lo explica muy bien Ilienkov (págs. 46 a 50) quien escribe en esta última página : « Por eso precisamente Lenin indicaba que para elaborar la « Gran Lógica » del marxismo hizo falta mirar, sobre todo, El Capital, y que el « procedimiento de exposición » empleado por Marx en El Capital , debe servir de ejemplo de aprensión dialéctica de la realidad por el pensamiento, así como del estudio y de la elaboración de la dialéctica en general ».
    De ninguna manera, como pretende Veraza, Marx siguió la Lógica de Hegel quien, como dijo el mismo Marx, se « ocupaba de las cosas de la lógica y no de la lógica de las cosas ».

    En otros textos de Veraza con el título común de Del reencuentro de Marx con América Latina en la época de la degradación civilizatoria mundial. La subsunción real del consumo bajo el capital, la historia del desarrollo capitalista y la reconstrucción del marxismo hoy (antología de la obra de Jorge Veraza).

    Con el modesto objetivo de « reconstuir el marxismo », (en el que están empeñados no pocos intelectuales de « izquierda” como Negri, Hardt, Holloway…) Veraza escribe muchas cosas en centenares de páginas que obviamente no comentaré. Sólo quiero mencionar que en su obra declara perimido hace tiempo el trabajo de Lenin « El imperialismo fase superior del capitalismo »…

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    Alejandro

    03/06/2018 at 08:44

    • En cuanto al desarrollo desigual, se intercambian iguales cantidades de valor, sólo que en los países dependientes es más ” intensivo”, y en los países imperialistas es más “productivo.Con referencia a la “cantidad de trabajo socialmente necesario”no queda determinado por los precios de producción porque no contempla la concurrencia entre los capitales.Como diría Horacio Ciafarrdini.”nI cosa en sí, no valor absoluto. Sí, en cambio, una sustancia social común sin la cual la mercancía es ininteligible -y sin embargo existe-m cuya magnitud no puede determinarse sino en la concurrencia y cuya construcción teórica incluye la teoría de los pecios de producción

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      Sergio Salvatore

      11/06/2018 at 16:41

  3. Ampliando mi comentario anterior, me refiero ahora específicamente a las ideas de Jorge Veraza sobre la teoría del valor.

    “Vuelvo a la frase, un tanto enigmática, en el artículo de mi interlocutor, visiblemente inspirado en Veraza « … el proceso de valorización del valor el proceso de trabajo, en el valor a todos los valores de uso ».

    Le pedí a mi interlocutor que me aclarara el sentido de la frase. Me escribió :
    « Lo que se subordina es el proceso de trabajo bajo el proceso de valorización del valor (capítulo V de El Capital) y ello implica que las necesidades humanas (necesidades concretas que se satisfacen con la producción de valores de uso) quedan subsumidas bajo las necesidades del capital (necesidades abstractas que se satisfacen con la producción de plusvalor). La distinción entre necesidades abstractas y necesidades concretas hay que pensarla desde la distinción entre trabajo concreto (productor de valores de uso) y trabajo abstracto (productor de valor) ». Y me remitió a algunos trabajos de Jorge Veraza, entre ellos a uno titulado « La dialéctica del capital en la Crítica de la Economía Política y en la Historia del desarrollo capitalista ».

    Marx se refiere a estos temas (valor de uso, valor de cambio y valor) en El Capital, Tomo I, Capítulos I y V.
    En el Capítulo I del Tomo I (El Capital, Libro primero, Sección primera, Capitulo I, La mercancía, 1. Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia del valor, magnitud del valor) Marx dice que sus explicaciones sobre el valor “…se vuelven aun más inteligibles si nos remitimos al gran investigador que analizó por vez primera la forma de valor, como tantas otras formas del pensar, de la sociedad y de la naturaleza. Nos referimos a Aristóteles. Por de pronto, Aristóteles enuncia con claridad que la forma dineraria de la mercancía no es más que la figura ulteriormente desarrollada de la forma simple del valor, esto es, de la expresión que adopta el valor de una mercancía en otra mercancía cualquiera. Dice, en efecto:
    “5 lechos = una casa”
    “no difiere” de
    “5 lechos = tanto o cuanto dinero”
    Aristóteles advierte además que la relación de valor en la que se encierra esta expresión de valor, implica a su vez el hecho de que la casa se equipare cualitativamente al lecho, y que sin tal igualdad de esencias no se podría establecer una relación recíproca, como magnitudes conmensurables, entre esas cosas que para nuestros sentidos son diferentes. “El intercambio”, dice, “no podría darse sin la igualdad, la igualdad, a su vez, sin la conmensurabilidad” (texto en griego). Pero aquí se detiene perplejo, y desiste de seguir analizando la forma del valor. “En verdad es imposible” “que cosas tan heterogéneas sean conmensurables”, esto es, cualitativamente iguales. Esta igualación no puede ser sino algo extraño a la verdadera naturaleza de las cosas, y por consiguiente un mero “arbitrio para satisfacer la necesidad práctica”. El propio Aristóteles nos dice, pues, por falta de qué se malogra su análisis ulterior: por carecer del concepto de valor. ¿Qué es lo igual, es decir, cuál es la sustancia común que la casa representa para el lecho, en la expresión del valor de éste? Algo así “en verdad no puede existir”, afirma Aristóteles. ¿Por qué? Contrapuesta al lecho, la casa representa un algo igual, en la medida en que esto representa en ambos –casa y lecho– algo que es efectivamente igual. Y eso es el trabajo humano. Pero que bajo la forma de los valores mercantiles todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, era un resultado que no podía alcanzar Aristóteles partiendo de la forma misma del valor, porque la sociedad griega se fundaba en el trabajo esclavo y por consiguiente su base natural era la desigualdad de los hombres y de sus fuerzas de trabajo. El secreto de la expresión de valor, la igualdad y la validez igual de todos los trabajos por ser trabajo humano en general, y en la medida en que lo son, sólo podía ser descifrado cuando el concepto de la igualdad humana poseyera ya la firmeza de un prejuicio popular. Mas esto sólo es posible en una sociedad donde la forma de mercancía es la forma general que adopta el producto del trabajo, y donde, por consiguiente, la relación entre unos y otros hombres como poseedores de mercancías se ha convertido, asimismo, en la relación social dominante. El genio de Aristóteles brilla precisamente por descubrir en la expresión del valor de las mercancías una relación de igualdad. Sólo la limitación histórica de la sociedad en que vivía le impidió averiguar en qué consistía, “en verdad”, esa relación de igualdad”.

    El Capítulo V, Proceso de trabajo y proceso de valorización, del Tomo I de El Capital comienza con la frase siguiente :
    « El uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar a su vendedor. Con ello éste último llega a ser “actu” [efectivamente] lo que antes era sólo potentia [potencialmente]: fuerza de trabajo que se pone en movimiento a sí misma, obrero. Para representar su trabajo en mercancías, debe ante todo representarlo en valores de uso, en cosas que sirvan para la satisfacción de las necesidades de cualquier índole. El capitalista, pues, hace que el obrero produzca un valor de uso especial, un artículo determinado. La producción de valores de uso, o bienes, no modifica su naturaleza general por el hecho de efectuarse para el capitalista y bajo su fiscalización. De ahí que en un comienzo debamos investigar el proceso de trabajo prescindiendo de forma social determinada que asuma ».
    La teoría del valor de Marx ha dado y sigue dando lugar a estudios y debates sobre diferentes aspectos de la misma, por ejemplo la conversión del valor en precios, etc.
    Pero el objeto de este comentario no es la teoría del valor de Marx, sino el artículo de mi interlocutor. De modo que me limitaré a comentar la frase aclaratoria que me envió y también me referiré brevemente al artículo de Veraza citado por él , que manifiestamente lo ha inspirado.
    Mi interlocutor en su nota aclaratoria escribe :
    « Lo que se subordina es el proceso de trabajo bajo el proceso de valorización del valor (capítulo V de El Capital) »…
    Es en el proceso real de la producción capitalista que se valoriza el capital (no el valor) con la plusvalía que se le extrae al trabajador durante su trabajo concreto. Hay nuevamente en este segmento de frase una especie de vuelta a Hegel consistente en subordinar el proceso real de la producción capitalista y la apropiación en dicho proceso por el capitalista del valor excedente (plusvalía).
    Sigue mi interlocutor : « …y ello implica que las necesidades humanas (necesidades concretas que se satisfacen con la producción de valores de uso) quedan subsumidas bajo las necesidades del capital (necesidades abstractas que se satisfacen con la producción de plusvalor) ».

    Las necesidades humanas y su satisfacción están en la base de la vida humana individual y social en todas las épocas y sistemas y están condicionadas por el sistema social imperante, pero no subsumidas (subordinadas) a la necesidad capitalista de producir plusvalía. Es más complicado que eso: por un lado el capitalista necesita que se reproduzca la fuerza de trabajo y por lo tanto debe satisfacer las necesidades vitales, así sean mínimas, del trabajador. Por otro lado el capitalista necesita vender continuamente nuevos productos y para ello CREA « necesidades » poniendo periódicamente en el mercado, por ejemplo, nuevos teléfonos portátiles y sus derivados.
    Escribe Marx en el Capítulo I : La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema. Tampoco se trata aquí de cómo esa cosa satisface la necesidad humana: de si lo hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, como objeto de disfrute, o a través de un rodeo, como medio de producción”.

    En el último fragmento del párrafo citado mi interlocutor escribe : « …las necesidades del capital (necesidades abstractas que se satisfacen con la producción de plusvalor ». Y prosigue : « La distinción entre necesidades abstractas y necesidades concretas hay que pensarla desde la distinción entre trabajo concreto (productor de valores de uso) y trabajo abstracto (productor de valor) ».

    La producción (mejor dicho creación) de valor no satisface ninguna necesidad abstracta del capitalista sino una necesidad bien concreta: acumular riquezas que responde a la ley objetiva del sistema capitalista de la reproducción ampliada. Que suele estar acompañada por una pulsión subjetiva: el afán de enriquecerse.
    El trabajo abstracto, o trabajo en general, no crea valor, es la medida del valor. El valor es creado en el proceso de producción por el trabajo concreto, manual o intelectual.

    Toda cosa útil, explica Marx en el Capítulo I, lo es por sus cualidades, que hacen de ella un valor de uso para una finalidad determinada. Pero como mercancía destinada a ser vendida presenta otro aspecto: su valor de cambio y surge el problema de cómo se mide ese valor de cambio, lo que requiere encontrar el denominador común de todos los valores de uso (objetos, servicios) que se intercambian –se venden- como mercancías.
    Ese denominador común de todas las mercancías no es otro que ser el resultado del trabajo humano, que se puede definir como el gasto en energía física, en tensión nerviosa y la aplicación por parte del trabajador (manual o intelectual) de su destreza y conocimientos (y a veces también de su inventiva) en el acto de la producción.

    De modo que el denominador común de todas las mercancías que sirve para establecer su valor de cambio es el trabajo humano, que produce valores de uso.

    “En la relación misma de intercambio entre las mercancías, -escribe Marx- su valor de cambio se nos puso de manifiesto como algo por entero independiente de sus valores de uso. Si luego se hace efectivamente abstracción del valor de uso que tienen los productos del trabajo, se obtiene su valor, tal como acaba de señalarse. Ese algo común que se manifiesta en la relación de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías es, pues, su valor. El desenvolvimiento de la investigación volverá a conducirnos al valor de cambio como modo de expresión o forma de manifestación necesaria del valor, al que por de pronto, sin embargo, se ha de considerar independientemente de esa forma.
    Un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo humano abstracto. ¿Cómo medir, entonces, la magnitud de su valor? Por la cantidad de “sustancia generadora de valor” –por la cantidad de trabajo– contenida en ese valor de uso. La cantidad de trabajo misma se mide por su duración, y el tiempo de trabajo, a su vez, reconoce su patrón de medida en determinadas fracciones temporales, tales como hora, día, etcétera.
    Podría parecer que si el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más perezoso o torpe fuera un hombre tanto más valiosa sería su mercancía, porque aquél necesitaría tanto más tiempo para fabricarla. Sin embargo, el trabajo que genera la sustancia de los valores es trabajo humano indiferenciado, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. El conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad, representado en los valores del mundo de las mercancías, hace las veces aquí de una y la misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de innumerables fuerzas de trabajo individuales. Cada una de esas fuerzas de trabajo individuales es la misma fuerza de trabajo humana que las demás, en cuanto posee el carácter de fuerza de trabajo social media y opera como tal fuerza de trabajo social media, es decir, en cuanto, en la producción de una mercancía, sólo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo”.

    No creo que se les pueda decir a los obreros industriales, a los mineros o a las obreras que trabajan en las maquilas ni tampoco a los informáticos o a las enfermeras desbordadas por la falta de recursos humanos y materiales en el hospital, que gastan su energía física y mental y sufren stress y enfermedades profesionales producidas por contacto con productos tóxicos, posturas forzadas, repetición del mismo movimiento durante toda la jornada, accidentes, etc., que sus trabajos -productores de valor- son abstractos.
    En el trabajo – concreto- de todos ellos, se consuma la explotación capitalista.

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    Alejandro

    04/06/2018 at 06:43

    • No conocía a este autor, Jorge Veraza. Muchas gracias por las referencias, cuando tenga un poco de tiempo voy a leerlo. De todas maneras, introduzco una observación. Se refiere al pasaje que dice: “las necesidades humanas (necesidades concretas que se satisfacen con la producción de valores de uso) quedan subsumidas bajo las necesidades del capital (necesidades abstractas que se satisfacen con la producción de plusvalor)”.

      Así expresado, esto es incorrecto. Las necesidades humanas “concretas” en la sociedad capitalista no se satisfacen simplemente mediante la producción de valores de uso. Esta es una abstracción que pasa por alto la forma social bajo la cual se satisfacen las necesidades en la sociedad capitalista. Y esta forma social determina que, en la sociedad actual, antes de realizarse como valor de uso, el producto debe realizarse como valor.

      El pan, por ejemplo, satisface una necesidad humana, pero para realizarse como valor de uso antes debe realizarse como valor. Por supuesto, e inversamente, para realizarse como valor, antes tiene que acreditarse como valor de uso. Pero si se pasa por alto que antes de satisfacer, como valor de uso, una necesidad humana, el pan debe realizarse como valor, se pasa por alto la característica esencial de la producción de mercancías. Incluso, en el extremo, se llega a los planteos utópicos del socialismo burgués, del tipo “los bienes que satisfacen necesidades humanas no deben ser mercancías”. Es una tontería, en tanto subsista la sociedad basada en la propiedad privada del capital.

      Por otra parte, es claro que lo que decimos con respecto al pan se aplica a los medios de producción, o a los bienes de lujo. La harina (insumo bajo la forma de capital constante en la producción del pan) debe realizarse como valor antes de que pueda realizarse como valor de uso. Lo mismo se puede decir del horno con el que se cocina el pan; o del yate de lujo que compra el capitalista. En otros términos, para el capitalista la mercancía pan solo cuenta como portadora de valor de cambio, a igual que las mercancías harina, horno, o yate de lujo. En este respecto no tiene ningún status especial que la distinga del resto de sus hermanas. Esto es, las “necesidades humanas concretas”, sean del tipo que sean, en la sociedad capitalista se satisfacen con el consumo de valores de uso (personal o productivo) solo a condición de que previamente las mercancías se hayan realizado como valores. Esto es válido para todas las mercancías. Los bienes que integran la canasta salarial, por más imprescindibles que sean, no son excepción.

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      rolandoastarita

      04/06/2018 at 09:39


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